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Brown anuncia la retirada de mil soldados de Irak ante un posible adelanto electoral

EMILI J. BLASCO CORRESPONSALLONDRES. Gordon Brown está haciéndose con todas las cartas de la baraja posibles por si finalmente decide que haya partida electoral a comienzos de noviembre. No cabe más

Actualizado 03/10/2007 - 08:48:22
Gordon Brown está haciéndose con todas las cartas de la baraja posibles por si finalmente decide que haya partida electoral a comienzos de noviembre. No cabe más explicación que el fin electoral para la visita sorpresa que el «premier» británico hizo ayer a Irak, torpedeando la atención mediática que los conservadores esperaban para su congreso.
En su primer viaje a Irak como primer ministro, Brown anunció en Bagdad la retirada de mil soldados británicos antes de fin de año, con lo que las tropas del Reino Unido quedarán reducidas a 4.400 personas. También indicó que el traspaso del mando de la provincia de Basora, la última controlada por Londres, se producirá en el plazo de dos meses. Las tropas «pasarán de tener un papel de combate a otro de supervisión», según Brown.
En realidad, esto supone sólo un recorte de quinientos efectivos, pues ya estaba previsto que una cantidad similar regresara a Gran Bretaña cuando culminara el repliegue en curso y la tropas dejaran el centro de Basora para quedar destacadas junto al aeropuerto de esta ciudad. El traspaso del control de la provincia de Basora también había sido ya programado por el Gobierno de Tony Blair.
Aunque el paso no representa ningún punto y aparte en la estrategia respecto a Irak, Gordon Brown lo está presentando como el corte que necesita para distanciarse de los efectos electorales del problema de Irak.
Brown podría anunciar el próximo martes la convocatoria electoral para el 1 de noviembre. Para el lunes anterior está prevista su comparecencia ante el Parlamento para explicar el futuro de las tropas británicas en Irak. Ese marco ya le permitía comunicar un replieque de tropas, justo antes de una campaña electoral en la que quedaría mal realizar tal anuncio. Pero el «premier» no se ha conformado con el eco mediático que tendría esa comparecencia, y ayer viajó a Irak para robar la atención al congreso «tory».
La tabla de salvación
Éste representa para los conservadores de David Cameron la última gran oportunidad de revitalizar su perfil (varias encuestas les dan entre diez y once puntos por debajo de los laboristas), si es que las elecciones son en noviembre. Brown torpedeó ayer el impacto que había tenido el anuncio del día anterior por parte del responsable «tory» de Economía y Hacienda, George Osborne, de un recorte de impuestos: reducción del impuesto de sucesiones y eliminación de tasas en la compra de primera vivienda.
Con ello, los «tories» han vuelto a su receta clásica de prometer bajar los impuestos. Tras dos años evitando el compromiso, Cameron ha tenido que recurrir a esa tabla de salvación para ofrecer por fin un mensaje de peso y además garantiza la unidad interna, algo dañada por el nerviosismo de algunos dirigentes ante los modos del líder.
La promesa de impuestos más bajos era algo que venía reclamando con insistencia el ala más tradicional, pero a lo que se negaba el equipo de Cameron por no adquirir compromisos que tal vez no se puedan cumplir y, sobre todo, evitar la imagen de que los conservadores sólo saben centrarse en la economía y no en asuntos ecológicos o sociales.
La posibilidad de elecciones a comienzos de noviembre ha cogido con el pie cambiado a Cameron. Cuando éste llegó al liderazgo «tory» hace dos años, aplicó una estrategia de dilación. Consciente de que su contrincante no sería Tony Blair, deseó no quemar un anticipado programa y reservó la progresiva presentación de sus propuestas para cuando Brown ya llevara un tiempo de primer ministro: no iba a destapar sus cartas antes de que Brown hubiera mostrado las suyas.
Estilo o contenido
Durante dos años, Cameron se dedicó a los «intangibles» de la política, procurando con cuidadas apariciones transmitir la idea de viaje al centro, sumándose al ecologismo y distanciándose de la herencia de Thatcher. Fue acusado por los laboristas y por el ala derecha «tory» de vender imagen y no contenido, pero Cameron contó con el beneplácito de las encuestas mientras el primer ministro fue un Blair en declive.
La llegada de Brown antes de lo previsto (el recambio en Downing Street se estimaba inicialmente para 2008 ó 2009) y la posibilidad ya de elecciones (los observadores habían predicho al menos un par de años hasta la primera reválida electoral de Brown) han roto la estrategia de Cameron.
Curiosamente, Brown ha sabido trasladar la imagen de renovación, que se suponía que era el punto fuerte de Cameron. Vencido en ese pulso, el líder «tory» también parece perder en el otro: Brown es percibido como un dirigente sólido, mientras que Cameron ha quedado demasiado en florituras mediáticas, emulando las prácticas de Blair de las que la población ya comenzaba a estar de vuelta.
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