
LA baronesa Thyssen, en una imagen de archivo / GONZALO CRUZ
Lo que en principio iba a ser una comida informal de la prensa con el director artístico del Thyssen para hablar de la próxima exposición del museo, «Lágrimas de Eros», se convirtió en una animada charla de los periodistas con la baronesa Thyssen, que no sólo habló de arte sino también de muchos temas personales y de actualidad. Resumimos a continuación lo más destacado de tan sabrosa y distendida charla.
Todo comenzó con un cuanto menos sorprendente anuncio: con motivo de esa exposición, la baronesa ha dado el visto bueno a que se vendan en la tienda del museo preservativos con algunas de las obras presentes. De hecho, tiene previsto hablar con Durex sobre este proyecto. «Tendremos hijos de Monet, de Gauguin...», bromeaba Carmen Thyssen. Sobre el hecho de qué pensará la Iglesia acerca de esta decisión, dijo: «Soy creyente y católica y voy a Misa. Pero hay que salvar a la juventud, no podemos cerrar los ojos». De ahí la conversación pasó al tema de la píldora del día después. La baronesa está en total desacuerdo: «Es muy peligrosa; destroza la matriz de las niñas».
No salió muy bien parada en la conversación Francesca de Habsburgo, hija del barón: «Un día me da besos y otro me pone verde». Incluso recuerda que le decía: «Eres la mejor madrastra que he tenido». Recordó que la relación con su padre no era nada cordial: «Ella dejó claro que era Habsburgo y no quería ser Thyssen para nada. Nunca quiso a su padre».
Tampoco se salvaron del aquelarre las otras mujeres del barón: «Nunca le han querido. Siempre han visto un dólar en su cara y nada más. Ha sido una víctima de las mujeres de su vida». Adelantó la baronesa que tiene en marcha un libro en el que contará su vida y la del barón. Aún no tiene título ni editorial, pues ni siquiera se ha terminado. Lo escribirán a seis manos la baronesa, Guillermo Solana y una tercera persona que no quisieron desvelar. Será unas memorias, como las que publicó en «Hola», pero ampliadas con mucho material inédito. Se incluirán unas conversaciones de su marido en 1983 con el director de «Paris-Match» que iban a ser el germen de un libro que nunca vio la luz.
No podía faltar en tan distendida charla su hijo, Borja. «Jamás he tenido problemas con mi hijo. Se han dicho cosas infames. Jamás hubiera hecho una tontería igual (en relación a los rumores de que su hijo podría ser en realidad el hijo de sus gemelas). Nunca le perjudicaría. Se metieron amistades de por medio, utilizaron mi nombre... Jamás haré daño a mi hijo, ni él tampoco a mí. Son cosas de juventud. Es un chico. Tiene 29 años. Yo también se las hice pasar mal a mi madre». Comenta que Borja «fue el único hijo al que quiso el barón como tal. Estuvo con él desde que tenía unos meses. Borja está superpreparado en el mundo del arte. Ha vivido siempre empapado en arte. Conoce muy bien la colección Thyssen. Es capitán de barco, comandante de helicóptero... Anuncia que en el futuro entrará en el Patronato del museo: «Quiero que esté en la Fundación». También quiere educar a sus hijas en el mundo del arte. De momento, tienen profesora de inglés.
Imposible no preguntarle por el asunto del Defensor del Menor, Belén Esteban y el hecho de que ella salga en portadas de revistas con sus hijas y el rsotro sin pixelar. «Yo las saco educadamente. Soy conocida y no tengo por qué ocultar a las niñas. Prefiero sacarlas como son que no distorsionadas en fotos hechas por gente en la calle con un móvil. No quiero ocultarlas al mundo». Y hubo mucho más, y muy sabroso, como la comida que degustamos, pero el "off the record" es sagrado en periodismo y en aquella mesa se quedará para siempre.


