Especial Universidades

La universidad española se enfrenta a la reválida de la empleabilidad

El porcentaje de licenciados que logran empleo al acabar sus estudios es en España diez puntos inferior a la media europea, dato que certifica la brecha existente entre los conocimientos que se imparten en las aulas y las capacidades que exigen las empresas

MADRIDActualizado:

En España tener formación universitaria ya no garantiza un empleo. Y eso que la tasa de paro entre los universitarios españoles es la más baja de toda la población trabajadora por nivel de estudios. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), el 9,49% de los titulados superiores no tiene empleo frente al 28,75% de las personas con estudios primarios y el 16,30% con nivel de Secundaria. Es decir, a mayor formación mayor posibilidad de encontrar trabajo. Sin embargo, la empleabilidad no es precisamente una de las fortalezas de nuestra universidad. El informe «Education and Trining Monitor 2017» (una publicación anual de la Comisión Europea) destaca que el 68% de las personas entre 20 y 34 años que terminaron los estudios superiores entre uno y tres años antes de 2017 consiguieron un puesto de trabajo, un porcentaje por debajo de la media europea que alcanza el 78,2%.

Que la universidad española tiene que mejorar su capacidad de empleabilidad es una advertencia que ya nos hizo Bruselas el año pasado: «La empleabilidad de los titulados universitarios sigue siendo comparativamente baja», reza en una recomendación del Consejo de la Unión Europea del 11 de julio de 2017. Además, no queda más remedio, ya que es un objetivo fundamental para las universidades en el marco del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). «La baja empleabilidad, es decir el acceso al empleo y la estabilidad en los puestos de trabajo, no se explica en nuestro país por debilidades en la formación universitaria, sino por ineficiencias del mercado de trabajo, debilidades de la estructura productiva y un marco institucional y normativo ineficaz. Hay que contar, además, con políticas de empleo más ambiciosas y adecuadas», juzgan Jorge M. Martínez, director técnico de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria, y Martín Martín-González, investigador de la misma cátedra, ambos miembros de la dirección del Observatorio de Empleabilidad y Empleo de los Universitarios.

Aún así el caso español es algo paradigmático: si bien la universidad tiene que hacer un esfuerzo en empleabilidad, por otro lado tenemos una de las tasas más elevadas de estudiantes con educación superior. En nuestro país el 40,9% de la población entre 30 y 34 años cuenta con estudios superiores, por encima de la media europea (39,1%). Y eso que ese porcentaje está descendiendo ya que en 2008 se situaba en el 41,3%. Por tanto, nuestra universidad genera más titulados de los que puede absorber el mercado laboral, entonces ¿sobran universitarios y universidades? «Menos universidades facilitaría la concentración de recursos y mejoraría la calidad. Hay situaciones en que se han creado universidades a 50 km de distancia de otra que tiene grados muy similares», sostiene David Ruiz de Olano, director de programas ejecutivos de Deusto Business School.

«Hay que atraer empresas intensivas en capital humano y fomentar la creación de estas compañías»

Es necesario corregir muchas ineficiencias, como explican Martínez y Martín-González. «El problema —comentan— no es que España tenga un porcentaje muy alto de población con estudios superiores. Sino que tenemos un sistema de educación que favorece el paso del bachillerato a la universidad sin conseguir que otras alternativas, orientadas a la formación de profesionales superiores no universitarios, atraigan estudiantes, como ocurre en otros países de Europa».

Cambiar la estructura productiva

El mercado también debe cambiar. Juan A. Vázquez, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Cantabria y ex rector de la Universidad de Oviedo, propone otro punto de vista: «Nunca hay muchos universitarios. El desafío es tratar de incentivar más puestos de trabajo intensivos en conocimientos y altos niveles de cualificación universitaria, algo de lo que adolece nuestra estructura productiva», asegura el profesor. «Hay que atraer empresas intensivas en capital humano y fomentar la creación de este tipo de compañías en nuestro país», creen también Martínez y Martín-González .

De hecho, uno de cada tres titulados (27,6%) dice que su último empleo estaba poco o nada relacionado con sus estudios; el 25% considera que para desarrollar su puesto de trabajo no eran necesarios estudios superiores y el 27,5% cree que su nivel de conocimientos y habilidades era superior al requerido en su trabajo. Son datos del primer Barómetro de empleabilidad y empleo de los universitarios en España 2015. La sobrecualificación es un problema, y es distinto según las ramas. En Ciencias de la Salud, por ejemplo, resulta muy baja, 12,2%, y en Artes y Humanidades es del 37,8%. Para evitarlo, Martínez y Martín-González proponen que «las administraciones fomenten la contratación en condiciones laborales adecuadas para que nuestros titulados decidan permanecer aquí y que no emigrar, como hacen muchos que están sobrecualificados». Viveros de startup en la universidad y promocionar la relación entre empleadores y titulados son otras medidas, en su opinión, necesarias.

