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«No disparen, no disparen; soy miembro de ETA y llevo una bomba»

Los minutos más tensos de la detención se vivieron mientras los agentes comprobaban la matrícula falsa del vehículo y nadie sabía cómo iba a reaccionar el etarra, pero el terrorista que conducía la furgoneta con explosivos no ofreció la mínima resistencia

Actualizado 01/03/2004 - 03:00:02
En el vertedero de Cañaveras aún se aprecian los restos de la explosión controlada de la carga de la furgoneta realizada ayer por los TEDAX de la Guardia Civil
En el vertedero de Cañaveras aún se aprecian los restos de la explosión controlada de la carga de la furgoneta realizada ayer por los TEDAX de la Guardia Civil
MADRID. Ninguno de los algo más de 400 vecinos deltranquilo pueblo de Cañaveras se imaginaba lo corta que iba a ser la noche del sábado al domingo. Quizá sólo lo intuían los agentes del puesto de la Comandancia de la Guardia Civil, advertidos de la peligrosa visita que tendrían esa noche. Por ello, una pareja del Cuerpo se encontraba a la espera en la carretera N-320, que atraviesa el casco urbano, a escasos cien metros del cruce de las carreteras Gineta-Guadalajara y Molina de Aragón-Huete.
La noche no era nada apacible para permanecer a la intemperie. El frío era muy intenso y nevaba copiosamente, pero precisamente por ahí pasaría, poco antes de las dos de la madrugada, la furgoneta sospechosa. En cuanto los agentes divisaron el vehículo le dieron el alto y mientras lo mantenían retenido, anotaron la matrícula y comprobaron que no coincidía con el vehículo. Esos fueron los minutos más tensos, pues nadie sabía cómo iba a reaccionar el conductor. Sin embargo, cuando se le pidió que bajara del vehículo, el hombre, sin mostrar la más mínima resistencia, imploró: «No disparen, no disparen; soy miembro de ETA y llevo una bomba».
Los agentes, según informaron a ABC vecinos del pueblo, inmovilizaron al detenido, le mantuvieron de rodillas, comprobaron la carga de la furgoneta y comunicaron los hechos a sus superiores. Unas dos horas después llegaban a Cañaveras agentes antiterroristas, para hacerse cargo del detenido, y agentes TEDAX, para desactivar los explosivos. Cuando ya no presentaban pelirgo, los pesaron en la báscula de un vecino y la aguja marcó 506 kilos de cloratita y 30 de dinamita.
Pero todo esto ocurrió mientras los vecinos de Cañaveras dormían tranquilamente en sus casas. No fue hasta poco antes de las seis de la mañana que la Guardia Civil despertó a la alcaldesa del pueblo, María Cristina Fuente, para pedirle que se abrigara y preparara con urgencia un lugar cálido en el que acoger a los vecinos, sin darle mayor información.
Aunque el pueblo dispone de un sistema de megafonía, situado junto al reloj, las autoridades locales prefirieron no emplearlo, para evitar inquietar a los vecinos, y decidieron dar la alarma «boca a boca», según informó a ABC Francisco Javier Abad, concejal de Cultura, Espectáculos y Deporte de Cañaveras. Tan bien organizado estaba el desalojo que, según relata Abad, «mi primer pensamiento era que se trataba de un simulacro». De esta forma, entre las ocho y ocho y media de la mañana ya estaban todos reunidos en las nuevas escuelas, situadas en la parte del pueblo más alejada de la explosiva furgoneta.
Mientras tanto, la calefacción ya había caldeado el edificio y se había preparado café, leche y galletas para los vecinos. Para entonces, ya se había corrido la voz de que «habían pillado a unos terroristas con una bomba en el pueblo». Aunque el desalojo fue ejemplar, algunas personas, sobre todo los más mayores, no pudieron ocultar su nerviosismo ni contener las lágrimas. También hubo algunos que no quisieron abandonar sus casas y se quedaron en ellas.
El desalojo duró hasta las once de la mañana. A esa hora, la carga de la furgoneta ya había sido explosionada y no suponía ningún peligro para los vecinos. Pero ellos también colaboraron con la Guardia Civil, aportando los sacos -que normalmente utilizan los agricultores- para retirar los 30 kilos de dinamita. El resto, los más de 500 kilos de cloratita, fueron trasladados al vertedero del pueblo y, una vez allí, los artificieros provocaron su explosión utilizando paja como protector.
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