ALBERTO LARDIÉS, E. ESPECIAL
MANAGUA. «Ortega amenaza a Unión Fenosa». Así abría ayer su portada el diario nicaragüense «La Prensa» aludiencia al furibundo ataque que el presidente de Nicaragua, el sandinista Daniel Ortega, lanzó el día anterior contra la eléctrica española relativo a la negociación de su gobierno y la eléctrica sobre tarifas y distribución. Lo cierto es que aunque el Ejecutivo español se empeña en asegurar que las relaciones entre el gobierno de Nicaragua y los empresarios españoles son fluidas, las palabras de Ortega, que acusó a Fenosa de ir contra el libre mercado y sugirió que la distribución de la luz podría quedar en manos del Estado, han hecho reverdecer los fantasmas del viejo sandinismo.
En ese contexto, la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, que se reunió ayer con Ortega para firmar acuerdos bilaterales,suavizó las fricciones entre el gobierno de Nicaragua y Fenosa y anunció que las negociaciones avanzan y que el acuerdo entre ambos parece cercano, aunque reconoció que el asunto es «complejo».
Mientras, Ortega criticó a sus predecedores por haberse dedicado a la «privatización de todo», y defendió, como el día anterior, que Unión Fenosa se someta a un arbitraje para buscar una solución al problema. Además, volvió a la carga contra la eléctrica al afirmar que «nos ha vendido que era la salvadora de los problemas del Estado; si les va bien el negocio, magnífico, y si no, se lo tiene que subsidiar el Estado», dijo.



