Madrid

null

Hemeroteca > 02/05/2008 > 

La ingeniería del «chascarrillo»

POR LUIS CONDE-SALAZAR INFIESTAMADRID. No es un descubrimiento nuevo la capacidad del madrileño -entendiendo por tal no sólo al que nace, sino al que está, aunque no se terminenunca de «hacer»- para

Actualizado 02/05/2008 - 02:57:35
«Ni es caballo, ni yegua, ni pollino...» (1808)
«Ni es caballo, ni yegua, ni pollino...» (1808)
POR LUIS CONDE-SALAZAR INFIESTA
MADRID. No es un descubrimiento nuevo la capacidad del madrileño -entendiendo por tal no sólo al que nace, sino al que está, aunque no se termine
nunca de «hacer»- para aliviar con optimismo inquebrantable y un fino humor negro, rayano en la flagelación verbal, las penalidades y corruptelas de la vida urbanícola. El «gato» es, además de chulo y pequeño, ingeniero; un auténtico adalid de la chanza y el chascarrillo. Y más aún en los tiempos peores que en los malos.
Sin ir más lejos, una mañana de 1940, en pleno acoso del hambre tras la devastadora Guerra Civil, la estatua del dios Neptuno, con su tridente, apareció sujetando una pancarta en la que se leía: «O me dáis de comer o me quitáis el tenedor». En la pomada castiza, de esas, mil. Por supuesto, el Madrid aquel de la Guerra de Independencia y de sus prolegómenos, no fue ajeno a los dardos afilados, especialmente dirigidos al centro mismo de una diana en la que aparecía tanto el invasor francés como el «enemigo» interior afrancesado.
El veneno nacía del rumor y éste se fraguaba en corrillos, mentideros, trastiendas de librerías, cafés, botillerías, figones, teatros y tabernas. Han pasado doscientos años del levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas del entonces ejército más poderoso de la Tierra y, aún hoy, en el colectivo permanecen inalteradas algunas de aquellas puyas convertidas ya en leyendas. Por ejemplo, la que hace referencia a José Bonaparte, tachado de borracho y tuerto, cuando en realidad, el hermano de Napoleón tenía los dos ojos en su sitio y practicaba con rigurosa tenacidad su condición de abstemio. Pepe Botella, fue rebautizado.
Vuelta a la tortilla francesa
En un claro ejemplo de cómo darle la vuelta a la tortilla (francesa, en este caso), los madrileños satirizaron sobre el mirar de «Pepino» por su costumbre de utilizar una lente y cerrar al tiempo el otro ojo, dedicándole una coplilla que decía: «Ya viene por la Ronda/José Primero/con un ojo postizo/y el otro huero».
Sin desmerecer de otra que canta «Huye de España pronto/porque si pierdes/el ojo que te queda/¡Adiós Rey Pepe!». Posiblemente, una información en la que se destacaba la «urgente necesidad de proveerse la expedición real, durante cierto viaje, de vino en abundancia, ya que todos los pellejos habían sido robados por la noche por lo merodeadores españoles» («Historia del vino de Madrid», de Leocadio Machado) fue la que llevó a que surgiera la copla de ciego que dice: «Cuando venga Bonaparte,/niña, le tienes que dar/una botella de vino revuelta con rejalgar./Ya verás como se la bebe,/ya verás que gusto le da,/ya verás como no revienta,/ya verás, ya verás, ya verás». O esa otra cancioncilla que sonaba así: «Ya se fue por las Ventas/el rey Pepino,/con un par de botellas/para el camino».
Más famosa es desde luego esa otra que incluye estrofas como «Pepe Botellas,/baja al despacho.../-No puedo ahora /que estoy borracho» o «Pepe Botellas,/no andas con tino/-naturalmente,/lo impide el vino», para acabar diciendo: «No quiere Pepe/ninguna bella,/quiere acostarse.../con la botella».
País bebedor, que no «chuzo»
España, un país en el que no está mal visto beber pero sí estar beodo, calificar a alguien de «borracho», de «chuzo», es algo así como de lo peor. Ese fue el motivo de la sátira gráfica titulada «Cada cual tiene su suerte, la tuya es de borracho hasta la muerte», en la que se ve al rey gabacho suplicando, arrodillado en el interior de una botella de vino medio vacía (o medio llena, como quieran) y en la que reza la siguiente leyenda: «En la ermita de Baco arrodillado/José-pillo se muestra fervoroso/y con el eco dulce y armonioso/se queda cada vez más elevado./Triste se mira por que no ha logrado/que su garganta pruebe el generoso/Agradable licor y humildemente/suplica, cual verás en la siguiente». «Oh, madre del licor, mi protectora/no desprecies las súplicas y el ruego/de este tu fiel devoto, que te adora/y que por ti fallece de amor ciego:/Ya ves madre amorosa que no llego/con el labio al licor que me enamora/cubridme sin tardanza la cabeza/de Málaga, Xerez, Tinto y Cerveza».
Contrarréplica
Claro que los franceses tampoco se quedaban cortos en dinamitar las costumbres españolas, sobre todo en materia de religión, como demuestran las palabras del mariscal Gramont recogidas en la «Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero», de Ángel Fernández de los Ríos: «Es incomprensible la falta de devoción de los españoles (...). Se castigaría severamente al blasfemo del nombe de Dios, porque, según ellos, es preciso estar loco para cometer un crimen que no proporciona ningún placer; pero frecuentar los sitios más infames, comer carne los viernes, sostener públicamente una treintena de queridas y tenerlas día y noche al lado, no es siquiera para ellos motivo de escrúpulo». Guantazos inopinados para todos los gustos.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.