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El Rey reafirma en un acto castrense la «indisoluble unidad de la Nación española»

El Jefe del Estado recordó en la Academia Militar de Zaragoza que el Ejército es «garante de nuestra seguridad y convivencia en libertad»

Actualizado 02/10/2005 - 08:40:15

MANUEL TRILLO

ZARAGOZA. Su Majestad el Rey recordó ayer, con toda claridad y contundencia, «la indisoluble unidad de la Nación española» en la que se fundamenta la Constitución. Al día siguiente de la aprobación del proyecto de Estatuto catalán, Don Juan Carlos subrayó en un acto castrense que la Carta Magna asegura «un amplio marco de convivencia democrática, capaz de articular eficaz y solidariamente nuestra rica pluralidad y diversidad».

Vestido con el uniforme de Capitán General del Ejército de Tierra y acompañado por la Reina, Don Juan Carlos aprovechó la conmemoración de las bodas de oro de su promoción en la Academia General Militar de Zaragoza para recordar que la Constitución es «producto de la voluntad mayoritaria del pueblo español depositario de la soberanía nacional». En un discurso cargado de referencias a la vida castrense, también afirmó el Rey que ésta es «garante de nuestra seguridad y convivencia en libertad».

Poco después de renovar, junto al resto de sus compañeros de promoción, el juramento ante la bandera nacional, «con la misma firmeza e ilusión que hace cincuenta años», el Jefe del Estado manifestó: «Siempre me he guiado por el servicio a España y a todos los españoles en el marco de nuestra Monarquía parlamentaria, promoviendo el respeto a los valores y principios de nuestra Constitución, producto de la voluntad mayoritaria del pueblo español depositario de la soberanía nacional. Una Constitución asentada en el consenso y en la concordia, que se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española y que asegura un amplio marco de convivencia democrática, capaz de articular eficaz y solidariamente nuestra rica pluralidad y diversidad».

A este mensaje del Rey se suman las palabras pronunciadas la víspera por el Príncipe de Asturias, quien en una visita oficial al País Vasco destacó los logros aportados por la Constitución. Don Felipe afirmó en Bilbao que España «ha logrado el más largo periodo de convivencia democrática en libertad, de sostenido crecimiento económico y progreso social en el marco de la estabilidad tan preciada que proporciona la vigencia y el respeto a nuestro ordenamiento constitucional».

La jornada de ayer en Zaragoza estuvo cargada de simbolismo, primero durante una ofrenda floral de Su Majestad y sus compañeros de hace 50 años a la Virgen del Pilar y, después, en la ceremonia castrense celebrada en el patio de armas de la Academia, bautizado precisamente como plaza de España.

Para Don Juan Carlos, los años en Zaragoza sirvieron para «comprender la importancia singular de la vida castrense como uno de los pilares básicos de nuestra Nación, y garante de nuestra seguridad y convivencia en libertad». «En mi experiencia personal -dijo el Rey-, aquellos años me ayudaron a reafirmar los ideales que ya me había inculcado mi padre, centrados en el amor a España y el espíritu de servicio a todos los españoles» y que las Academias y él mismo han transmitido al Príncipe de Asturias.

Recuerdo a las víctimas

No terminó sin un «recuerdo emocionado a los que han sufrido el zarpazo del terrorismo, y a los que ya nos dejaron». Precisamente, en el patio de la Academia se encontraban familiares de dos víctimas que eran miembros de la promoción, Miguel Rodríguez Fuentes y Luis García Lozano. El discurso se cerró con el tradicional «¡Viva España!», coreado por los presentes.

Con el acto de ayer, el Rey cierra el ciclo de las bodas de oro de su ingreso en dos de las tres Academias militares donde se formó (AGM de Zaragoza, Escuela Naval de Marín y la Academia del Aire de San Javier). Don Juan Carlos juró bandera el 12 de diciembre de 1955 junto a otros 269 cadetes de la XIV promoción de la llamada tercera época de la Academia General Militar y en 1959 recogió el despacho de teniente.

La visita de los Reyes a Zaragoza comenzó en la emblemática plaza del Pilar, donde fueron recibidos por el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, y el resto de autoridades. Ya dentro de la basílica, tuvo lugar una pequeña ceremonia religiosa oficiada por el arzobispo, Manuel Ureña, en el camarín de la Virgen. Los Reyes, rodeados de numeroso público, se postraron ante la imagen de la patrona de la Hispanidad y besaron su manto, en esta ocasión el que la XIV promoción de la AGM donó en la celebración de su 40 aniversario. Uno de los antiguos compañeros de Don Juan Carlos, Graciano Martín García, rememoró el momento en que iban a «aprender a servir a España».

Ya en el patio de armas de la Academia General Militar, el número uno de la XIV promoción, el teniente general Gonzalo Rodríguez de Austria, puso de manifiesto que «las promociones pasan, el Ejército permanece, como permanecerá España».
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