Todo fue como ellos habían dicho que sería. Ni una sola consigna partidista, ni una sola mención a las elecciones. Ni insultos, ni peticiones de voto, ni faltas de respeto. Nada, en definitiva, que no estuviera estrictamente ligado al único motivo por el que decenas de miles de personas (40.000, según la Policía, y más de medio millón según los organizadores) se habían reunido allí: defender los derechos de «la gente del campo», especialmente los de agricultores y cazadores.
Bajo el lema «Por el campo, la caza y la conservación» todos protestaban, eso sí, contra la Ley del Patrimonio Natural y la Biodiversidad que, según los convocantes «se ha redactado sin tener en cuenta a los cazadores» y que contiene artículos que ponen en serio peligro la continuidad de la actividad cinegética en España.
Perros y halcones
Convocados por la Real Federación Española de Caza, la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja), y la Oficina Nacional de Caza, los manifestantes llegaron a Madrid desde los rincones más apartados de la península. Muchos traían, junto a sus familias, también a sus perros, a sus halcones e incluso se pudo ver una perdiz roja en una pequeña jaula. Todos llevaban banderolas, trompetas, bocadillos, botas de vino y su buena provisión de agua. No faltó, junto a los miles de cazadores de centenares de peñas y asociaciones locales, también una vistosa representación de cetreros, arqueros, (ataviados con sus amplias capas verdes), halconeros, rehaleros, guarnicioneros, artesanos, titulares de cotos....
No hubo incidentes, excepto el protagonizado por una decena de jóvenes ecologistas vestidos con monos rojos y portando pancartas donde se leía «Cazar es asesinar», que fueron rápidamente apartados por la policía. En cambio, sí que hubo muchas risas, («Zapatero, pájaro de mal agüero»), numerosas chirigotas («Narbona, ¿por qué no te callas?») y un clima general de euforia que crecía al compás de una soleada y cálida mañana primaveral.
Y la euforia no era para menos. Lo que ayer se celebró en Madrid fue la mayor concentración de cazadores jamás vista en España. Una hora entera tardó la cabecera de la manifestación en recorrer los mil seiscientos metros que van desde el estadio Santiago Bernabéu, en la madrileña Plaza de Lima, hasta el Ministerio de Medio Ambiente, en la Plaza de San Juan de la Cruz.
Asistencia multitudinaria
Cuando los primeros estaban ya frente al Ministerio y los líderes de la protesta se disponían a pronunciar sus discursos, muchos manifestantes aún no habían podido salir del Bernabéu. La multitud llenaba por completo el Paseo de la Castellana. Daban fe de ello las pantallas instaladas en la plaza de San Juan de la Cruz, junto a la tribuna de oradores, que mostraban las inmediaciones del estadio todavía repletas de manifestantes.
Algo que está, sin duda, muy lejos de lo que la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, pensaba que sería la concentración. El presidente de la Real Federación Española de Caza, Andrés Gutiérrez Lara, lo expresaba así en su intervención: «La ministra dijo que aquí iban a estar solo los del rifle, bala, culata de marfil y sombrero con pluma. No tiene vista ni para eso. La caza no solo es deporte, es amor, es pasión, y una filosofía de vida sin la que muchos de nosotros no podríamos existir. Narbona, me siento orgulloso de ser cazador».
La ministra de Medio Ambiente, en efecto, se ha referido en diversas ocasiones durante los últimos días a los cazadores como a una élite adinerada y muy vinculada a la derecha política. «Habría que decirle -explica Gutiérrez Lara- que la inmensa mayoría de los afiliados a la Federación son de izquierdas y votan a su partido».
Desde primeras horas de la mañana, pitos y bocinas sonaban ruidosamente en los alrededores del estadio del Real Madrid. Los más madrugadores fueron los cazadores de una peña de Tarifa que llegaron al lugar de la convocatoria a las siete de la mañana. Poco después hacían lo propio varios autobuses de malagueños, un nutrido grupo de cordobeses, de sevillanos, de extremeños, de vascos, de catalanes... A las once de la mañana, una hora antes de lo previsto, ya no había forma de caminar en ningún lugar de la plaza.
Culés en el Bernabéu
Un grupo catalán del alto Ampurdán (todos del Barça hasta la médula) sonreía a pesar de haber tenido que «venir en peregrinación hasta la cuna del Madrid». En palabras del portavoz de la peña, Lluis Riuro «salimos de Figueras ayer a medianoche. No hemos dormido, pero el ambiente que hay aquí es fabuloso. Ya es hora de que nos dejen hacer lo que sabemos hacer. Incluso hemos venido sin rechistar hasta el Bernabéu (risas). Pero no pasa nada. Hoy somos todos cazadores».
Un poco más allá, un grupo de arqueros llama la atención bajo las amplias capas de su uniforme de gala. Están capitaneados por Pilar Sánchez Cosgalla, «lady halcón», delegada nacional de competiciones de arco de la Real Sociedad Española de Caza. «Venimos a apoyar la caza y la naturaleza», asegura.
De pronto, en medio de un ruido infernal en el que se mezclaban los bocinazos con gritos, canciones y consignas lanzadas en todas las lenguas de España a la vez, apareció, entre la marea humana, un único cazador de esos «vestidos de boutique y con una pluma en el sombrero». Estaba, la verdad, como un pez fuera del agua, apoyado en una valla y sin participar en absoluto del jolgorio de alrededor. Si había otros como él, no se dejaron ver.
Día de reflexión
«El día de hoy -dijo Juan Antonio Sarasketa, presidente de la Oficina Nacional de Caza- no es un día para ensañarse políticamente con nadie. Hoy es un día de alegría y de unión, y debe ser un día de la reflexión para las administraciones».
Antonio Pérez Henares, portavoz de la Real Federación, dijo por su parte a los asistentes que «hemos venido desde un profundo respeto, pero también a exigir un respeto. Hemos venido porque somos los que sembramos y limpiamos el campo. Los verdaderos defensores de la naturaleza están todos aquí. Hoy marca un antes y un después. Ya no vamos a permitir que nadie hable por nosotros».
Entre las numerosas pancartas y carteles («Nosotros sí que cuidamos la naturaleza», «Viva la caza»...) destacaba una dividida en dos mitades. A la izquierda, sobre la imagen de un lince ibérico, la leyenda «Ellos se preocupan de uno...». A la derecha, sobre las imágenes del mismo lince, conejos, liebres, cabras montesas, perdices, y venados, la frase «...Nosotros de todos».



