ARACELI ACOSTA
MADRID. El precalentamiento para la Cumbre mundial del Clima, que se celebra en diciembre en la ciudad polaca de Poznan, ya ha comenzado. Ayer, la subsecretaria de Estado para Asuntos Globales y Democracia de la Administración Bush, Paula Dobriansky, aseguró durante un encuentro con periodistas en Madrid que la posición de su país en esa próxima cita de la ONU será la de cumplir con lo acordado en la cumbre de Bali, esto es, trabajar para acordar las metas de reducción de emisiones antes de que termine 2009, aunque advirtió que ese acuerdo deberá ser «económicamente sostenible» y no sólo «medioambientalmente efectivo».
No sólo se apoya esta frase en los tiempos de crisis que vive Estados Unidos, y por extensión, todo el planeta, sino que va directa a la diana del problema que Estados Unidos siempre ha visto en el Protocolo de Kioto de lucha contra el cambio climático. Y no es otra cosa sino que dicho acuerdo no contempla la reducción de emisiones por parte de los países en vías de desarrollo, a pesar de que el año pasado estas naciones fueron responsables de más de la mitad del CO2 emitido a la atmósfera. Por eso, Dobriansky insistió en que el acuerdo que salga de la Cumbre de Copenhague en diciembre de 2009 debe contemplar medidas de reducción de emisiones que sean «medibles, verificables y contrastables». De esa forma se puede implicar a todos los países, en particular se refirió a las economías emergentes como China, India, Suráfrica y Brasil, aunque no todos tengan compromisos obligatorios.
A pesar de las críticas a su Administración por la posición que ha mantenido con respecto al protocolo de Kioto -que nunca ha ratificado-, Dobriansky enumeró las inversiones que su Gobierno ha realizado para luchar contra el cambio climático y recordó la promesa realizada a principios de año por el presidente Bush de «detener el crecimiento» de las emisiones de CO2 en 2025. Sobre si las elecciones de en noviembre pueden suponer un cambio de rumbo, Dobriansky señaló que ambos candidatos están de acuerdo en que hay que reducir las emisiones domésticas -pero no en cuánto-, y en que Estados Unidos «hará su parte y será parte de ese acuerdo», Kioto-2.