Para preocupase. Los malísimos datos económicos y la incapacidad del Gobierno para hacer frente a la crisis, aumentando el gasto público y los impuestos. Es para preocuparse. Pero también con este país de pícaros y truhanes, de corruptos y vividores de la política, de jugadas y trampas, de tan escasa altura de miras. Y de trasfondo, el problema del fracaso educativo. Acaso el gran problema, el que genera los demás.
El Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, PISA por sus siglas en inglés, dejaba hace poco a España en los últimos lugares entre sesenta países. Miremos hacia arriba, al primer puesto: Finlandia. Invierte en educación el 6 por ciento de su Producto Interior Bruto y la de docente es allí la profesión más valorada. Por si quedaban algunas dudas, la abogada sindicalista y líder socialdemócrata, Tarja Halonen, presidenta finlandesa desde el 2000, ha escrito:
«Un pueblo educado sabrá elegir a dirigentes honestos y competentes. Estos elegirán los mejores asesores. Un pueblo inteligente y educado no permite corruptos ni incompetentes. Un pueblo educado sabe muy bien diferenciar un discurso serio de una prédica demagógica. Un pueblo educado prospera también en condiciones adversas. Un pueblo ignorante desperdicia sus recursos y se empobrece. Un pueblo ignorante vive de ilusiones. Un pueblo ignorante es terreno abonado para la demagogia».
Halonen resalta las tres claves para lograr el éxito educativo: fuerte inversión en educación, transparencia en el Gobierno y lealtad institucional entre los partidos políticos. Finlandia posee, además, una economía altamente industrializada, con una producción «per capita» mayor que la del Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, a pesar de que no tiene muchos recursos naturales. Sin duda el mejor recurso que tienen es su pueblo y han decidido invertir en él. «Toda persona tiene que recibir formación y educación para ir tan lejos como su capacidad lo permita», concluye la presidenta.
En tanto, España dedica a educación solo el 4,31 por ciento del PIB y somos el país de Europa que peor valora la profesión docente. En Andalucía tenemos una tasa de fracaso escolar del 37 por ciento y mientras la media nacional de inversión por alumno es de 5.500 euros, la andaluza se queda en 4.000. Y si en doce comunidades autónomas el bilingüismo en Primaria y Secundaria alcanza el cien por cien de los centros, en Andalucía solo llega al 40 por ciento.
No hablamos de lealtad institucional entre los partidos entorno al tema de la educación. Todo queda dicho con la existencia de cinco leyes orgánicas de educación en los últimos veinte años: la LODE, la LOGSE, la LOPEG, la LOCE y la LOE. Los continuos cambios legislativos han provocado caos, desconcierto, desorden, bajada de nivel académico, fracaso... Habrá que pensar que muchos han preferido un pueblo ignorante «como terreno abonado para la demagogia».
Hoy se exige ya un Pacto por la Educación que haga partícipes de ella a los padres como primeros responsables, respete su libre elección de centro, restaure la autoridad docente, busque la excelencia académica y dé margen para la adaptación a la diversidad cultural y a las necesidades de los alumnos. Mientras, el Gobierno lanza la idea de ampliar la enseñanza obligatoria a los 18 años -o sea, guardería hasta los 18- al tiempo que logra que la píldora poscoital se venda cuatro veces más al expenderse sin receta y planea que las menores puedan abortar sin consentimiento paterno. A copular, que son dos días.