La Guardia Civil evitó ayer una matanza en Madrid con la detención de los terroristas de ETA Irkus Badillo Borde y Gorka Vidal Álvaro, que tenían previsto hacer estallar, probablemente hoy lunes, una furgoneta bomba con 506 kilos de cloratita, reforzados con otros 30 kilos de dinamita. A los etarras se les incautó un plano con un gran círculo que abarca desde Madrid hasta Alcalá de Henares. Los investigadores sospechan que el atentado sería cometido en esa zona.
La Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía se encuentran desde hace tiempo en estado de máxima alerta, ya que disponen de precisa información sobre los planes de ETA de atentar ante las próximas elecciones generales de marzo. Las mayores sospechas apuntaban a que uno de los escenarios elegidos por los etarras, incluso el más inminente, podría ser la capital de España, donde sus atentados adquieren un mayor eco, una vez descartada Cataluña
Saltan las alarmas
En este contexto, y gracias a las diferentes vías de investigación abiertas, las señales de alarma saltaron el sábado cuando la Guardia Civil comprobó que Badillo y Vidal abandonaban sus domicilios de las localidades vizcaínas de Miravalles y Zarátamo y se trasladaban a la frontera con Francia, cerca de Canfranc. Allí, en territorio francés, recogieron una furgoneta que, posteriormente, se comprobó había sido sustraída el pasado 27 de noviembre en el país vecino y a la que le habían colocado placas falsas. En su interior, responsables del «aparato logístico» habían colocado, dentro de una caja metálica, los 506 kilos de cloratita reforzados con otros 30 kilos de dinamita, así como cordón detonante. A continuación, los dos etarras regresaron a España. Uno conducía la furgoneta con la que se habían desplazado a Francia, a modo de vehículo «lanzadera», y el otro, detrás, a un kilómetro de distancia aproximadamente, era el encargado de trasladar el coche bomba.
Inmediatamente se reforzó el dispositivo de seguridad y vigilancia, en el que participaron agentes de los Grupos Rurales de la Guardia Civil (GAR), en torno a esta nueva «caravana de la muerte». Las primeras sospechas se iban confirmando por minutos. La siniestra «comitiva» se dirigía hacia la capital de España, aunque tomando carreteras secundarias como medida de seguridad. La intención de la Guardia Civil era extremar el seguimiento, entre otros motivos, ante la posibilidad, en ese momento planteada, de que estos dos etarras tuvieran la misión exclusiva de dejar el coche bomba en un determinado lugar para que otros pistoleros lo colocaran después contra el objetivo elegido por la dirección de la banda. Sobre las tres y media de la madrugada de ayer, los GAR comprobaron que el conductor de la furgoneta bomba que en ese momento circulaba por la carretera nacional 320, a la altura de Cañaveras, realizaba maniobras extremadamente sospechosas. Temiendo que hubiera detectado algún tipo de seguimiento policial y ante la remota posibilidad de perder la pista a un transporte de más de media tonelada de explosivo, los agentes optaron por intervenir. Así, interceptaron la furgoneta y redujeron al etarra sin que este opusiera resistencia alguna. Lo primero que hizo fue gritar, con las manos en alto, «soy de ETA» y pidió a los agentes que no abrieran la puerta de atrás «porque llevo una bomba». Los especialistas de los TEDAX pudieron neutralizar el explosivo, culminando de esta forma la brillante operación.
Prácticamente en el mismo momento en que era detenido el conductor de la furgoneta bomba, el ocupante de la «lanzadera» sufrió un percance, y pudo ser detenido inmediatamente después. Tras ser atendido en un centro sanitario, fue dado de alta.
A los dos etarras se les incautó un mapa de Madrid, a escala muy pequeña, y en él señalizado un gran círculo que abarca desde Alcalá de Henares hasta la capital. Los expertos deducen que el atentado se iba a cometer en esta amplia delimitación. Para cuando explosionara el artefacto, probablemente los terroristas podrían estar ya en lugar seguro. La Guardia Civil se incautó de diversa documentación tras los registros realizados en los domicilios de los dos etarras y de una tercera persona que podría haber colaborado.



