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Hallan un neurotransmisor que actúa como «interruptor biológico» de la grasa

El vanidoso sueño de perfeccionar sin necesidad de cirugía la figura humana -quitando donde sobra y añadiendo donde falta- parece un poco más cerca de hacerse realidad a tenor de una investigación

Actualizado 03/07/2007 - 08:37:05
El vanidoso sueño de perfeccionar sin necesidad de cirugía la figura humana -quitando donde sobra y añadiendo donde falta- parece un poco más cerca de hacerse realidad a tenor de una investigación llevada a cabo por un equipo internacional de especialistas en obesidad. Según sus experimentos, con ayuda de ratones y monos, existe un «interruptor biológico» que ofrece la posibilidad de manipular a voluntad la presencia o ausencia de grasa en zonas anatómicamente estratégicas.
De acuerdo a sus conclusiones, publicadas en la edición electrónica de «Nature Medicine», este neurotransmisor es activado sobre todo por el estrés crónico. Una llave que ayudaría a explicar la paradoja de cómo hay personas que durante sus vacaciones, a pesar de los casi inevitables excesos veraniegos, pueden llegar a perder algo de peso al alejarse temporalmente de sus presiones y preocupaciones cotidianas.
Pese a la cautela obligada -hasta realizar las pruebas oportunas- sobre la seguridad y viabilidad de este posible tratamiento contra la obesidad, la directora del trabajo, Zofia Zukowska, de la Universidad de Georgetown, no ha dudado en utilizar el adjetivo «revolucionario» al hablar de la investigación realizada por científicos de Australia, Eslovenia y Estados Unidos. Hasta el punto de haber solicitado ya una patente y negociar con compañías farmacéuticas interesadas, barajando la posibilidad de iniciar estudios con seres humanos dentro de dos años.
Dieta de «comida basura»
Estos científicos han expuesto a ratones a situaciones de estrés crónico, como colocarles en agua fría durante una hora al día o enjaularlos con ejemplares agresivos. Además de administrarles una dieta normal y otra con altos niveles de grasa y azúcar, similares a los que se encuentran en la «comida basura» cada vez más consumida en países industrializados. Según ha explicado la profesora Zurkowska, «al tratar a los ratones de la forma en que los seres humanos son tratados, con la introducción de un estrés crónico del que no pueden escapar y una abundancia de comida, hemos reproducido lo que pasa en sociedades como la estadounidense».
Tras dos semanas de esta rutina de nervios y «junk food», los ratones sometidos a estrés y mala alimentación engordaron significativamente. Acumularon hasta el doble de grasa en sus panzas que los ratones sin estrés a los que se les administró la misma dieta hipercalórica. Según la doctora Zukowska, «esto nos dice que el problema se encuentra en la combinación del estrés y una dieta rica en grasas y azúcar».
Riesgos asociados
Además, los análisis realizados han demostrado que los ratones estresados y mal alimentados han desarrollado la peor de las gorduras,en torno al abdomen y repleta de hormonas y productos químicos que pueden promover enfermedades. En el plazo de tres meses, este grupo de animales pasó el listón de la obesidad con los problemas típicos de alta presión sanguínea, diabetes temprana y peligrosos niveles de colesterol.
Con todo, lo más interesante de este estudio internacional es que los análisis del tejido graso acumulado por estos ratones «humanizados» presentan elevadas concentraciones de una sustancia conocida como neuropéptido Y (NPY), un mensajero químico producido por el sistema nervioso -neurotransmisor-, y su receptor Y2R, vinculados al apetito y el almacenamiento de grasa. Investigaciones anteriores habían demostrado que los seres humanos con defectos en estos receptores son resistentes a la obesidad, mientras que los que presentan un exceso tienen tendencia al sobrepeso.
Inyecciones bloqueantes
Estos trabajos han logrado demostrar también que al inyectarse una sustancia bloqueante del neuropéptido NPY se evita que los ratones engorden, incluso aquellos estresados y sobrealimentados. Con la posibilidad de reducir depósitos de grasa entre un 40 y un 50 por ciento en cuestión de dos semanas. Lo que podría llegar a servir de alternativa a los actuales procedimientos quirúrgicos de liposucción.
A juicio de la profesora Zukowska, «creemos que hemos encontrado el mecanismo natural que los mamíferos utilizan para acumular grasa, y revertir ese proceso puede llegar a ser la cosa más natural».
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