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«¡Son municipales, la puta escoria!»

POR M. J. Á. Y C. H.FOTO FRANCISCO SECOMADRID. Un insistente «tam-tam» retumba en el laberinto de calles que conforman Malasaña. Es el sonido de la «guerra». Es la banda sonora del inicio de la

Actualizado 03/05/2007 - 02:50:03
POR M. J. Á. Y C. H.
FOTO FRANCISCO SECO
MADRID. Un insistente «tam-tam» retumba en el laberinto de calles que conforman Malasaña. Es el sonido de la «guerra». Es la banda sonora del inicio de la segunda revuelta juvenil en el barrio en apenas 24 horas. Es lo que se esperaba.
«¡La culpa es de Botín! ¡El capitalismo!», corean unos «sharps» en la esquina de San Vicente Ferrer con Fuencarral. Una joven, con poca cara de haber leído un libro en su vida, y menos de Marx o Engels, empuña, con gesto desafiante, el lateral de una cuna de madera. Será su arma esta noche.
Cuando pase una hora y media, el panorama que ofrecerá esta zona del centro será lo más parecida a lo que queda de una ciudad fantasma. Los contenedores de basura de Fuencarral aparecen como fichas de un dominó destruido. Un saco con material de obra obstaculiza esta vía, las cabinas de teléfono aparecen arrancadas de cuajo.
Los Bomberos del Ayuntamiento han tenido que actuar en nueve ocasiones, entre ellas, por la quema de dos contenedores y otras tantas motos.
Hay una humeante pira, cada vez mayor, en la plaza de San Ildefonso, donde los vándalos posan ante las llamas mientras sus colegas le retratan con el móvil. No es la «Nit de Sant Joan». No había excusa alguna. Y, si el pretexto era el «botellón», todo seguía sin ser comprensible.
El rastro de la violencia es largo. Puede decirse que comienza en la glorieta de Bilbao y llega hasta la Puerta del Sol, donde aparecen contenedores volcados. La Red de San Luis también ha sido pasto de los alborotadores, así como la calle de la Montera desde principio a fin.
Chinos vendiendo cerveza
En la zona de Tribunal, una nube de humo desorienta a los jóvenes, que, lejos de echarse atrás, se envalentonan.
Y, cómo no, en toda gran concentración de personas hay un negocio. Por eso, vendedores ilegales chinos se afanan, pese a la enorme carga policial y las pelotas de goma, en vender latas de cerveza entre los chavales. Son los únicos, además de los jóvenes, que se negarán a abandonar el barrio en toda la noche, pese a la más que palpable violencia.
Cerca de allí, en la plaza de Barceló, un grupo de policías se emplea a fondo, muy a fondo, con unos jóvenes. Otros chavales les gritan: «¡Pero si son municipales, son la puta escoria!». Allí, los clientes que van llegando a la discoteca Pachá se mantienen muy cerca de la fachada de entrada. Miran atónitos el espectáculo que tienen ante sus ojos.
«-¿Dónde estáis?»
«-En la puerta de Pachá».
«-Pues venid hacia aquí, que hay movida». Es el diálogo entre dos chicas que viven, con evidente emoción, su participación en la algarada.
Con mayor tensión la están sufriendo los agentes, que, a ratos, se muestran un poco descontrolados: «¡Como nos entren por detrás, nos jodemos vivos!», grita uno de los agentes en la zona de la plaza del Dos de Mayo.
En la calle de la Palma arde un contenedor de basura. La humareda y las llamas van creciendo. Son los propios vecinos de la vía quienes, desde sus balcones, lanzan cubos de agua para sofocar las llamas.
En volandas
Conforme pasan los minutos y crece la tensión, la Policía va demostrando un mayor nerviosismo. Si empezaron dando golpes con las defensas en vallas y contenedores de basura para intimidar, acabaron dando verdaderas palizas a jóvenes, que tuvieron que ser sacados de la zona en volandas. Algunos se llevaban la mano al costado y necesitaban ayuda para caminar, del dolor de los golpes.
Los «antidisturbios» del Cuerpo Nacional de Policía, con la sangre más templada, inspiraban más severidad, pese a todo.
Fuentes municipales precisaron que, para la noche de ayer, estaba previsto un dispositivo preventivo en la zona de Malasaña, aunque no el cierre con vallas de la plaza del Dos de Mayo, como ocurrió en la madrugada de ayer.
El hecho de que hoy sea un día laborable era una de las razones para creer que los sucesos no se podrían reproducir, indicaron las fuentes consultadas.
Mientras, la pared dejaba su propio epitafio de la jornada en forma de burlesca pintada: «Mayo de 1808, echamos a los franceses. Mayo de 2007, echamos a la madera».
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