ESTOCOLMO. «Un verdadero regalo del cielo». Todos creían que el archivo privado de Knut Hamsun, premio Nobel de Literatura 1920, había sído destruído durante la ocupación nazi de Noruega en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, para felicidad de esos nórdicos y especialmente para los admiradores del gran escritor, autor de obras como «Hambre», (1890, novela que lanzó su nombre a la fama) «Pan», «Victoria» y «La bendición de la tierra» (calificada por la Academia Sueca como «monumental») el archivo, totalmente intacto, ha sido hallado, muy bien escondido debajo de unas tablas, en el desván de Nordholm, finca de recreo de Knut y Marie Hamsun,
Otro escritor, Sletten Kolloen, que prepara estos días una biografía sobre Hamsun fue el afortunado protagonista de tan gozoso descubrimiento. El archivo contiene además de los diarios personales del Nobel, algunos manuscritos de sus novelas con muchos subrayados, su correspondencia particular, incluidas las catas que escribió a su esposa Marie durante el periodo entre 1890 a 1950 y demás documentos perfectamente catalogados: «Se trata de una cosecha de frutos que contribuirá a hacernos comprender con exactitud una vida condicionada por el destino que no fue del todo amable con él».
Kolloen no ha querido descubrir detalles de los textos íntimos de esos escritos pero sí, que durante las dos semanas que pasó en compañía de Harald Ness, conocedor de Hamsun, leyendo cada papel y apunte manuscrito lloró varias veces incapaz de contener las lágrimas. Hamsun era, según los expertos, el clásico «beatus ille»: un Virgilio puro con algunas gotas horacianas. Dotado de un devorador afán interior de estudiar y de vivir exclusivamente por y para la pluma, fue un hombre de talento cuyos escritos son de un radicalismo extremo que recuerda al sueco Strindberg. Con una personalidad dotada de muchas facetas, algunas de las cuales no son conocidas por el público, Hamsun fue un gran romántico, un bucólico panteísta frente a la Naturaleza y al mismo tiempo, un anarquista rebelde frente a la sociedad, ante todo, era un un esposo amantísimo. «Un hombre muy tierno, víctima de las circunstancias», según Kolloen. El biografista se refiere a que el autor de «Hambre», quién durante la Primera Guerra Mundial ya manifestó sus simpatías germanófilas, tuvo la poco afortunada ocurrencia de apoyar a Quisling y de dar la bienvenida jubilosa a los ejércitos de Hitler que invadieron y ocuparon Noruega. La victoria dio la razón a los noruegos que estuvieron en todo momento al lado de su Rey durante la lucha contra el invasor. El primer ministro Quisling pagó su forma de actuar con la vida. A Hansum le salvó la edad aunque pasó años aislado y, una vez libre, murió despreciado por sus compatriotras.
Este inesperado legado cultural con fuerte carácter humanitario y constructivo, ha sido adquirido el pasado jueves por la Nasjonalbiblioteket de Oslo, que lo expondrá íntegro en una de sus salas.