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Sin fronteras El fandango holandés

Dicen que los tulipanes del viejo canal Singel andan mustios de envidia porque el Amstel lleva sin pudor y por todos los rincones de Amsterdam los amores del guitarrista Frans Nottrot por el fandango

Actualizado 03/06/2006 - 02:48:38
Dicen que los tulipanes del viejo canal Singel andan mustios de envidia porque el Amstel lleva sin pudor y por todos los rincones de Amsterdam los amores del guitarrista Frans Nottrot por el fandango de Alosno. «Pura pasión» que confiesa desde la capital holandesa este músico que acaba de regresar a su país después de participar en los festejos de las Cruces de Mayo por tierras onubenses. Un entusiasmo contagioso que desde hace veinte años va sembrando la planicie holandesa de fans. «Es algo magnífico, inimaginable cuando con 17 años decidí que quería estudiar guitarra flamenca después de escuchar una grabación. Fue todo un flechazo porque ni en mi familia ni entre mis amigos había tal afición. Eran los años ochenta y ciertamente mi caso era un caso raro. Luego, cuando por fin conocí Huelva, hace 15 años, y participé en una romería, me quedé prendado para siempre de la música alosnera», nos cuenta Nottrot chapurreando un español de película de pieles rojas -aunque ya quisiéramos muchos tener esta facilidad de verbo en neerlandés-, que parece imposible que este artista sea capaz de sentir como lo hace el significado de un fandango. O puestos a ello, unas sevillanas antiguas, con las que se arranca acompañado de su coro, para el que ha reclutado entre voluntarios amsterdameses, de edades comprendidas entre los 18 y los 50 años, un plantel de cerca de veinte artistas entre cantaoras, bailaoras y músicos. «A las mujeres holandesas -apostilla el padre de «Calle Real»- lo primero que las atrae es el baile y después la fascinación por la música».
Frans Nottrot recuerda como si fuera ayer -y ya han pasado 15 años- aquel primer viaje a Alosno, en donde los vecinos de este pequeño pueblo perteneciente al partido judicial de Valverde del Camino, situado a 43 kilómetros de la capital onubense, le recibieron con los brazos abiertos. «En el campo, junto a gente que iba vestida con los trajes típicos, y entre caballos, toqué mi guitarra acompañando en las sevillanas auténticas y los fandangos al entonces ya legendario guitarrista Juan Díaz». Luego, durante años guardó su descubrimiento como un tesoro «hasta que llegó el momento de sacarlo a la luz». Y así nació el primer coro flamenco de Holanda que fue bautizado como «Calle Real» .
La prueba de fuego
El conjunto está formado por nueve cantaoras y el acompañamiento musical corre a cargo de tres guitarras, un violín, un violonchelo y una flauta. El coro, además de cantar y bailar, toca las panderetas, las castañuelas, las palmas y se encarga junto al tambor y al udu, de la percusión. Que su música no desentona con la más añeja tradición del folclore onubense da fe el éxito cosechado en su primera actuación hace cinco años ante el pueblo de Alosno, que les tributó una gran ovación. «Con vítores recibieron los presentes sus canciones en boca de extranjeros», ha escrito Nottrot en la historia de su «Calle Real». Después, el artista cuenta cómo después de actuar «en una de las asociaciones flamencas más renombradas de España, la Peña Flamenca de la ciudad de Huelva, el público, que estaba formado por grandes conocedores de este arte, nos expresó su más sinceras felicitaciones».
A este holandés, según explica a S6, no le va esa tendencia tan extendida de fusionar flamenco y jazz y prefiere, sin duda, «el color clásico que imprimen a las canciones el violín, el violoncelo y la flauta, una incorporación que fue una auténtica sorpresa para los vecinos de Alosno, la primera vez que los escucharon. Además de algunos arreglos para incorporar estos instrumentos, y tratando de respetar siempre al máximo lo genuino, también he adaptado cantes del flamenco puro para coro», con lo que el resultado es variado y sorprendente.
Ver al rubio y espigado grupo de Nottrot por las calles de Alosno, que tan bien supo fundir en su vigorosa estructura del aluvión las viejas culturas mediterráneas -como apostillan los historiadores-, es todo un poema. Lo mismo que las coplas de sus fandangos, savia pura a la manera que los celebraba el épico cantaor Paco Toronjo: «Llegó con un niño y ya/ cansado a la Rábita llegó/. ¿Quién eres?, le preguntaron./ Yo soy Cristóbal Colón que/ traigo el mundo en mis manos». ¡Si sabrán de civilizaciones en estas tierras de Huelva! «Y además, qué demonios, -que dice un alosnero- «flamenco» no deja de ser un dialecto neerlandés».
POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: SEBASTIAAN WESTERWEEL
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