«Las titulaciones se han pensado más teniendo en cuenta las capacidades que la universidad tiene que las necesidades del mercado laboral»

La inserción laboral de los titulados presenta más fracturas. Por un lado, hay desempleo entre los universitarios y, por otro, hay puestos de trabajo que las empresas no logran cubrir porque no encuentran los perfiles que necesitan. Esto se debe a que «las titulaciones se ha pensado más teniendo en cuenta las capacidades que la universidad tiene que las necesidades del mercado laboral», cree el profesor Vázquez.

Lo cierto es que no da tiempo a formar los perfiles que demandan las empresas, debido a la gran velocidad con la que cambia el sector privado, piensa Ruiz de Olano. «Las compañías quieren trabajadores con pensamiento crítico —cuenta—, que sepan afrontar un problema, trabajar en equipo, innovadores, emprendedores, creativos... Las propias empresas piensan que la especialización la pueden aportar ellas mismas. Una persona que pasa por la universidad adquiere ciertas competencias y valores que le hacen atractiva ante el primer trabajo y cualquier situación de cambio en el empleo».

Entonces en un mundo laboral incierto y cambiante, ¿cuál es la formación que debe ofrecer la universidad? «Lo más seguro es dar formaciones básicas y sólidas en las grandes disciplinas. Y la especialización realizarla en postgrados, aunque ahora existe un mercado saturado de máster, muchos no son relevantes ni responden a necesidades. Los máster ofrecen la posibilidad de que se adaptan y pueden ser cambiados de forma más rápida que las enseñanzas universitarias», dice Vázquez. Quizá sea ese el camino porque el citado Barómetro de empleabilidad refleja que las empresas exigen más una titulación universitaria cualquiera que una específica. «Esto se explica —dice el informe— porque para algunos empleos las competencias genéricas asociadas a los estudios universitarios pueden ser más importantes que las específicas de una determinada titulación».

Además se produce otro fenómeno: solo uno de cada cuatro estudiantes cursa alguna de las carreras STEM (Ciencia, TecnoIogía, Ingenierías y Matemáticas), según datos de Randstad Research, precisamente las formaciones más demandadas por las empresas. Además, el número de estudiantes matriculados en estos estudios desciende cada año. «Hace falta más atractivo para este tipo de formaciones y desarrollar una cultura científica, que está en segundo plano», sostiene el profesor Vázquez.

Solo uno de cada cuatro estudiantes cursa alguna de las carreras STEM

Muchas cosas tienen que cambiar en la universidad, y eso, que «nos reformamos continuamente aunque no a la misma velocidad del sector privado, pero intentamos tener mejor calidad, mejor oferta formativa... », defiende Ruiz de Olano. Para los egresados las metodologías educativas no se renuevan, predominan las técnicas clásicas, poco adecuadas a los paradigmas educativos actuales. Y el aprendizaje activo, basado en proyectos y prácticas, tiene una consideración menor, figura en el Barómetro de empleabilidad. «Debemos caminar a una universidad más dual, combinando enseñanzas con experiencias prácticas en el mundo productivo. Tenemos que ser más flexibles y dar una formación a la carta», sostiene Vázquez.

«La universidad tiene que conocer mejor las competencias que demandan las empresas. Analizar si las metodologías de aprendizaje que está empleando y, si no son adecuadas, mejorarlas. Tiene que ser capaz de conocer los empleos que se van a demandar en el futuro y ser un agente activo de cambio social y económico», resumen Martínez y Martín-González. Sus propuestas son tan específicas que van desde saber orientar a los estudiantes para que escojan la mejor titulación en función de su vocación o sus expectativas profesionales a favorecer el emprendimiento, potenciar servicios universitarios de empleo, implementar programas de mentoría, fomentar las prácticas y su contratación posterior... Medidas innovadoras para caminar hacia la universidad del siglo XXI y formar a los profesionales del futuro.

Las competencias del futuro

El Barómetro de empleabilidad ofrece las cinco competencias más requeridas: capacidad para la resolver problemas, adaptabilidad a nuevas situaciones, capacidad para gestionar la presión, compromiso con el trabajo y asumir responsabilidades. Según Martínez y Martín-González en el futuro habrá que ser multidisciplinar y saber adaptarse, aprender permanente a lo largo de la vida, conocer idiomas y las TIC, saber innovar y emprender (creatividad), y poseer valores como la solidaridad.