Su velocidad era de un símbolo cada 20 segundos, tiempo en el que recorrían el mínimo de dos leguas que separaban cada torre. La antigua telegrafía óptica, equivalente al actual correo electrónico, pervivió pocos años hasta la llegada del morse, conocido como el «internet victoriano».
Aunque en España apenas llegó a funcionar una década, por nuestra geografía aún se alzan pequeños vestigios de este sistema de transmisión de mensajes cifrados. Especialmente en la Comunidad de Madrid, cuyo territorio se quiso unir con todas las capitales de provincia, ciudades de la costa y fronteras terrestres. Finalmente sólo Cádiz y Valencia terminarían conectadas por estos dispositivos desde Madrid, que ha legado para el patrimonio histórico una pequeña red de torres fortificadas.
Ahora, la Consejería de Cultura y Turismo, a través de la Dirección General de Patrimonio Histórico, está rehabilitando dos de estas singulares construcciones, convertidas hoy en curioso y desconocido testimonio de un obsoleto sistema de comunicación.
Seis torres intermedias
En total, en la región madrileña han sobrevivido al paso del tiempo seis torres intermedias situadas en Retiro, Torrelodones, Collado Mediano, Arganda del Rey, Perales de Tajuña y Aranjuez.
Comenzaremos este repaso por las dos que ha restaurado la Dirección General de Patrimonio Histórico: las situadas en Arganda del Rey y Collado Mediano. Ambas torres presentaban un avanzado estado de ruina que hacía peligrar su conservación y posterior supervivencia. Por ello, el plan de actuación ha consistido en la reconstrucción integral siguiendo fielmente el original.
En estos momentos ya ha concluido la restauración completa de la torreta de Arganda, una instalación situada al sureste del municipio que formaba parte de la línea de Valencia. Conocida como la torre del Campillo, el Ayuntamiento de la localidad solicitó en 1999 a la Comunidad de Madrid su declaración como Bien de Interés Cultural y ya figura en el Catálogo Regional de Patrimonio Arquitectónico desde 1997 como elemento de interés arquitectónico e hito paisajístico.
Es un pequeño y sencillo edificiode planta cuadrada, con muros realizados por pilastras de ladrillo de tejar. Los técnicos de la Dirección General, tras desmontar los elementos en peligro de desprendimiento, han reconstruido los forjados de madera, la escalera y la cubierta. También se han repuesto las carpinterías y la cubierta original -plana y accesible con parapeto de fábrica- y se han introducido diversos elementos para garantizar la seguridad y facilitar un uso público futuro.
Habitación para el torrero
Paralelamente a la torre de telegrafía óptica de Arganda del Rey se afrontó la restauración de la Torre de Monterredondo, en Collado Mediano, instalación que conserva mejor su estructura original. Situada en el Cerro de Monterredondo, es de planta cuadrada y tres plantas. Como el resto de estas estructuras, fue construida como una auténtica fortaleza de doce metros de altura con una habitación para el torrero.
A punto de concluir su restauración, además del desescombro y la reconstrucción de los forjados, se ha repuesto su cubierta original de plomo a cuatro aguas muy tendidas.
Estas son las primeras actuaciones que está llevando a cabo la Consejería de Cultura y Turismo para rehabilitar una parte del amplio legado histórico de la región. De esta forma, además de recuperar e inventariar las torretas que aún perduran, se ha diseñado un plan de actuación en dos fases. En la primera, ya concluida, se realizó un estudio histórico para identificar todas las torres de telegrafía óptica situadas en la Comunidad de Madrid. La segunda y actual fase, incluye las restauraciones de estas dos primeras torres con un presupuesto asignado de 660.347 euros.
Escuela de formación
Posteriormente se estudiará la continuación del plan con nuevas torres. Por ejemplo, la Torre de Navalapiedra (Torrelodones), que era la estación número 4 de la línea de Castilla. Está situada en un alto a un kilómetro del casco urbano de la población. Aunque en la actualidad está abandonada, parece ser que tras inaugurarse acogió también la primera escuela para la formación de los torreros. Ya más recientemente fue utilizada como vivienda, por lo que su aspecto no se asemeja demasiado a las tradicionales torres de telegrafía óptica. De hecho, nada queda de su azotea reforzada para acoger el aparato telegráfico.
De la línea de Valencia también se conservan los restos de la torre de Perales de Tajuña, llamada de Camada de Perales. Se encuentra sobre la carretera de Valencia y también presenta la típica planta cuadrada con tres pisos. Aunque fue una de las últimas que se levantó, ya en el año 1850, su estado de conservación es bastante deficiente, sin pisos intermedios ni cubierta superior.
En el casco urbano de Madrid se conserva una torre más, conocida como el «castillete», en el parque del Retiro. Su morfología es diferente a las anteriores -asemeja un castillo medieval- al cumplir las funciones de cabecera de línea. Fue destinada primero a escuela de telegrafía eléctrica y después pasó a manos del Instituto Nacional de Meteorología. Este organismo ha diseñado un plan para convertirlo en el futuro Museo de Meteorología, aunque las obras están sufriendo un gran retraso.
De torreta a casa agrícola
Finalmente, la torre del Murallón, en Aranjuez, es la última de la Comunidad de Madrid y la única conservada de esta línea de comunicaciones. También se conoce como Labina o Casa del Murallón. Al contrario que el resto de las torretas, sólo consta de dos pisos y fue reconvertida en casa agrícola, adosándole sendos cuerpos a sus lados. En la actualidad está abandonada.



