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El Pompidou rinde homenaje a Miró y desvela las claves de su rebelión artística

Actualizado 01/03/2004 - 03:00:02
«La mesa del conejo», óleo sobre tabla pintado por Miró en 1920
«La mesa del conejo», óleo sobre tabla pintado por Miró en 1920
PARÍS. El Centro Pompidou inaugura este lunes la primera gran exposición internacional consagrada a descubrir el misterio de los orígenes de la gigantesca revuelta pictórica de Joan Miró (1893 - 1983), entre el proyecto subversivo de «asesinato de la pintura» y la tarea fundacional de «la invención de un mundo nuevo», haciendo aflorar inmensas constelaciones de signos que continúan maravillándonos.
Agnés de la Beaumelle, comisaria de la exposición «Joan Miró, 1917-1934», comenta a ABC la perspectiva del proyecto: «Se han hecho bastantes retrospectivas de Miró. Una más nos hubiera condenado a la trivialidad. Por eso decidimos consagrarnos, por vez primera, en una exposición de esta envergadura, al periodo de los años veinte, donde se funda toda la radicalidad de la revuelta y la audacia de las experimentaciones de un genio. Ese periodo incluye el gran proyecto dadaísta de Miró de «asesinato de la pintura», se prolonga con las tentativas de un «crimen positivo», para culminar con las investigaciones que deberán inaugurar sus «pinturas salvajes» del verano de 1934. Ahí se detiene nuestra investigación, para intentar dejar al descubierto las semillas y enigmáticas raíces de uno de los más grandes creadores de formas del siglo XX».
Para ofrecer una panorámica global de esas «tierras vírgenes», el Centro Pompidou se ha beneficiado de los préstamos de todas las grandes colecciones norteamericanas, hasta conseguir 240 obras y otros tantos dibujos, «collages» y objetos preciosos. Más de la mitad de ese legado no se ha visto nunca en Europa, porque la obra de Miró también ha sido víctima de una paradoja trágica para el patrimonio artístico de España y Francia: los coleccionistas públicos y privados apenas compraron nada de su obra, durante sus grandes años de formación, y sólo comenzaron a interesarse por ella cuando los coleccionistas, museos y marchantes de la costa Este americana instalaron a Miró en la palestra de la escena artística mundial.
Un capítulo esencial del primer Miró está casi íntegramente en manos de museos y coleccionistas norteamericanos y está representado de manera majestuosa en esta exposición, con varias obras legendarias. Se trata del joven Miró anterior a su primer viaje a París (1920), cuando el artista ya ha comenzado su propia ruptura personal con la magna pintura «noucentiste» de su tierra y época, pero todavía desconoce las convulsiones pictóricas parisinas, donde él se precipitará con su turbulencia única.
La transición del Miró que pinta masías, autorretratos, bodegones y paisajes catalanes (Montroig) al Miró que cohabita, maravillado, con las subversiones dadaísta y surrealista, quizá sea el corazón central de esta monográfica de excepción. Ahí nace todo el Miró venidero. Al contrario que Picasso o Matisse, Miró sueña con un proyecto de subversión artística permanente. Para él parece indispensable un proyecto de «asesinato» del arte que pronto se transformará en «crimen positivo»: destruir todas las formas y convenciones de la pintura tradicional, para fundar un mundo nuevo.
Con los primeros años treinta, Miró ya ha sembrado y comienza a recoger los frutos maduros de esa formidable aventura personal, donde cohabitan de manera «angelical» los colores, las iluminaciones, incluso la mitología de una cierta Cataluña mediterránea, rural, con los «collages» y subversiones de la magna tradición dadaísta. Hay muchos mirós «surrealistas», «poéticos», «infantiles», «literarios». Pero todos comienzan y acaban entre esos dos mundos esenciales de todas sus constelaciones artísticas: abolir la pintura, para mejor escuchar las vibraciones de la tierra y la artesanía manual del artista.
Creíamos conocer a Joan Miró. Esta monográfica excepcional nos ayuda a bucear en las semillas fundacionales de una gigantesca aventura pictórica. La perspectiva tradicionalista y conservadora la había instalado en el pedestal de las vanguardias. Quizá sea más fecundo contemplarla a la luz de una purificación de la materia y las artesanías de la pintura.
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