Carlos Bravo, psicólogo experto en atención a personas con enfermedad celiaca, señala el coste psicológico de convivir con la intolerancia al gluten: «Ser celíaco supone un cambio en el estilo de vida del paciente, que debe modificar sus hábitos alimentarios para adecuarse a la dieta estricta sin gluten de por vida. Para los padres implica también un esfuerzo adicional, porque tienen que adquirir conocimientos nuevos sobre alimentos y productos y proporcionar información al entorno -familia, amigos-, además de de asegurarse de que el niño se adapte a la nueva situación, manejando sus temores. Algunas situaciones sociales pueden hacer que el celiaco se sienta desplazado (cumpleaños en los que no puede comer la tarta,problemas en el comedor escolar, salidas con los amigos...). Además tiene que hacer un esfuerzo para no abandonar la dieta sin gluten de por vida, único tratamiento eficaz a día de hoy. Aunque esta adaptación no supone un cambio drástico, sí supone pequeños cambios en muchas áreas de su vida, y puede provocar síntomas ansiosos o depresivos, dificultades escolares, claudicaciones en el seguimiento de la dieta, etc. Además, está demostrada la relación entre la Enfermedad Celíaca no tratada y algunos trastornos psicológicos (depresiones resistentes a tratamiento, trastornos de conducta, etc), por lo que es conveniente realizar un seguimiento psicológico».