MAYA BALANYA
FAMILIAS RECONSTITUIDAS

«Como madrastra delego en mi pareja la función educativa»

Crecen las uniones cuyos miembros aportan hijos de relaciones anteriores

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«Belén era diferente. Aunque cariñosa con mis hijos, sabía mantenerse en un segundo plano... Eran algunas de las características indispensables que tenía que reunir mi nueva mujer, con la que llevo tres años. Y no era fácil», apunta Juan, de 51 años. La realidad de las familias reconstituidas —que son aquellas formadas por una pareja en la que uno o ambos miembros tienen hijos de una relación anterior—, es que son cada vez más habituales, pero tienen una ardua tarea por delante. «El desdoblamiento que suponen estos hogares, con una estructura bastante más compleja que las de carácter estrictamente nuclear o tradicional, hacen que presenten un nivel de estrés mucho mayor que las de tipo convencional», indica Roberto Pereira, psiquiatra, terapeuta familiar y director de la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar, quien añade además que el proceso de integración y consolidación de una familia de este tipo «no se logra generalmente antes de los tres o cuatro años y, los que tardan más de cinco, por lo general, acaban por divorciarse de nuevo».

Falsas expectativas

¿De qué depende que haya éxito o no? Según indica Gregorio Gullón, técnico del servicio de atención a familias reconstituidas de la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), de cómo afronten todos los integrantes los numerosos mitos que suelen rodear a una reconstitución familiar. El primero de ellos es que el ajuste familiar puede realizarse rápidamente algo que, matiza, es más bien al contrario: «El tiempo de adaptación es mayor, y el primer año de emparejamiento por lo normal supone un tiempo de riesgo, porque es cuando se va a negociar el funcionamiento de la nueva familia o se van a incubar los problemas que se van a desarrollar con posterioridad».

El siguiente mito, añade Pereira, es que el amor y los cuidados aparecerán instantáneamente. «Es habitual pensar que, al ser su segunda pareja, todo va a ser más fácil. En consulta se oye a menudo a la madrastra decir “van a tener la madre que nunca han tenido”, o al padre decir “después de ser una familia a medias tanto tiempo, por fin vamos a ser una familia completa”». La realidad, apunta este experto, «es que hace falta mucha paciencia y mucha flexibilidad para que esto salga bien».

Así lo entendieron Juan y Belén desde el principio, quienes aprovechan para recomendar a otras parejas en su situación que si hay niños menores, «se hagan las cosas muy despacio», porque de otra forma pueden aparecer lo que el experto denomina «conflicto de lealtades». Es decir, que la aparición de un nuevo miembro que ocupa el lugar de uno de los padres sea rechazada por el niño, que lo vive como una traición al progenitor ausente». En el caso de esta pareja esto no ocurrió y ella cuenta con el afecto de ambos hermanos, a pesar de que el experto advierte que la función parental en este tipo de familias es complicadísima y, en concreto, «mucho más para la madrastra que para el padrastro».

Esto lo cuidaron mucho y Belén asegura que desde el principio tuvo claro que no era su madre. «Si creo que tengo que decir algo, se lo digo al padre. Siempre me he mantenido en un segundo plano y delego en mi pareja la función educativa». Así lo recomienda Pereira, quien especifica que «en las etapas iniciales el padrastro o la madrastra deben delegar en el padre o la madre las medidas disciplinarias con los hijos, para que en las siguientes etapas comiencen a asumir, paulatinamente, ese rol».

La fase de consolidación

La comunicación, señala Alicia Garrido, profesora titular de Psicología social de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) e investigadora responsable de los estudios de UNAF, es imprescindible y parte clave en el éxito de su consolidación: «Si hay dos hogares, estos se tendrán que comunicar y no estar de espaldas. El niño sigue teniendo padre y madre, y no se puede prescindir de ellos, porque el niño no los suele sustituir».

Por último, indica Pereira, es necesario cuidar y nutrir la relación de pareja «fijando, de común acuerdo, las normas que regirán en el hogar, y también planificar un tiempo para estar a solas», cuestiones que la pareja del reportaje ha cumplido casi de forma inconsciente. «Nos reservamos una noche cada quince días para nosotros», revela Juan. Mientras que Belén confiesa que «para que una relación así funcione, las dos partes tienen que poner mucho de su parte». Ellos son el vivo ejemplo, concluye Pereira, «de lo que afirmaba el escritor inglés Samuel Johnson: casarse de nuevo representa el triunfo de la esperanza sobre la experiencia».