«Faisán» es mafia en estado puro y, por tanto, todo lo que le rodea huele a podrido. Durante veinte años en este cutre bar de Irún-Behovia, en la frontera de España y Francia, se ha gestionado el cobro del «impuesto revolucionario» que, exigido a empresarios vascos y navarros, ha alimentado las arcas de ETA, incluso hasta después de la declaración de alto el fuego. Pero no es la única vía de financiación de los terroristas. También a través de otras, aún no descubiertas, los criminales se han hecho con botines que durante años «han invertido» en su maquinaria para matar. Basta recordar los asesinatos de los niños Fabio Moreno, de 2 años, y Silvia Martínez, de 6; el de Miguel Ángel Blanco, el secuestro del funcionario de prisiones Ortega Lara -532 días enterrado en vida en un zulo- o el plan para matar al Rey en el puerto de Palma de Mallorca con un rifle de mira telescópica.
El bar era uno de los centros de operaciones de la mafia etarra y su dueño, Joseba Imanol Elosúa Urbieta, el presunto capo. Detenido el pasado día 20 junto a otros once presuntos miembros de esta red de extorsión, la Policía investiga ahora sus cuentas bancarias para despejar, entre otras incógnitas, si se quedó con parte del dinero que cobraba a los empresarios extorsionados o si, incluso, enviaba a iniciativa propia cartas que, aún siendo verdaderas, fueron dirigidas a objetivos «no seleccionados» por la banda.
Los investigadores disponen de informaciones que indican que en más de una ocasión fue «llamado a capítulo» por el «aparato de extorsión», dirigido por el también detenido Ángel Iturbe Abásolo, debido a que las cuentas «no cuadraban». No obstante, y pese a las sospechas, no fue «retirado» de esta labor por razones aún desconocidas, pero que debieron ser «muy poderosas».
Y tuvo que ser así, ya que ETA no se anda con contemplaciones en asuntos de dinero. Así, se recuerda el caso del empresario de Tolosa Patxi Arratibel, al que los criminales etarras asesinaron en los carnavales de 1997. Justificaron su muerte en una acusación: quedarse con parte del rescate del también empresario Emiliano Revilla, secuestrado en 1988.
Además de los «toques» que recibió del «aparato de extorsión», las sospechas de que Elosúa pudo haber «pellizcado» los botines exigidos a los empresarios se fundamentan en su patrimonio: tiene varias casas y bajeras, además de haber ayudado a su hija a abrir una perfumería, también en Behovia y a escasos metros del «Faisán». En definitiva, unos bienes que, para los investigadores, tampoco «cuadran» con los beneficios de su negocio legal, la venta de bebidas y pinchos.
Elosúa, que descansa ahora en la cárcel de su frenética actividad, combinó perfectamente su faceta de extorsionador con la de «benefactor» de sus víctimas y con la de amigo del poder: Gorka Aguirre, miembro de la ejecutiva del PNV tanto en la época de Xabier Arzalluz como en la actual de Josu Jon Imaz.
Pero antes de mercadear con la desesperación de empresarios vascos y navarros, Elosúa fue contrabandista, también en la frontera Irún-Behovia. Las artes y contactos que empleó en el comercio ilegal de tabaco y alcohol las puso luego al servicio de ETA y durante un tiempo su negocio lo amplió con una oficina de cambio de moneda.
Ya a finales de los ochenta, las fuerzas de seguridad sabían que «Faisán» era un «nido de delincuencia», pero fue a principios de los noventa cuandoagentes de la lucha antiterrorista se quedaron apostados en los alrededores del bar. Entre varios motivos, dos fueron los urgentes: el establecimiento era cada vez más frecuentado por empresarios que buscaban un camino para pagar a ETA y, por otro, su propietario se trasladaba un día sí y otro también al sur de Francia para entrevistarse con miembros del «aparato de finanzas». En aquellos años, sus contactos fueron José Luis Arrieta Zubimendi, «Azkoiti», jefe de finanzas; Juan José Echave -uno de los fundadores de ETA- y José Luis Cau. Los dos primeros ya están muertos y elsegundo cayó en Francia en la misma operación que Elosúa.
