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Premonición de Las Vegas

TEATRO«Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny»Música: Kurt Weill. Texto: Bertolt Brecht. Traducción: Feliu Formosa.D. escénica: Mario Gas. D. musical: Manuel Gas. Escenografía: Jean-Guy Lecat

Actualizado 03/07/2007 - 02:53:57
TEATRO
«Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny»
Música: Kurt Weill. Texto: Bertolt Brecht. Traducción: Feliu Formosa.
D. escénica: Mario Gas. D. musical: Manuel Gas. Escenografía: Jean-Guy Lecat. Vestuario: Antonio Belart. Iluminación: Javier Aguirresarobe y José Miguel López Sáez. Audiovisuales: Álvaro Luna. Intérpretes: T. Vallicrosa, P. Pomares, C. Romero, M. López, A. Comas, R. Pérez, X. Fernández, A. García y E. R. del Portal, entre otros. Lugar: Matadero Madrid, Naves del Español. Madrid.
JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN
Mahagonny sigue viva en el desierto de Nevada en lugar de en Alabama donde la situó Bertolt Brecht; se llama Las Vegas. Este enclave, antiguo territorio paiute y campo de misiones mormón, fue declarado ciudad en 1911; legalizó el juego en 1931, justo un año después de que Kurt Weill y Brecht estrenaran su ópera en Leizpig y quince antes de transformarse en un gran emporio por impulso de Bugsy Siegel, un gánster -mira por dónde- como la viuda Begbick, Fatty «El Apoderado» y Moisés de la Trinidad, el trío de prófugos de la justicia culpables de la creación de Mahagonny (¿por qué será que los secarrales actúan como imanes de los delirios urbanísticos?). Tanto en Las Vegas, gran parque temático de los extremos de nuestra civilización, como en el paraíso artificial de Brecht la falta de dinero es «el mayor de los crímenes que hay sobre la tierra», como proclaman los tres padres fundadores cuando condenan a muerte a Jim Mahoney, el leñador que cuestiona las reglas restrictivas de esa antiutopía y encima arropa con hilachas de romanticismo su amor mercenario por Jenny, una de las pupilas de Leokadja Begbick.
Don Bertoldo trabajó en el texto entre 1927 y 1929; primero fue una pequeña pieza en un acto y creció hasta convertirse en ópera mestiza con formidable partitura del gran Weill. El dramaturgo alemán volcó en ella ecos de su admiración por Charles Chaplin (de «La quimera del oro» parecen haberse escapado los personajes que llegan a Mahagonny desde Alaska para gastar los caudales acumulados durante años de duro trabajo), la presencia acuciante de la publicidad como anzuelo para el consumo sin pausa, una provocadora sátira de la moral capitalista, referencias a temas como el Apocalipsis, el destino y la utopía, y una alusión a un nuevo orden al que se alude tras la ejecución de Jim y en el que no es arriesgado adivinar efluvios del nazismo, rampante cuando el autor elaboraba su pieza con ayuda de la eficiente y entregada Elisabeth Hauptmann.
Mario Gas estrena las Naves del Español con un atractivo montaje de «Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny» en el que participan actores, cantantes y actores-cantantes, todos con micrófonos inalámbricos y situados en un territorio entre la ópera, el cabaret y el musical, zona de frontera entre lo culto y lo popular en machihembrado muy brechtiano. Es un trabajo de lógica fragmentaria con desarrollo teatral operístico, una voz de narrador en off (la de Santiago Ramos), discurso musical no lineal, escenas habladas... Un todo donde suena mejor la música de Weill que las palabras de Brecht, con momentos brillantes como la emblemática «Alabama Song» o la canción que Jenny interpreta cuando Jim es maniatado, por la que Mónica López recibió la gran ovación de la noche.
Se trata de un buen espectáculo que no arrebata, tal vez porque el híbrido genérico no termine de ajustar y haga que se resienta la fluidez dramática de lo que se narr a. En cualquier caso, cuenta con notables alicientes escénicos y muy buenas interpretaciones. Estupendo el vestuario de Antonio Belart y bonita la escenografía de Jean-Guy Lecat. La orquesta dirigida por Manuel Gas suena bien. Muy eficaces en lo interpretativo Teresa Vallicrosa, Pedro Pomares y Constantino Romero, en los roles de los gánsteres fundadores, y, en lo operístico, Antoni Comas, en el papel de Jim, y Ricardo Pérez y Abel García como dos de sus compinches. Y por encima de todos, una actriz de presencia espléndida y voz maravillosa, Mónica López, que borda una Jenny sobresaliente en su doble condición de mujer vulnerable y dura al tiempo.
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