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«Yo, de verdad, quería vivir»

En 1988, Jan Grzewski, natural de Dzialdowo, un empleado de los ferrocarriles polacos, entró en coma profundo a consecuencia de un fortísimo golpe en la cabeza, cuando trataba de unir dos vagones. El

Actualizado 04/06/2007 - 03:13:34
En 1988, Jan Grzewski, natural de Dzialdowo, un empleado de los ferrocarriles polacos, entró en coma profundo a consecuencia de un fortísimo golpe en la cabeza, cuando trataba de unir dos vagones. El rotativo polaco «Gazeta Dzialdowska» ha dado la primicia de que el señor Grzewski ha recuperado la conciencia, habla y puede controlar su cuerpo, aunque tenga que ir en silla de ruedas (antes estaba en la cama). La mejoría, comentan sus allegados, es diaria.
Cuenta Gertruda Grzewska, la esposa de Jan Grzewski, a la misma «Gazeta Dzialdowska»: «Recorrimos un hospital detrás de otro. Estuvimos en Ciechanów, en Olsztyn, en Miedzylesie y en Varsovia. En todas partes se nos dijo que no viviría mucho tiempo, y que eso era lo mejor para él. No perdí la fe. Me ponía furiosa cada vez que alguien, en mi presencia, empezaba a sugerir que a personas como él habría que aplicarles la eutanasia, para que no sufrieran. Pero yo tenía fe. Creía que Jan sanaría».
Añade la señora Grzewska: «Después de tantos años tumbado y mirando al cielo por la ventana... ayer, en la iglesia, después de la misa, el obispo se nos acercó y bendijo a Jan. Y los conocidos vinieron, y le saludaron, y hablaron con él, después de tantos años. ¡Y pensar que los médicos vaticinaban que no sobreviviría ni un año!».
El protagonista de la historia, Jan Grzewski, ha hecho esta confidencia al citado periódico polaco: «Lo que afirmo ahora es lo peor. No podía moverme, pero era consciente de todo lo que pasaba a mi alrededor. Oía las conversaciones de los médicos, que comentaban que no sobreviviría. Y de verdad, de verdad, le digo que yo quería vivir».
Vistos los hechos, dos rápidos apuntes interpretativos. Uno: que la gran heroína de la historia es la señora Gertruda Grzewska. Sin la paciencia, el empeño, el cuidado y el afecto que ¡durante 19 años! ha derrochado, no hubiera sido posible esta recuperación.
En segundo lugar, cuando aparentemente no queda nada, siempre queda el cariño. ¡Grzewski quería vivir! Piénsese en la experiencia de los que ayudan a enfermos de alzheimer o a niños autistas, por poner dos casos paradigmáticos. Saben que ocurra lo que ocurra, esas personas perciben el amor (o el desamor) de los que tienen alrededor.
Grzewski entró en coma en la Polonia de Jaruzelski. Aún no ha visto mucho de los cambios enormes habidos, salvo que se «durmió» con 4 hijos y se ha despertado con 11 nietos. De momento, le ha llamado poderosamente la atención que las tiendas están llenas. Su asombro no extraña a los que hayan conocido Polonia antes y después de 1989, cuando cayó el comunismo.
POR JOSÉ GRAU
EPA
Jan Grzewski y su esposa, Gertruda, en su casa de Dzialdowo (Polonia)
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