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Muertos de risa

ANTONIO WEINRICHTEREn España se introdujo de forma intensiva y quizá desafortunada, por lo que muchos la vimos como algo foráneo (con permiso de Tip y Coll, Chiquito, Buenafuente, Faemino y Cansado

Actualizado 04/09/2009 - 03:52:08
En España se introdujo de forma intensiva y quizá desafortunada, por lo que muchos la vimos como algo foráneo (con permiso de Tip y Coll, Chiquito, Buenafuente, Faemino y Cansado, etc.), pero en Estados Unidos la comedia «stand up» (el humorista solista en directo o en televisión) tiene una extensa tradición y un amplio olimpo estelar. Sólo como documento de dicha tradición vale la pena ver esta película que, sin embargo, no se reduce a una comedia entre bastidores.
Judd Apatow empezó en el circuito del humor improvisado pero pronto vio que tenía más talento como escritor y director: en ambas funciones (más la de productor) se ha convertido, es un secreto a voces, en el renovador del humor hollywoodiense.
Para «Hazme reír», su tercera realización, convoca a su viejo compinche Adam Sandler, en el papel de George Simmons, un comediante «stand up» que triunfa en Hollywood con comedias inanes: podría ser un argumento casi (auto)biográfico y parte de la fuerza de la película radica en que tanto Sandler como Apatow saben muy bien de lo que están hablando. Pero no hablan sólo de su peripecia vital sino que esbozan una pequeña ontología del humor. Primero, y aunque ya sea un tópico, un comediante no tiene por qué ser un gran tipo: un aplauso a Sandler por encarnar a un ídolo cansado y un tanto mezquino, que sólo conecta con la gente si media la distancia de un escenario. Segundo, el límite de este tipo de humor, tan escatológico y descarnado, se detiene en la frontera del dolor y la muerte: cuando descubre que es un enfermo terminal, Simmons deviene un cómico lúgubre y pesado, como le ocurrió a su ancestro Lenny Bruce (¿recuerdan la película «Lenny»?). Tercero, la película muestra diversos tipos de humoristas para contrastar el inefable hecho de que hay tipos con «Funny Bones» (tal era el título de una estupenda película de Peter Chelsom que se planteaba esta misma cuestión) y otros que no tienen gracia: Seth Rogen carga con esta cruz, junto con unos cuantos secundarios que redondean la impecable ecuación de Apatow, quien se toma dos horas y media para llegar a su conclusión sin hacerse pesado en el intento. Él sí que tiene duende.
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