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El meteorito de Puerto Lápice, único en España y entre los más raros de Europa

ARACELI ACOSTAMADRID. El 10 de mayo pasado, una «bola de fuego» cruzó e iluminó el cielo de media España. Un halo de luz que incluso fue registrado por pilotos de la base aérea de Torrejón de Ardoz

Actualizado 01/02/2008 - 08:48:34
El 10 de mayo pasado, una «bola de fuego» cruzó e iluminó el cielo de media España. Un halo de luz que incluso fue registrado por pilotos de la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid) en pleno vuelo, a 40.000 pies de altura. Este bólido empezó a ser visible sobre la localidad de Pedro Muñoz (Ciudad Real) y se movía en dirección oeste. A la velocidad que llegó a la Tierra, 75.000 kilómetros por hora, el suyo fue un breve trayecto de sólo 5 ó 6 segundos, pero ha quedado «para la Historia», dijo ayer Josep María Trigo, investigador del CSIC y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña.
Y más ahora cuando, tras el análisis de los fragmentos que se han podido recuperar se ha concluido que se trata de un meteorito del tipo eucrita, el primero de estas características recuperado en España y el octavo en Europa. Y ya tiene nombre. El meteorito ha sido bautizado oficialmente por la «Meteoritical Society» con el nombre de la localidad más próxima a la zona en que cayeron los fragmentos, Puerto Lápice, en Ciudad Real. Además, el hallazgo lleva asociado otro récord. El equipo que lo ha recuperado es el primero en todo el mundo que encuentra dos meteoritos en poco más de tres años -el anterior fue en 2004 en Villalbeto de la Peña (Palencia)-.
Pero para llegar hasta aquí han sido necesarios casi ocho meses de trabajo, que aún no ha finalizado, y que comenzó al día siguiente de que el meteorito, de medio metro de diámetro y 50 kilos de masa, sufriera sucesivas fragmentaciones a una altura de unos 30 kilómetros sobre el nivel del mar. «Fue realmente extraordinario», dijo Trigo, pues no sólo alcanzó una luminosidad intermedia entre el Sol y la Luna, sino que desde varios puntos se pudo escuchar el estallido producido por la fragmentación del meteoroide al atravesar la atmósfera. Los investigadores han calculado que durante el impacto el meteorito debió desprender una energía de una centésima de kilotón.
Varias fragmentaciones
El hecho de que se produjeran sucesivas fragmentaciones en la atmósfera provocó la existencia de varias elipses de distribución, según explicó José María Madiedo, de la Universidad de Huelva, lo que dificultó mucho la búsqueda de los restos del meteorito, lo mismo que las pésimas condiciones meteorológicas que predominaron en los días siguientes a su impacto, con fuertes lluvias que provocaron inundaciones, por lo que «el lodo pudo haber enterrado muchas piezas», explicó Madiedo. Además, el meteorito cayó en zonas de cultivo, principalmente de olivos y viñedos, y era tiempo de arar. Un cúmulo de circunstancias que no han hecho sino dificultar la búsqueda de los investigadores, que han rastreado «al milímetro»un área de unos 20 kilómetros cuadrados.
Y es que los 20 fragmentos recuperados por los investigadores españoles tienen un tamaño de entre 0,5 y 4 centímetros, y entre 0,1 y 10 gramos de peso. Esto es casi como buscar una aguja en un pajar, sólo que esta vez además buena parte del terreno a rastrear era pedregoso. No obstante, finalmente la masa total recuperada es de 150 gramos, que no está mal, porque en estos casos la masa que suele «sobrevivir» después de que el objeto entre en la atmósfera varía entre el 3 y el 5 por ciento del total.
Pero lo más importante de esta roca procedente del cinturón de asteroides es la información que puede arrojar sobre las etapas formativas de estos cuerpos celestes, cuya agregación dio lugar a la formación de los planetas, y qué es lo que había alrededor del Sol cuando se formó el Sistema Solar, explicó Jordi Llorca, de la Universidad Politécnica de Cataluña.
Los análisis indican que se trata de una eucrita, un tipo de meteorito poco común, que podría proceder de Vesta, concretamente de un cráter de unos 460 kilómetros que hay en el polo sur de este asteroide, el más masivo después de Ceres. Ambos asteroides podrían dar muchas pistas sobre los orígenes del Sistema Solar, de ahí que el año pasado la NASA enviara en una misión de cuatro años a la sonda «Dawn» para explorarlos.
La familia de las eucritas es parecida a los basaltos terrestres, de ahí la corteza negra y el aspecto brillante que presentaban las piezas presentadas ayer en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
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