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«No me conformaré con cualquier bolsa de huesos que me manden»

POR ISABEL RGUEZ. DE LA TORREFOTO ROBER SOLSONAAlberto Domínguez Turpín está enterrado en el cementerio de Potterfield, en Nueva York. Su padre, Salvador, le buscaba desde hace casi nueve años, desde

Actualizado 02/04/2007 - 02:51:03
POR ISABEL RGUEZ. DE LA TORRE
FOTO ROBER SOLSONA
Alberto Domínguez Turpín está enterrado en el cementerio de Potterfield, en Nueva York. Su padre, Salvador, le buscaba desde hace casi nueve años, desde que el 5 de septiembre de 1998 viajara desde Cullera a Valencia para irse de acampada con su novia y otra pareja y nunca regresara.
El pasado noviembre supo que había muerto. Se lo comunicó el Ministerio del Interior en una escueta nota que hizo más difícil digerir tan amargo trago tantas veces imaginado.
Ese escrito abrió más interrogantes de los que cerró. Nada decía sobre cuándo y cómo había muerto Alberto; tampoco concretaba dónde estaba enterrado el joven cuyo rastro se perdió cuando tenía 29 años. Sólo que su cadáver había sido encontrado en Nueva York a los pocos días de denunciarse su desaparición.
Siempre agradecido del trabajo de la Policía y de la Guardia Civil, Salvador se dolió entonces de la «falta de sensibilidad» de Alfredo Pérez Rubalcaba. Tres meses después de notificar el hallazgo del cadáver, su departamento reconocía que Interpol Washington «continúa a la espera de saber donde están los restos de su hijo».
La queja de un padre que clamaba contra la falta de tacto de una administración que dosificaba con cuentagotas la información sobre el hallazgo del cadáver de su hijo y contra la burocracia que ponía obstáculos a su deseo de recuperar los restos mortales escoció en el Ministerio. Allí dicen que este caso nunca ha caído en el olvido, que las atenciones al padre han sido constantes. Él, sin embargo, las percibe ahora más que nunca. «Me han prometido que van a poner a mi hijo en una avión y me lo van a dejar a pie de pista», comenta Salvador Domínguez, agradecido con las atenciones que ahora está recibiendo de un Ministerio en el que hasta la fecha sólo había encontrado amables palabras de consuelo y promesas de colaboración pero pocas respuestas.
«¿Por qué lo enterraron?»
Ahora la comunicación es constante y fluida: con Interior, con Asuntos Exteriores, con el Consulado de España en Nueva York, con la Policía y la Guardia Civil de Valencia...
Ahora ya sabe, porque así lo ha comunicado Interpol Washington a las autoridades policiales españolas, que su hijo está enterrado en la parcela número C-56-095 del cementerio de Potterfield, en una fosa común; que su cadáver fue encontrado el 6 de octubre de 1998 -antes le habían dicho que el día 23- y sepultado una semana después. Persisten, no obstante, muchas dudas. «Muchas cosas no me cuadran.¿Por qué me lo enterraron tan pronto en lugar de tenerlo más tiempo en el depósito de cadáveres? Me parece extraño y prematuro. ¿Cuándo le han identificado?. ¿Por qué ahora?. Si fue entonces, ¿por qué le enterraron y por qué no nos lo han comunicado hasta ahora?.¿Iba documentado?», se pregunta. «No me voy a conformar con cualquier bolsa de huesos que me den. Voy a pedir que se hagan las pruebas de ADN. Yo no sé si seré muy retorcido. A lo mejor me tenía que conformar con lo que ellos me dicen. Quizá me debería dar todo igual, pero como padre, aunque mi hijo esté muerto, quiero saberlo todo, si se murió o le asesinaron, si ocurrió en la calle o en un hotel...Quiero saberlo todo».
El Ministerio de Asuntos Exteriores, sobre el que ahora recae el peso de las gestiones para recuperar el cadáver de Alberto, asegura que la identificación del joven se realizó a través de las huellas dactilares; que entonces el cuerpo estaba en el depósito y que cuando se le puso nombre, se procedió a su enterramiento; que la identificación fue una tarea muy «compleja», como también lo será su repatriación. Mucho papeleo, más burocracia y varias administraciones implicadas pendientes de la localización del certificado de defunción, documento necesario para poder reclamar el cuerpo.
El Estado de Nueva York costeará la exhumación del cadáver y su traslado a la unidad forense. La familia, a través de una funeraria, deberá sufragar los gastos del traslado a España. Antes, tendrán que conseguir los permisos del Departamento de Salud de Nueva York. Interpol Washington se comprometió a remitir a las autoridades competentes los formularios oficiales y las direcciones a las que dirigirlos para cumplimetar este trámite que aceleraría el regreso de Alberto. Interpol dijo que lo haría «inmediatamente». Salvador, sin embargo, lleva varios meses esperando los papeles.
El padre del joven de Cullera desaparecido hace 9 años y cuyo cadáver ha sido encontrado en EE.UU. pedirá pruebas de ADN. Desconfía de la identificación de los restos cuya repatriación el Gobierno se ha comprometido a acelerar
Salvador Domínguez muestra uno de los miles de carteles que distribuyó con la imagen de su hijo
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