domingo, 22 de noviembre de 2009
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La ausencia del siroco añade más calma aún a la pista que separa la ciudad de Esmara del muro levantado por Marruecos en el Sahara Occidental durante la guerra con el Frente Polisario. La rutina
2-2-2009 12:16:20
La ausencia del siroco añade más calma aún a la pista que separa la ciudad de Esmara del muro levantado por Marruecos en el Sahara Occidental durante la guerra con el Frente Polisario. La rutina aplasta a los 18 cascos azules -ni uno más- de la Misión de la ONU, la Minurso, encargados de velar por la paz en esta extensión de 47.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente una quinta parte del territorio en conflicto.
Del vendaval de tiros, bombardeos y emboscadas de los años ochenta se ha pasado a la calma chicha actual con algunas violaciones sobre el terreno, aunque nada que lleve a pensar que una guerra como aquella se vaya a retomar en breve. «Cumplimos nuestra misión con libertad», responde sin meterse en honduras Mohamed Siddique, militar paquistaní al frente de los 18 cascos azules en la zona de Esmara.
Pero la misión de Naciones Unidas está cada vez más en la picota porque su mandato de mantenimiento del alto el fuego se ha quedado viejo y obsoleto para muchos. La Minurso lleva sobre el terreno desde 1991 y ha evitado que polisarios y marroquíes retomen las armas, pero sigue sin lograr que se celebre el referéndum de autodeterminación y, lo que es más criticado hoy, no puede afrontar las sistemáticas violaciones de los derechos humanos porque no se lo encomienda el Consejo de Seguridad.
El último informe de Human Rights Watch (HRW) recomienda al Consejo de Seguridad que «amplíe el mandato de la Minurso para que incluya el control de los derechos humanos». Esta semana ha viajado al Sahara Occidental por vez primera una delegación del Parlamento Europeo que, además de estar preparando un informe propio sobre derechos humanos, insistió en la necesidad de poner en práctica las recomendaciones de HRW.
La mayoría de edad de 18 años que alcanzará dentro de unas semanas la Minurso y las peticiones para que se amplíe su mandato no parecen sin embargo suficientes para hacer mover ficha al Consejo de Seguridad. «Nunca ha habido en una misión vieja de mantenimiento de la paz como esta, la de Pakistán o la del Golán, una misión de derechos humanos», dice a ABC el jefe de la Minurso, el británico Julian Harston, en su cuartel de El Aaiún. «Hay muchas otras formas y métodos de hacer seguimientos de los derechos humanos».

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