Familia

«Una merienda de óptimo valor nutricional debe tener tres alimentos básicos: lácteos, frutas y carbohidratos»

Expertos de la Universidad de Zaragoza aseguran que el 84% de los niños españoles de entre 3 y 6 años no meriendan todos los días y un 44% solo toma un alimento

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Cinco comidas al día. Así de tajantes se muestran los nutricionistas al hacer sus recomendaciones para que el organismo de cualquier persona funcione al ritmo correcto durante 24 horas. Desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena son imprescindibles. Sin embargo, sus consejos no siempre son llevados a la práctica, puesto que el 84% de los niños españoles de entre 3 y 6 años no merienda todos los días, (sobre todo los fines de semana) tal y como apunta el estudio «Frecuencia y calidad de las meriendas en los niños españoles», que se presenta hoy en Madrid de la mano de la Universidad de Zaragoza.

La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) señala que la merienda supone una comida importante y debería representar al menos el 10% de la ingesta energética diaria de un niño, pero la realidad es que únicamente el 16,5% de menores entre 3 a 6 años lo hace cada día. Pero no es el único dato preocupante.

Este informe también pone de manifiesto que los tentempié a media tarde de los niños españoles son de baja calidad nutricional, puesto que en el 44% de los casos solo contiene un alimento, mientras que el 46,5% contiene dos. Según el catedrático en Metodología de Investigación en la Universidad de Zaragoza, Luis Moreno, para obtener meriendas de óptimo valor nutricional se deberían combinar tres tipos de alimentos: lácteos, frutas naturales y carbohidratos. «Las combinaciones correctas de alimentos resultan imprescindibles para alcanzar el aporte energético adecuado y, de este modo, mejorar la ingesta de nutrientes como vitaminas o calcio tan necesarios a estas edades».

Aún así, el bocadillo es la merienda más popular entre los niños españoles (49,5% en los más pequeños y 59,7% en los mayores), mientras que el 34% de los menores admite consumir bollería al menos una vez por semana. Otras combinaciones muy comunes en los hogares a media tarde son la leche (con o sin cacao) con galletas o el zumo. Únicamente el 7,3% de las meriendas se componen de yogur y fruta.

La doctora Cristina Julián, investigadora post-doctoral del equipo de investigación del doctor Moreno, insiste en que consumir tan solo un alimento es insuficiente. Los niños en edad escolar realizan durante su jornada clases de educación física y en el recreo suelen también correr a la hora de jugar. Además, una gran mayoría de los alumnos, debido a la imposibilidad de que sus padres concilien, asisten a horas extraescolares por lo que su actividad física diaria es elevada. Por todo ello, «añadir fruta y yogur a las meriendas ayuda a alcanzar un aporte energético más adecuado, a la vez que mejora la ingesta de nutrientes fundamentales para su correcto desarrollo».

Variedad y calidad

Los expertos en la materia insisten en que no se trata de echar toda la culpa a los padres de que sus hijos no merienden bien, porque bastante hacen cuando son presas del estrés del día a día. «La falta de tiempo es una de las principales razones por la que en muchos casos –explica el doctor Moreno– las familias deciden comprar productos elaborados que no son tan sanos y que, en muchas ocasiones, son más caros que si los prepararan en casa. Animo a los padres a que aprovechen sobre todo que nuestra dieta mediterránea es muy variada y de calidad para que sus hijos aumenten la ingesta de fruta, aunque entiendo que hay que dedicarle más tiempo para poder pelarla cuando los niños son pequeños».

También explica que es conveniente no darles lo mismo todas las tardes para evitar que dejen su merienda abandonada por cualquier rincón. Es importante variar los ingredientes para que sea más nutritivos, pero también para que les resulte más apetecible. Darles variedad de sabores, colores y texturas hará que no se aburran de comer siempre lo mismo.

Comer no es alimentarse

Lo que sí es necesario –añade Jorge Martínez Pérez, pediatra del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús– es concienciar a los padres de que «dar algo a los niños para que coman no es alimentarles y que es mejor que les ofrezcan los alimentos correctos para que su crecimiento y rendimiento sea óptimo. Lo más saludable es que las meriendas contengan menos calorías, grasas y azúcares y mayor contenido en vitaminas y minerales. Tampoco hay que olvidar que deben hidratarse bien porque a esas edades tienen mucha actividad. La mejor opción es planificar la merienda en función del menú del día para evitar excesos o carencias de determinados nutrientes. La merienda debe convertirse en un hábito para que los niños lo adquieran y sientan que les falta algo si no tienen algo para tomar a media tarde».

El estudio de la Universidad de de Zaragoza –que ha analizado a 2.851 menores de 3 a 12 años– también concluye que la calidad y la frecuencia de la merienda disminuyen según se avanza en edad. Los niños más pequeños (3 a 6 años) toman un tentempié a media tarde en un 84,4% frente al 78,3% de los niños de 7 a 12 años.

Ante estos datos, la doctora Julián advierte que «la merienda debe ser promocionada para evitar hábitos inadecuados como comer entre horas en edades mayores y hay que ayudarles a escoger opciones saludables. Teniendo en cuenta la elevada prevalencia del sobrepeso en España –el 41,3% de los niños de 6 a 9 años presentan sobrepeso u obesidad–, este es un aspecto de notable importancia».

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