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Crisis de identidad en familia

Actualizado 03/06/2002 - 01:00:51
«Estaba en casa y esperé que llegara la lluvia». Autor: Jean-Luc Lagarce. Adaptación y dirección: Darío Facal. Intérpretes: Celia Castro, Rosario Magarzo, Ángeles Maeso, Vanesa Rasero, Itzíar Miranda. Sala Ensayo 100, Madrid.
Darío Facal es, aparte de dramaturgo y director, poeta, habiendo publicado títulos como «Fotografías dobladas» (2001). Y no deja de ser curioso que el texto que ha elegido en esta ocasión tenga un carácter tan marcadamente poético. «Estaba en casa y esperé que llegara la lluvia», del francés Jean-Luc Lagarce (1957-1995), es una obra de sensaciones, de intuiciones, de insinuaciones que el espectador puede y debe recoger, asociar y completar. Hay una historia, pero está difuminada, y tan pronto uno cree entender lo que ocurre como se ve en la necesidad de llevar su indagación por otros terrenos. Evidentemente, no estamos ante un texto idóneo para quienes precisan controlar el relato y recibir propuestas concretas y cerradas, pero aquellos que consideran que el teatro es un espacio adecuado para la sugerencia encontrarán en esta obra suficientes alicientes.
Cinco mujeres de una familia esperan el regreso del hijo menor que un día se marchó tras discutir con el padre. No se sabe por qué se fue ni por qué vuelve, ni si acaso ha regresado ya. No se sabe cuál fue la relación con cada una de ellas (madre, hermanas, criada o tal vez niñera), pero es obvio que su marcha las ha dejado en un estado latente, como si hubiesen perdido un referente personal de cada una. Lo que se pone en juego es una historia familiar en la que se adivina perversión e inocencia, amor incestuoso y pureza inmaculada, corrupción y esperanza. Facal ha incidido en lo ritual de este drama de atmósferas, y lo ha hecho con recursos escénicos que remiten a Pina Bausch. Las mujeres vestidas igual habitan un espacio vacío, y sólo manejan unos pocos elementos personales (un zapato, unas cerillas...) y las cinco sillas en las que se sientan a esperar mientras recitan sus monólogos con un acusado sentido del ritmo, haciendo que las palabras repiqueteen empapando el abismo de emociones. En algún sitio, un joven acaso crece en soledad o espera la muerte en un ámbito femenino y asfixiante, entre mujeres que han perdido su identidad mientras él ha ido en busca de una propia.
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