Familia - Parejas

Vacaciones en pareja... ¿aburridas? Claves para sobrevivir a tanto tiempo juntos

Prolongar la pasividad durante un viaje lleva a buscar culpables y descargar en el otro la irritabilidad que acompaña al aburrimiento

El 31 por ciento de las parejas se separan después del verano según el INE
El 31 por ciento de las parejas se separan después del verano según el INE - FOTOLIA

El fin de las vacaciones es un momento clave para la toma de decisiones en las parejas. Después de unos cuantos días juntos liberados de responsabilidades los miembros tienen la oportunidad de constatar que ya no tienen nada en común y que ni siquiera el descanso del viaje ha devuelto el equilibrio a la relación. De acuerdo con los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística, tres de cada diez parejas españolas deciden separarse después del verano.

¿Por qué? No se puede hablar de un único factor que conduzca a la ruptura, entre otras cosas porque la mayoría de las parejas que se rompen tras el periodo vacacional llegaron a ese momento arrastrando problemas anteriores, según los expertos psicólogos consultados. Para Fernando Sarrais, psiquiatra y catedrático en la Universidad de Navarra, «las vacaciones son una continuación y amplificación de lo positivo o negativo de la relación de pareja durante el año».

Comparte la opinión Ángeles Sanz Yaque, psicóloga especializada en problemas de pareja (Sinteco.madrid), que confirma que «el verano para las parejas disfuncionales supone un riesgo muy grande, sobre todo en base a las expectativas». Es decir, se deposita una gran esperanza en el viaje de verano pero la realidad frustra esa perfecta perspectiva: no todo es tan idílico como se había imaginado, también hay discusiones y –por muy imposible que parezca– momentos de aburrimiento, uno de los grandes enemigos de la relación en esta época.

«La mayoría de las parejas que se rompen tras el periodo vacacional llegó a ese momento arrastrando problemas anteriores»
«Normalmente en las parejas el aburrimiento empieza cuando uno no tiene en cuenta los deseos del otro y presiona para que las cosas se hagan como él quiere», asegura la doctora Sanz Yaque. Una conversación sobre los deseos y expectativas de ambos antes de que arranque el viaje podría evitar que transcurra sobre una base de negatividad. Con más razón, según esta experta, si la pareja tiene hijos. «Son las que más se aburren, porque no saben encontrar la fórmula para que los niños les dejen tiempo para ellos».

Sanz Yaque vislumbra la estampa: «playa, arena, gente que salpica agua, el niño que quiere hacer un castillo, hace calor, mucho calor más arena, otro castillito». Así, afirma, es imposible materializar las expectativas que se habían creado. Lo primero que hacen mal las parejas con hijos según la psicóloga es darle toda la prioridad a su diversión. «La pregunta que hay que hacerse al planear unas vacaciones con nuestros hijos es: ¿Dónde podemos ir que los niños estén bien y además tengamos tiempo para nosotros? Un sitio donde tengamos apoyo familiar es una buena idea. Ahora casi todos los hoteles e incluso apartamentos tienen actividades para niños».

Ocio compartido

Una vez que ya está pactado y acordado el destino hay que empezar a buscar qué hacer en ese sitio. «No es: ¡vamos y ya veremos lo que sale! –explica la experta–; si no: a ver qué hay en los alrededores que podamos hacer...». Y que no contente solo a uno, sino a los dos. Buscar ilusión conjunta. Ante una posición de total desacuerdo siempre se puede recurrir a los planes por separado: tú a lo tuyo, yo a lo mío, y a gusto los dos. Pero, según Sanz Yaque y Fernando Sarrais, «disfrutar independientemente no potencia la complicidad y el ocio compartido, sino el ocio individual, no se refuerza la unión afectiva de la pareja». Y si no es posible ese «ocio compartido» porque hay niños, debe plantearse en la vida cotidiana, aprender a valorar las pequeñas rutinas como, por ejemplo, propone el psiquiatra Sarrais, «el aperitivo, comprar en el super, tomar un café en una terraza, ver una serie...».

«El aburrimiento en nuestra cultura está muy mal visto pero hay que aprender a valorar la tranquilidad de no hacer nada»
La psicóloga insiste: «Hay que instaurar hábitos porque sino las parejas no saben qué hacer y la probabilidad de conflictos es muy grande, todo se impregna de un ánimo negativo y se transmite continuamente esa emoción». Y, además de rutinas, dice Sarrais, también «hay que buscar variedad».

El aburrimiento no es una tragedia

Con todo, no vale cualquier cosa con tal de evitar el aburrimiento. ambos expertos aclaran que es contraproducente recurrir a, por ejemplo, conversaciones obligadas: «No tengo nada mejor que hacer, vamos a hablar». Rotundamente no. «Si en ese momento estamos ásperos porque nos estamos aburriendo lo que vamos a conseguir es proyectar la negatividad en el otro y en la pareja y lo importante no es hablar, sino lo que se tiene que decir». La psicóloga aconseja para esos ratos «trabajar tu felicidad, y luego compartirla con el otro». Sarrais cree que «de hablar de algo, que sea del mundo interior de los miembros: el dejar de hablar de los sentimientos personales es un síntoma de que se está perdiendo el amor».

Con todo, no es tan trágico tener momentos de desgana, y además «permiten valorar más los ratos de diversión», según el psiquiatra. «El aburrimiento en nuestra cultura está muy mal visto pero creo que es un fallo. Hay que aprender a valorar la tranquilidad de no hacer nada. No puede uno sentirse tonto por aburrirse de vacaciones». Sarrais afirma que «lo que sí conviene evitar es que se prolongue la pasividad porque se tiende a buscar culpables y descargar en el otro la irritabilidad que acompaña al aburrimiento».

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