Aquellas citas fueron detectadas en los seguimientos a Arrieta Zubimendi a raíz de la apertura por parte del Gobierno de Felipe de González de la «vía Azkoiti», encaminada a conseguir de ETA una tregua que diera paso a una negociación. El etarra fue puesto en libertad vigilada y aprovechó que le iban a «tomar la temperatura» para huir.
También de principios de los noventa datan los contactos de Elosúa con Gorka Aguirre, quien ahora se encuentra en libertad bajo una fianza de 30.000 euros impuesta por el juez Fernando Grande-Marlaska a petición del fiscal. Le imputa un delito de colaboración con banda armada.
«Botellas» y «vino»
El magistrado esgrime el contenido de tres «pinchazos» telefónicos para relacionar al dirigente del PNV con la red de extorsión desmantelada el pasado día 20 con once detenciones en España y Francia. En la conversación intervenida el 18 de abril -casi un mes después del anuncio de tregua-, el dueño del bar «Faisán» pidió a Aguirre que controlara si se recibían nuevas cartas de extorsión tras el alto el fuego. El juez Grande-Marlaska, que se trasladó a Bilbao para interrogar al imputado, le preguntó por otro contacto telefónico que tuvo lugar el 28 de noviembre de 2005, en el que Elosúa, que habló en euskera utilizando claves, confirmó a Aguirre que ya había recibido el dinero de la extorsión al decir «hemos bebido la botella dada por ti». A continuación, ambos interlocutores tuvieron una pequeña discusión sobre si los extorsionados debían seguir pagando el «impuesto revolucionario». De las palabras del dueño del «Faisán» se desprendía que no estaba muy seguro: «El que no pague, pues ¡bueno tú!... joder... nosotros no somos... nosotros no vamos a asustarles». Más adelante anunció a Aguirre una futura entrega de cartas: «Esta semana -según la conversación intervenida- tendré una botella o dos, y si es posible, te diré qué tipo de vino es».
El 2 de mayo fue interceptado el tercer contacto telefónico de Elosúa con el dirigente del PNV. En él, el capo de la red de extorsión preguntó a Aguirre: «¿Tú para mañana tienes eso?». Algo que los investigadores han interpretado como una referencia a un nuevo pago. Tras acordar una cita para el día siguiente, el propietario del «Faisán» advirtió a su interlocutor que «iremos para Francia», lo que para la Policía significa que iban a llevar el dinero al país vecino.
Allí, el hombre de contacto era JoséLuis Cau Aldanur, otro histórico de la extorsión etarra, que trabajó con «Azkoiti» en la cooperativa Sokoa, donde ETA ocultaba toda su contabilidad. El pasado 2 de mayo la Policía interceptó una conversación de Elosúa con Cau en la que ambos, al referirse a las cartas de extorsión, utilizaron las claves «vino» y «botella», es decir, las mismas que con Gorka Aguirre. Pensaron que dichas palabras iban a pasar inadvertidas en boca de un tabernero.
Red activa
Además de los «pinchazos», la Policía grabó varias citas. Una tuvo lugar el 20 de abril en el bar «Faisán» entre Elosúa y el dirigente del PNV, que abandonó el local con varios sobres que podrían contener cartas de ETA dirigidas a empresarios. Cuando se produjo esta cita, faltaban dos días para que se cumpliera el primer mes del alto el fuego.
También en periodo de tregua, ETA «aceptó» el pago de 60.000 euros. Así lo acredita un recibo que con esta cifra fue encontrado por la Policía francesa en la vivienda de José Luis Cau. En relación con este hallazgo fueron detenidos losempresarios navarros José Javier Azpíroz y Juan María Saralegui que, según Grande-Marlaska, podrían haber pagado a los terroristas voluntariamente. Estos hechos demuestran que la red, pese a la tregua, estaba activa para recaudar deudas pendientes, aunque Elosúa en una conversación que fue intervenida dijo que le habían «quitado los poderes».
La trama de extorsión estaba en movimiento y por ello una parte de losinvestigadores, al igual que la juez francesa Laurence Le Vert, se mostraron partidarios de retrasar la operación ante la posibilidad alcanzar el núcleo de la red y otras ramificaciones. Pero Grande-Marlaska no compartió esta opinión y menos aún después de abrir una investigación sobre una posible «filtración policial» a la red de extorsión. Todo huele a podrido.



