Esther de la Rosa (izq) y Marga Castaño se parten con lo que ven a su alrededor - Isabel Permuy

«La madre perfecta nunca se cansa, no tiene ningún trauma y siempre sonríe. Es agotador»

La guionista Esther de la Rosa y la ilustradora Marga Castaño sacan «Hardcore maternity», un cómic que intenta desacralizar la maternidad a través de un grupo de mujeres en una situación vital desastrosa

MADRIDActualizado:

Para alivianar la insoportable gravedad de ser madre divorciada, Esther de la Rosa y Marga Castaño lanzan dardos sanadores de humor cáustico. Y es que este par de amigas han sacado un cómic autobiográfico sobre «mamás desordenadas» que lidian con la dureza de la vida moderna en un Nueva York extenuante. Se llama «Hardcore maternity», porque compaginar tu hijo con el trabajo y con las ganas de marcha es tan complicado como suena. Se trata de un tebeo realista pero con pegajoso fantasma: el sentimiento de culpa.

¿Se dulcifica la dificultad de ser madre?

Esther: Tradicionalmente, ser madre es un misión intrínseca que se le supone a toda mujer, desde pequeña juegas a las muñecas y a ser mamá. Hoy en día, las mujeres están en el mundo laboral y los tiempos han cambiado. Lo que pasa es que cuando eres madre e intentas compatibilizar trabajo y ocio, esa imagen monolítica de maternidad no ha avanzado tanto como lo demás. Y sí, te pegas un susto porque no pensabas que esto iba a ser tan difícil.

¿Ser la mamá perfecta implica renunciar al tiempo de una?

Marga: Parece que si quieres tener tiempo propio ya empiezas a perder puntos. La madre perfecta es la que está perfectamente en el trabajo, perfectamente en casa y nunca se cansa, nunca está mal y nunca tiene ningún trauma. Y siempre con una sonrisa. Es agotador.

Sus madres le dan duro a Tinder.

Esther: En Nueva York, a mi alrededor, está integrado en la manera de relacionarte. Ya no solo para buscar una cosa de una noche, sino de buscar el amor. Quedo con una amiga y le tengo que decir: «Deja ya Tinder». A mí me provoca sensación de soledad, se pierde un poco la humanidad. Hay demasiada información en una pantalla y requiere un trabajo. El otro día me decía una amiga: entre el trabajo y el Tinder no tengo tiempo.

Marga: Es muy frío, como pasando un catálogo. Yo no lo uso, pero si lo usara creo que me pondría roja de mí misma.

Y mostráis la competitividad para crear al superhijo: que domine cinco idiomas, experto en origami... Ser niño también puede ser duro.

Esther: Hay que sobreproteger a los hijos y que sean cool incluso. Y que sepan de todo y estén hiperpreparados.

Marga: Les intentamos labrar un futuro con multiactividad y si habla tres idiomas mejor, aunque sean pequeños y no sepamos lo que les va a gustar hacer, hasta si estudiar o no estudiar. Hay mucha presión sobre los niños.

Las de 40 que no son madres también reciben su cuota de presión. Nadie se salva.

Marga: Es que parece que tu misión como mujer es tenerlos. Y esto no es una obligación, es una decisión personal.

Esther: Cuando llegas a los 40 te entra muchísima presión. Es que supone tal renuncia en términos laborales que piensas: ¿cómo voy a ser madre? Tenemos ambas un hijo, y a mí me decían: ¿y cuándo vas a tener el siguiente?, ¿no irás a dejarle solo? Parece que somos como fábricas, que no entraña ninguna dificultad.

«No hay una única forma de vivir la vida. Ni tampoco de ser madre», dicen. Censurar e incluso aplastar la libertad y al diferente es un comportamiento habitual, pero ¿cómo se explica en el caso de las madres del cómic?

Esther: Porque lo de ser madre está asociado a la divinidad, a la perfección. Es una visión sacra, por eso ponemos a mujeres que se divierten. Parecen malas, pero no son malas, solo se divierten. Son humanas.

Marga: Esto no es un manual para ser así obligatoriamente, y tampoco estamos criticando a las que ponen el niño en el centro.

Más que una visión diferente de la maternidad, ¿no es una descripición hiperrealista?

Esther: Total. Te dicen: «Todos sabemos que las madres tienen que hacer un gran sacrificio». Pero no queremos ser sacrificadas... Somos personas que también nos lo queremos pasar bien. A veces lo conseguimos, a veces no.

¿Han notado diferencia entre las facilidades y dificultades para ser madre en Estados Unidos o en España?

Esther: No, somos la madre y llevamos una carga bastante grande. Es una ciudad mucho más cara que Madrid (donde reside Marga). Está bien que hay muchas escuelas públicas gratuitas, pero salen a las dos y media de la tarde y, generalmente, todos los programas extraescolares son pagados y carísimos. El acceso a la salud es más complicado. Respecto a la reducción de jornada, creo que lo que pasa es que las mujeres se nos expulsa de manera parcial del mercado laboral, e igual tú no quieres. Los horarios en Nueva York son distintos, más racionales, generalmente sales a las cinco o seis de la tarde. Y las bajas de maternidad no existen, es una cosa que se pacta con la empresa. Los permisos de paternidad tampoco existen.

¿Y entre la educación que recibieron y la que dan?

Esther: Antes creo que la educación era más estricta. Te callas porque soy tu padre o tu madre. Y ahora intentas hablar con el hijo. Hay que manejarlo bien para que no llegue a convertirse en el niño rey, al que no se le exige nada.

Marga: También está el miedo a sobreprotegerlos.

El sentimiento de culpa es un tema central del tebeo. ¿El cómic ha sido una manera de enfrentarse a él?

Esther: Sí, ha sido un ejercicio de canalizar muchas cosas, muchas conversaciones con amigas y entre nosotras dos. El último episodio se llama catarsis. La vida me ha dado ocho vueltas, y este tema de la maternidad... Sí, ha ayudado.

Butoh, la meditación más rara y hasta tarot. Vuestros personajes buscan la salvación con las técnicas más sofisticadas y/o esotéricas. Y la salvación no es fácil...

Marga: Parece que cuando llegas a cierta edad tienes que tener toda tu vida resuelta, y no es así.

Esther: Igual ahora hay más precariedad vital o también lo hemos complicado todo. Esto lo noto mucho en Nueva York, con gente joven en profesiones liberales. No sabes la cantidad de gente que está con la meditación, con el ayahuasca, con las corrientes ayurbédicas, con yogas y de todo. Que no es que respetes la espiritualidad, es que la imagen de la persona que va a la virgen de Lourdes se ha modificado y ahora haces todo tipo de cosas para encontrarte a ti mismo. Y, al final, es un yo, yo, yo... ¿Qué vas a encontrar?