En tan sólo siete minutos, el tiempo que transcurrió en la lectura de un breve comunicado, sin admitir preguntas, Pedro Pacheco cerró ayer veintiocho años de su vida política, la que le ha vinculado al Ayuntamiento de Jerez, que presidió durante veinticuatro años.
Él, que siempre se sintió «enorme», que desafió a la Justicia diciendo que era «un cachondeo», que plantó cara a la Junta de Andalucía, al Gobierno y a todas las instituciones que se interponían en el camino de sus sueños, muchos de ellos hechos realidad; ha tenido que admitir el veredicto inapelable de las urnas, que le han relegado a una posición marginal en el Consistorio jerezano, con tan sólo cuatro concejales, y renunciar a su acta de concejal, sin llegar a tomar posesión del mismo.
Su vida política ha sido tan intensa como el carácter firme y desafiante con el que ha liderado la transformación de este municipio andaluz en una gran ciudad del siglo XXI, con la construcción del circuito de velocidad, como símbolo de su modernidad. Ha sido parlamentario andaluz entre los años 1982 y 2000, eurodiputado e impulsor del Partido Socialista Andaluz.
Sin embargo, la raza de este polémico político jerezano le impidió ver que la derrota en las municipales de 2003, obtuvo el mismo número de concejales que el PSOE pero menos votos, era el momento oportuno para dar un paso atrás y admitir que su tiempo comenzaba a pasar. Se lanzó a un alocado trajín de pactos, primero con el PP y después con el PSOE, ambos con rupturas traumáticas, que han acabado por hundirlo.
En Jerez dicen que es el fin de un imperio, de un político singular que alcanzó su máxima celebridad con aquel «la Justicia es un cachondeo».



