Los de Fanta son unos monstruos haciendo anuncios, aunque también se podría pensar que no dan una (o que las dan con segundas). Cuando no se les encabritan los boy scouts, se les molestan los monitores de aeróbic. Según los afectados, por ponerlos en ridículo. Ahora es el turno de los centollos, aunque los centollos no hayan abierto la boca (o lo que tengan para zamparse las estrellas de mar). Aunque el último «spot» del refresco no deja de ser una evidente muestra de surrealismo con toques de Kaiju Eiga (las películas japonesas de monstruos), hay quien se lo ha tomado en serio. Un lobo de mar cuenta una vieja historia de marineros. Dice que cuando unos amigos no se lo están pasando bien en algún lugar del mundo una Fanta deja de existir para volver en forma de centollo gigante de ocho patas (más las pinzas). Basado en un hecho real, no te digo. Y se ve al bicharraco persiguiendo a la gente por una playa. La moraleja es que hay que pasarlo bien. «Diviértete, todos los que beben Fanta te lo agradecerán». Pero resulta que no se trata de un centollo sino de un buey de mar (el caparazón liso salta a la vista). Eso sí, es igualmente gigante. Imposible de mostrar enla pecera de un restaurante, que es como el corredor de la muerte de las marisquerías, a no ser que se eche mano del artista Damien Hirst, que es capaz de meter tiburones y caballos en vitrinas. Vamos, que ha sido llamado por el Museo de Historia Natural de Londres para que les ayude a exponer un calamar gigante encontrado en las Malvinas. El arte provocador y la ciencia, de la mano.
Ningún centollo ha abierto la boca, pero las autoridades del Concello de O Grove sí. El centollo está registrado por el concello como logotipo de la Festa do Mar y han entendido que se perjudicaba su imagen. Coca-Cola, que tiene que estar hasta el tapón de rosca de tanta queja, no ha puesto inconveniente en acabar con el error (ahora el anuncio dice buey de mar en lugar de centollo, y a otra cosa mariposa). Me juego mi teléfono nuevo (total, ni siquiera sé contestar) a que cuando tuvieron listo el anuncio se dijeron que esta vez no era posible que alguien se molestara. Ingenuos. No sé, quizá ese presunto perjuicio a la imagen sea por la difusión de la idea de que un centollo (aunque sea un buey que se hace pasar por centollo) vaya atacando a los bañistas. Al menos es lo que le pasaba al alcalde de Amity Island en «Tiburón», que tenía miedo de que el pedazo de pescado pudiera ahuyentarle a los turistas. Bien está que no confundamos centollos con bueyes, que bastante complicada es la vida. Pero, demonios, que es gigante. Como Mothra, como Gamera, como Ghidorah (parte del bestiario de Godzilla). Qué más dará el resto.


