Parejas

Cuando los celos y el amor llegan a producir dolor físico y ansiedad

Consejos para saber controlarlos y aprender a superarlos para no sufrir

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Existe un mito erróneo y muy arraigado que identifica los celos con la pureza e intensidad del amor. El hecho de ser celoso no significa que se quiera más a alguien. «Amar significa respeto y aceptación de la otra persona, lo que es incompatible con las conductas de los celos que invaden los derechos de las otras personas», según apunta la directora técnica de Clínicas Origen, Pilar Conde, para quien la irrupción de los celos en una relación puede afectar negativamente, llegando hasta la ruptura.

La persona celosa tiene miedo a perder a su pareja, con o sin motivo, pero en ambos casos, los celos le hacen interpretar la realidad bajo el prisma de la inseguridad y el temor. La imaginación comienza poco a poco a superponerse a los hechos y es entonces cuando las sospechas dan lugar a preguntas insistentes, vigilancia del teléfono móvil, del whatsApp, de su email y otros ámbitos privados. Aunque esa «investigación» demuestre que su pareja no le es infiel, si los celos son obsesivos, nada importará. Muy al contrario, pensará que cualquier detalle, pista o llamada corroborarán sus sospechas.

No eres tú, soy yo

El celoso, explica la experta, siempre encontrará motivos donde no los haya y siempre hallará pruebas que confirmen sus peores miedos. Sin embargo, el problema no está en el otro, sino en su interior, en la falta de autoestima y de confianza en sus posibilidades. Al no valorarse, aclara Conde, no entiende porqué su pareja le puede llegar a querer. Desconfía primero, sospecha después.

Estas personas sufren mucho psicológicamente y llegan a presentar dolor físico, unido a cuadros de ansiedad, lo que les impide, no ya disfrutar del amor, sino de la vida en general. Pilar Conde les recomienda la ayuda profesional, la terapia con un experto que les haga ver dónde se encuentra el problema. Asimismo, aconseja a los padres de adolescentes que vigilen comportamientos de este tipo en sus hijos y si observan problemas de celos consulten, puesto que en esta edad se establecen las pautas de las futuras relaciones.

También aconseja que la pareja del celoso acuda a terapia si es que ésta consiente y reafirma los comportamientos de vigilancia, bien por temor o bien por deseo real de ayudar.

Para todos aquellos que sufren los celos, la psicóloga aporta varios consejos con los que controlarlos y comenzar a superarlos:

Comienza por quererte a ti mismo. Valora tus virtudes y fortalezas, busca hobbies y plantéate metas. Piensa que antes de conocer a tu pareja tenías el mismo valor como persona.

Comunícate con tu pareja. Exprésate y cuéntale lo que sientes en determinadas ocasiones. Entre los dos podéis buscar una solución que te ayude a controlar el miedo, sin que tu pareja tenga que cambiar para evitar tus miedos.

Respeta su espacio. Tratar que dedique todo su tiempo a tí no evitará un posible engaño y generará agobio.

No compares esta relación con otras anteriores. Piensa que si has vivido un engaño en el pasado, no tiene por qué pasar lo mismo ahora.

Evita los pensamientos negativos. Como hemos comentado, los celos son irreales y nacen de nuestra propia imaginación. Trata de discernir y no permitas que esos pensamientos desemboquen en conductas celosas.

Mantén la calma. Cuando tengas un ataque, respira y espera a que pase. Antes de hablar con tu pareja y recriminarle cualquier acto, intenta bajar tu enfado y nerviosismo. No dejes que vaya a más.

Violencia de género y celos

«Los celos no llevan necesariamente a la violencia de género, pero están relacionados con situaciones de poder y de control que pueden degenerar en agresividad, ataques y otras manifestaciones de este tipo. Por lo tanto, —matiza esta experta— las conductas de pareja que impliquen dar explicaciones sobre nuestra intimidad, nuestros movimientos diarios y amistades deben hacernos sospechar de celos, en primer lugar, y tenernos prevenidos sobre posibles comportamientos violentos en un futuro. El control sobre la persona y la manipulación para el aislamiento de su entorno social no son indicios exclusivos de violencia física. Sí son un abuso psicológico y siempre una señal de peligro», concluye.