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Keith Andrews: «Es difícil salir del coma después de seis meses, pero no imposible»

Entre la esperanza y la realidad científica se debate el profesor Keith Andrews, director del Instituto Complex de Neurodiscapacidades y uno de los mayores expertos en el tratamiento del coma, el daño cerebral más profundo. Su objetivo es extender la estimulación sensorial para mejorar el estado de los enfermos en situación de mínima conciencia

Actualizado 03/01/2004 - 23:57:44
Síndrome Apálico, estado vegetativo permanente y coma son tres nombres diferentes que definen un mismo estado, aquél en el que el cerebro queda profundamente dañado. Los pacientes quedan sumidos en un profundo sueño en el que resulta difícil saber hasta qué punto son conscientes de sí mismos y de lo que les rodea. El profesor Andrews, un estudioso del coma, apuesta en esta entrevista por el tratamiento especializado para conocer su estado y establecer un pronóstico.
-¿Qué aportan al conocimiento del coma técnicas de imagen como la resonancia magnética o el escáner?
-Hasta ahora ha servido de apoyo, pero no nos ha permitido saber el grado de conciencia. Se está haciendo una investigación con resonancia magnética y estamos esperando con mucho interés los resultados. No nos dirá si se produce algún tipo de pensamiento, pero sí si hay cambios químicos a nivel cerebral. Aunque lo verdaderamente importante es si el paciente muestra alguna señal de consciencia. De lo contrario, no nos servirá de nada encontrar actividad cerebral en el escáner.
-A veces los pacientes muestran algunos síntomas de conciencia. Sonríen, hacen sonidos... ¿Estos signos confunden sólo a la familia o también a los propios médicos?
-Confunden tanto a familiares como a médicos, y esa es la razón por la que es sumamente importante contar con unidades especializadas. En nuestra unidad hemos realizado un estudio con cuarenta pacientes que llegaron con un diagnóstico de estado vegetativo. Habían permanecido seis meses en ese estado, un periodo en el que la recuperación espontánea está muy limitada, y durante el programa de rehabilitación descubrimos que el 43% de los pacientes estaba mal diagnosticado: eran personas conscientes.
-En el Reino Unido, usted dirige la única unidad especializada de este tipo. ¿Cómo se aborda el daño neurológico en el resto de Europa?
-En la mayoría de los países europeos se han percatado de la importancia decontar con unidades especializadas para, al menos, asegurarse de que el diagnóstico es el correcto. En España, lo que he podido detectar es una importante falta de apoyo.
-¿Existe algún límite de tiempo a partir del cual sea muy difícil pensar en la recuperación del enfermo?
-Por lo general, se admite que si el daño cerebral se ha debido a un traumatismo, por ejemplo por un accidente de tráfico, es poco probable que el enfermo se recupere pasados seis meses. Si el origen del coma es una falta de oxigenación cerebral o el consumo de drogas, el plazo se reduce a tres meses.
-Sin embargo, periódicamente se producen casos espectaculares de personas que se despiertan espontáneamente después de años de permanecer en coma.
-Es muy raro, pero no imposible. En muchos casos donde se ha producido un despertar tardío, la exploración detallada ha demostrado que el despertar se produjo antes de detectarlo.
-Estos casos ¿deben ser un aliciente para no tirar nunca la toalla?
-Es muy difícil establecer el equilibrio entre intentar ser realista y no perder la esperanza. A una familia le puede hacer más daño tener esperanza, si no hay recuperación después. Una persona puede quedarse en estado vegetativo durante décadas y la familia nunca llega a superar lo ocurrido. -¿Qué importancia tiene el soporte psicológico para las familias de los enfermos en coma?
-El daño cerebral afecta más a la familia que al enfermo. La familia suele pasar por varias fases: cuando se produce el accidente entran en estado de «shock», después viven la esperanza de que pueda haber una recuperación, más tarde entran en una fase de tristeza, cuando se percatan de que la situación no va a mejorar y, finalmente, se adaptan a la nueva situación, pero esto puede tardar mucho tiempo en llegar. Muchas familias pasan por momentos de cólera, depresión, ansiedad y en algunos casos de agresión. Ellos sienten que nadie les ayuda de verdad y por eso es tan necesario el soporte psicológico.
-Y por el paciente, ¿qué se puede hacer?
-Para estar seguros de que tengan la oportunidad de recuperarse se debe garantizar el buen estado del enfermo: tratar las infecciones, asegurarse de que la nutrición sea la correcta, vigilar sus posturas y no proporcionar sedantes. Una vez que tengamos al paciente en su mejor estado de salud, debemos asegurarnos de que el diagnóstico es el correcto, y eso significa hacer pruebas en términos científicos para ver cómo responde a las sensaciones. El siguiente paso es evitar la sobreestimulación; el cerebro no puede hacer frente a tanto estímulo a la vez.
-¿Cuál es la recuperación más asombrosa que ha vivido en su vida profesional?
-El caso más llamativo fue el de un paciente que durante cinco años estuvo en estado vegetativo. Y de repente despertó, pero con una minusvalía física y psíquica muy aguda, con lo cual cabría pensar si la recuperación fue realmente un éxito.
-Si la Medicina no puede predecir qué enfermos saldrán del coma, ¿cómo puede un tribunal decidir qué pacientes deben morir o vivir?
-El tribunal debe contestar a lo siguiente: ¿existe una posibilidad entre mil de que viva? ¿Vale la pena una posibilidad contra 999? Esa es la cuestión. Determinar si el mayor interés para el paciente es vivir o morir.
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