Vida sana

«Existe una falta de conciencia de los graves efectos del síndrome de la clase turista»

Justo M. Menéndez, doctor de la Unidad de Medicina del Viajero, explica sencillas medidas para prevenirlo

«Existe una falta de conciencia de los graves efectos del síndrome de la clase turista»

Durante estas fechas es muy habitual aprovechar las vacaciones para realizar viajes de larga duración. La opción de subirse a un avión es una de las más demandadas para descubrir destinos que en otras épocas del año es difícil conocer por falta de tiempo.

Sin embargo, para subirse a un vuelo de estas características —transoceánico a partir de cuatro horas— los médicos recomiendan tener en cuenta una serie de precauciones debido a que pasar mucho tiempo sentado en un espacio estrecho sin posibilidad de estirar las piernas puede producir problemas vasculares, que aun no siendo frecuentes, pueden llegar a ser muy graves. Al no levantarse el viajero, en la ingle se comprimen las venas femorales y se enlentece la circulación de la sangre. Es lo que se conoce como el «síndrome de clase turista».

Los síntomas más comunes para identificarlo son: dolor en la pantorrilla, hinchazón, edema en la pierna e, incluso, cierta dificultad para caminar. Según el doctor Justo M. Menéndez, jefe de servicio de Urgencias y responsable de la Unidad de Medicina del Viajero y Enfermedades Tropicales del Hospital Universitario HM Sanchinarro, puede derivar en trombosis venosas en las piernas, «aunque no se puede descartar una posible complicación que es el tromboembolismo pulmonar; es decir, que se suelte un trombo de la pierna y se desplace hasta el pulmón, quedando enclavado allí».

Aunque no hay una edad determinada para que se produzca, este doctor apunta que nunca ha visto ningún caso en niños, fundamentalmente porque no paran quietos sentados. Sin embargo, en las personas adultas, según avanzan en edad tienen más riesgo porque la edad provoca que su arbol circulatorio se vaya deteriorando.

Lo cierto es que en población sana —apunta el doctor Menéndez—, es algo excepcional porque «el organismo tiene mecanismos de compensación suficientes para evitarlo. De hecho, la incidencia es de un caso por cada 4.000 personas al año, aunque a partir de las ocho horas de vuelo la incidencia se multiplica hasta por 6 y por 8 veces».

Este especialista explica que es habitual que el viajero aprecie los síntomas mencionados no en el avión, sino una vez finalizado el viaje e, incluso, en ocasiones, la repercusión puede tener efectos entre varios días después del vuelo y una semana. «En el 99% de los casos, la hinchazón y el dolor en la pantorrilla se produce solo en una pierna. Aún así, hay que ir al hospital para prevenir que no se produzca una embolia pulmonar. El problema es que en la pierna puede haber aparecido un trombo, que al fragmentarse puede llegar hasta el corazón y el pulmón provocando una situación muy grave en el viajero».

Una vez en el hospital, las pruebas que realizarán los especialistas serán, en primer lugar, una analítica de sangre —para detectar si hay una sospecha de embolia— y un ecoDoppler, que es una prueba de imagen, tipo ecografía, para comprobar si la sangre circula correctamente por la pierna. Se completa con un angiotac pulmonar que garantiza que el paciente tiene, o no, un trombo.

Las personas con un riesgo mayor de padecer este síndrome son aquellos que presentan:

—Problemas circulatorios como insuficiencia venosa o enfermedades que faciliten la coagulación de la sangre, llamadas trombofilias.

—Insuficiencia cardiaca.

—Diabetes Mellitus.

—Tumores.

—Edad avanzada.

—O bien hayan sufrido: alguna intervención quirúrgica reciente, traumatismos importantes en las piernas, hayan estado recientemente inmovilizados por yeso o hayan sufrido algún episodio de trombosis venosa.

¿Cómo se puede prevenir?

Según el Dr. Menéndez, esto es lo que hay que tener en cuenta si se va a viajar durante más de seis horas en clase turista:

—Si se pertenece a un grupo de riesgo aumentado, hay que consultar con el médico para que informe y aconseje. En estos casos, la utilización de calcetines o medias de compresión puede ser muy útil. También puede estar indicado el tratamiento con antiagregantes como aspirina e, incluso, la administración de una dosis de heparina de bajo peso molecular.

—Evitar la inmovilidad prolongada durante el vuelo: levantarse y caminar, por lo menos, cada dos horas.

—En el asiento: intentar estirar las piernas todo lo que se pueda.

—En la medida en que sea posible, mientras se esté sentado, no se deben mantener las piernas dobladas o cruzadas durante mucho tiempo.

—Estar bien hidratados durante el vuelo.

El problema, según este especialista, es que «aunque el síndrome de clase turista es conocido entre la población general, en la mayoría de los casos no existe una conciencia real del riesgo que conlleva y de la importancia de adoptar medidas que ayuden a prevenirlo. Los viajeros no suelen consultar a su médico antes de volar y sólo en ocasiones, cuando el paciente de riesgo acude a consulta por otro motivo y menciona el viaje, es el médico quien le advierte que debe tener en cuenta una serie de consideraciones durante el vuelo», concluye Justo M. Menéndez.

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