POR J. ALBIOL
MADRID. Lo que mal empieza mal acaba, afirma el sabio refranero. Que se lo digan a Miguel Sebastián, que podría resumir su fugaz andadura como candidato a la Alcaldía de Madrid con una frase para la Historia: «Llegué, fracasé y me marché». Pero su humillante derrota en las elecciones frente a Gallardón -contra el que incluso, en el colmo de la desesperación, intentó viperinas artimañas- no es el último mal trago que ha tenido que padecer Miguel Sebastián en su carrera política.
Si malo es tener que asumir el agravio de una derrota así y de marcharse por ello con una sensación agria de fracaso, peor aún tiene que ser soportar el escarnio que suponen las desdeñosas críticas de algunos destacados dirigentes socialistas, como algunos de la vieja guardia del PSOE o del PSM, que no dudaron ayer en hacer leña del árbol caído con unas declaraciones que dejan en muy mal lugar al ex director de la Oficina Económica del presidente del Gobierno.
Especialmente dolorosas para Sebastián deben haber sido las palabras de Alfonso Guerra, quien al ser preguntado ayer en el Congreso de los Diputados por la dimisión, contestó: «¿Y de qué ha dimitido? ¿Qué era? ¿Pero no habrá dimitido de candidato?». Tras su cínica broma, Guerra aseveró que seguramente Sebastián habría querido «ser coherente con la situación».
También el ex alcalde de Madrid Juan Barranco destacó la «coherencia» del ex candidato a la Alcaldía de Madrid y casi ex concejal del Consistorio. «Hay que agradecerle su coherencia y sentido de la responsabilidad», dijo, pero también hizo una crítica sibilina al asegurar que para que el PSOE se recupere en el Ayuntamiento de Madrid es necesario que haya «una serie de personas» en el grupo municipal que «estén el tiempo que haga falta».
Y por si esto fuera poco, Barranco, que parece defender aquello que decía Cela de que en España sólo gana el que resiste, puso como ejemplo a seguir precisamente al rival que hizo añicos los sueños de Sebastián: «Gallardón estuvo doce años en la oposición y Álvarez del Manzano también estuvo muchos, es decir, los madrileños tienen que visualizar que hay una apuesta seria y decidida de los socialistas que queremos ganar y recuperar Madrid».
Por su parte, el diputado socialista y ex presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, pronunció estas palabras dedicadas a Simancas: «cuando uno se pone de alfombra suele pasar una cosa elemental, que a uno lo pisan y si viene algún perrillo, lo mea, y eso es lo que ha pasado». Además, Leguina centró sus críticas en José Luis Rodríguez Zapatero, al que pidió que explique «por qué dos veces seguidas ha ofrecido la alcaldía de Madrid a dos amigos personales suyos». Esa es una cuestión que tal vez se explique algún día, pero que sin duda ha «quemado» políticamente a los dos colegas. Lo que no sabemos es si al jefe del Ejecutivo algo se le habrá muerto en el alma.
Entre el rosario de reacciones de los socialistas expresaron, también las hubo de tono literario, o, mejor dicho, de salirse por la tangente para no decir nada. Eso es lo que hizo el ex presidente de la Federación Socialista Madrileña (FSM) José Acosta, que comentó que la renuncia de Sebastián no es para el PSOE «ni buena ni mala sino todo lo contrario, como decía Miguel Mihura». Puestos a hacer literatura, tal vez el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que últimamente está dando trazos de su calidad como poeta, podría dedicarle alguna bella elegía al «cadáver político» que abandona su exigua travesía en la cosa pública madrileña.
No comparte la tesis de la «muerte política» de Sebastián el secretario de Política Municipal y Libertades Públicas de la Ejecutiva socialista, Álvaro Cuesta, que, ni corto ni perezoso, aseguró en los pasillos del Congreso que el dimisionario «tiene futuro dentro de la política y dentro del Partido Socialista», aunque no especificó el cargo. Y en medio de todo, curiosamente Gallardón, el hombre que al que Sebastián intentó ensuciar el honor en vivo y en directo ante millones de espectadores, dijo que por su parte no tendrá lugar un «escenario de confrontación» y que le desea lo mejor para «el nuevo camino político o profesional» que tome.



