
EFE Umberto Eco, con la ciudad de la Alhambra al fondo
El escritor italiano Umberto Eco llegó a Granada seguido de una estela de expectación, hasta el punto de que hubo que celebrar una rueda de prensa que no estaba en el guión original. Socarrón y sin atenerse demasiado a las preguntas que se le formulaban, el autor de «El nombre de la rosa» aprovechó para lanzar alguna andanada de autocrítica contra su país y, sobre todo, contra Silvio Berlusconi y quienes lo apoyan. «Italia es un país masoquista», dijo, antes de añadir que «lo que se dice allí no tiene ningún valor», pero se magnifica «cuando se dice en el extranjero». Y a modo de coartada, explicó que «los políticos italianos, cuando tienen algo importante que decir lo hacen en el extranjero».
El viejo profesor, un niño al lado de Ayala, aseguró que si Berlusconi vence en las elecciones del 13 de abril, como auguran las encuestas, «Italia tendrá lo que se merece». Feliz de venir «a un país laico» y satisfecho por la victoria de Zapatero, no quiso hablar del Papa, sin embargo, para evitar que los periódicos magnifiquen sus declaraciones, aunque «la memoria mediática es brevísima y las cosas más horribles se olvidan dos días después». Defendió, por otro lado, el derecho del Pontífice a decir «lo que quiera».
Lejos también de vislumbrar un futuro oscuro para el libro y reacio a entrar en ese trapo apocalíptico, se mostró encantado con «el triunfo de la galaxia Gutenberg», porque en las pantallas de los ordenadores hay también mucho texto. «Lo único malo», matizó, es que «hay que leer muy deprisa y eso es peligroso; puede causar conjuntivitis». Eco agregó que, como es su caso, la literatura tiene una ventaja añadida: «Te puede hacer rico». «Soy optimista», sentenció, «porque tengo una estupenda situación económica gracias a mis libros».
Escritor incansable, autor de medio centenar de obras y cientos de artículos y traducciones, Eco se negó a decir, pese a todo, qué escribe en la actualidad. De hecho, confesó que cuando contesta a esta pregunta se inventa las respuestas. «Suelo decir que escribo sobre la última noche de Napoleón, el cine colombiano o las amantes de algún personaje histórico», afirmó.
Lo que sí es cierto es que sus últimos libros publicados son «Historia de la fealdad», cuestión sobre la que disertará hoy con Jorge Lozano, y «Del árbol al laberinto», asunto tan complejo que le ha llevado 600 páginas. Al final, en el mismo tono bromista, hizo una súplica a los periodistas: «¿Les importaría dejar a un hombre de 76 años un poco de tiempo para que se preocupe de cuestiones como el sexo?».
De vuelta a la política, no se arrepintió de sus polémicas palabras sobre la necesidad de que se mueran unos cuantos políticos en su país para dar paso a una nueva generación. «Yo también lo haría», afirmó, «pero soy escritor y los escritores no deben morirse». Y no dejó pasar la ocasión de poner a Ayala como ejemplo.


