Familia - Vida sana

Tu adolescente no te desafía con los horarios: es que se ha vuelto vespertino

El 20% de niños y adolescentes están faltos de sueño en la etapa escolar

Tu adolescente no te desafía con los horarios: es que se ha vuelto vespertino

Dormir no es perder el tiempo. Sin embargo, hasta un 20% de niños manifiestan en España un sueño insuficiente, un porcentaje que alcanza el 30% en el caso de los adolescentes, según datos de la Sociedad Española del Sueño (SES). Estas cifras resultan «alarmantes», según María José Jurado, coordinadora del grupo pediátrico de la SES. Lo que los padres no saben, prosigue esta experta, «es que la privación crónica de descanso en la etapa infantil y adolescente no solo provoca fatiga, cansancio y excesiva somnolencia diurna... sino que tiene serias consecuencias en distintas funciones fisiológicas y psicológicas como son el crecimiento, el aprendizaje y la consolidación de la memoria», señala.

Primera infancia

Es en el periodo de la infancia, explica Jurado, donde se producen los cambios más importantes en este proceso fisiológico, que dan lugar al patrón definitivo posterior. «Conseguir un sueño estable gracias al establecimiento de unos buenos hábitos en estas etapas iniciales de la vida es tan importante que puede incluso repercutir en una mejoría en la conducta del niño y, por ende, en el bienestar de los padres», apunta.

Pero con la llegada de la pubertad (de los 12 a los 17 años), los hábitos vuelven a cambiar: los adolescentes de todo el mundo, independientemente de cuál sea su cultura, tienen a retrasar la hora de acostarse y de levantarse, y tienen una mayor preferencia por las actividades al final del día. De hecho, hasta un 30% de adolescentes están privados de sueño en España, indica la SES. «Sufren una especie de “jet lag social”, como el que sufren las tripulaciones de avión», refiere Juan Francisco Díaz Morales, profesor de psicología diferencial de la Universidad Complutense de Madrid y coautor del estudio que analizó el sueño, las habilidades cognitivas y las puntuaciones académicas de 796 jóvenes de entre 12 y 16 años.

En estas edades, aclara este docente, «la mayoría dejan de ser matutinos y tienden a ser vespertinos. Esto se traduce en que al caer la tarde y empezar la noche se encuentra en su mejor momento, haciendo cosas del instituto, oyendo música... súper despiertos. Pero no es que el adolescente que hay en casa esté desafiando a su padre: es que con la edad el hijo se ha vuelto más nocturno y el padre probablemente más madrugador...», aclara Díaz Morales».

El problema está, apunta el neurocientífico Diego Redolar, profesor de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en que ese patrón de sueño irregular, basado en dormir pocas horas de lunes a viernes durante los días de colegio, y mucho los fines de semana, «afecta negativamente al rendimiento académico y cognitivo de los adolescentes. Tanto es así que diversos estudios publicados en 2017 en la revista Scientic Reports muestran cómo los malos hábitos de sueño se encuentran relacionados con el volumen cerebral y el rendimiento académico en la escuela».

Las razones de estos desajustes hay que buscarlas en parte, señala Jurado, «en los cambios hormonales debidos a la pubertad, que conllevan una alteración en los procesos de regulación circadiano del sueño. A esto hay que sumar la ganancia de autonomía e independencia, el más que probable aumento de las exigencias académicas, el incremento de las actividades sociales y extracurriculares del menor y, como no, al uso y abuso de los dispositivos electrónicos».

Según ella, el aspecto tecnológico está agravando cada vez más la situación: «La luz emitida por los dispositivos electrónicos utilizados antes del horario habitual de sueño produce un retraso de la secrección de melatonina. Esto aumenta la alerta, retrasa el inicio del sueño y disminuye la vigilancia por la mañana».

El papel de la familia

Lo que las familias deben conocer, sugiere Juan Francisco Díaz-Morales, (UCM), «es que el principio fundamental para conciliar es que haya oscuridad para que el cuerpo pueda producir la hormona de la melatonina. Pero la luz de las tablets o de los móviles que los chicos se llevan a la cama le están enviando a su cerebro el mensaje de que sigue siendo de día. Así lo que consiguen es retrasar su ritmo circadiano y por ende, su reloj biológico. Su cerebro piensa que es que no anochece nunca o que el mundo se ha vuelto loco».

El consejo de este docente es que los padres intenten que sus hijos no estén tan expuestos a la luz a medida que se va acercando la noche: «Que huyan de toda contaminación lumínica es más importante de lo que parece. Esto incluye televisión, ordenador, tablets, móviles...». El pediatra español especialista en sueño y miembro de la Sociedad Española de Pediatría (SEPEAP) Gonzalo Pin, lo resume así: «Siglo XXI por la mañana y vuelta al XX por la tarde», y lo plasma en una serie de sencillos consejos para las familias que van desde «ir andando al colegio, cenar en familia, leer antes de acostarse o no utilizar tecnología antes de las 19:00 horas».

Este doctor aboga también por combatir el desconocimiento de la importancia del sueño desde la escuela. Para ello ha liderado el proyecto europeo Shastu.org, cuyas conclusiones demuestran una relación directa entre una mejora del sueño y su repercusión en un mejor resultado escolar. «Los profesores deben saber que sus alumnos no están igual de despiertos un lunes a las 10:00 de la mañana que un miércoles a esa misma hora. Y los padres, que sus hijos no pueden dormir con el móvil debajo de la almohada. Dormir bien es un seguro de vida».

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