Familia - Padres e hijos

Madre y trabajadora, la eterna batalla de las españolas por la conciliación laboral

Nuria Chinchilla, coautora del informe «Maternidad y trayectoria profesional», cree que «ningún Gobierno ha dado con la clave para promover la maternidad sin que sea un lastre para la vida laboral»

El 53% de las españolas afirman que ser madre les ha impedido una mayor proyección profesional
El 53% de las españolas afirman que ser madre les ha impedido una mayor proyección profesional - FOTOLIA

Las mujeres españolas siguen soportando la sobrecarga de roles laborales y familiares, aunque trabajen a jornada completa y convivan en el mismo hogar con su pareja. La mayoría de ellas, además, sigue encontrando obstáculos en su trayectoria profesional por razones de sexo, que en muchos casos tienen que ver con la maternidad, a pesar de estar mejor preparadas. Son los datos recogidos en el estudio «Maternidad y trayectoria profesional», realizado por IESE Business School, en colaboración con Laboratorios Ordesa, que analiza los factores que limitan el pleno desarrollo laboral de las trabajadoras que son madres o pretenden serlo.

«En España hay una cultura de empresa poco sensible con la maternidad y la paternidad», explica Nuria Chinchilla. Es profesora y directora del Centro Internacional I-WIL que lucha por impulsar políticas de conciliación en el entorno laboral, especialmente a favor de las mujeres, quienes sufren los peores efectos de la actividad «mecanicista y cortoplacista» de las empresas. El 53% de las españolas afirman que ser madre les ha impedido una mayor proyección profesional. Algo que no ocurre en otros países europeos, donde sí se fomentan «políticas familiares progresistas».

«Se asume que a la mujer le corresponden determinados roles por el mero hecho de ser mujer»
«La inserción de la mujer en el mundo laboral se ha producido en España más tarde que en el resto de Europa, pero de forma más intensa y en un periodo de tiempo menor –con un repunte mayor en la década de los noventa—. Y junto a este incremento en la tasa de actividad se está produciendo una fuerte caída de la natalidad.» En los países nórdicos, por el contrario, esta correlación cambia de sentido: hay más mujeres trabajando y además sus tasas de natalidad son mayores.

Carencia de un soporte político

Mientras que los países de la Unión Europea destinan de media el 2,2% del PIB para ayudas a familias, España destina como máximo el 1,4%. Estas cifras contribuyen al «parón demográfico que sufrimos», asegura la profesora. Chinchilla cree que ningún Gobierno ha dado con la clave para promover la maternidad sin que sea un lastre para la vida laboral, entre otras cosas, porque «se da por hecho que las parejas van a tener hijos». Frente a esta creencia, el 97% de los encuestados para el estudio –8.500 hombres y mujeres– dice que las ayudas a la maternidad son prácticamente inexistentes y que, sin un soporte político, formar una familia se vuelve una difícil tarea.

El informe revela que más de la mitad de las mujeres y hombres preguntados reconoce haber tenido menos hijos de los que deseaba –hay casi un niño de diferencia entre los que se espera tener y los que finalmente se tienen. Aunque el descontento es generalizado, en esta radiografía de los obstáculos de padres y madres para conciliar, pierden ellas: más del 80% se ocupan del cuidado de los hijos, limpieza y alimentación en el hogar. Ellos invierten más tiempo en actividades lúdicas con los niños. Esta diferencia es menos pronunciada cuanto mayor es el nivel educativo de los cónyuges, lo que indica que la educación «es un factor que facilita la corresponsabilidad entre ambos».

Micromachismos

Los grandes obstáculos en la trayectoria profesional de las trabajadoras son los micromachismos, que Chinchilla define como «la aceptación implícita de situaciones de desigualdad de la mujer con respecto al hombre». «Se asume que a la mujer le corresponden determinados roles por el mero hecho de ser mujer», afirma. Esta coyuntura podría resolverse, según la autora del informe, con «mecanismos que eviten discriminaciones, y es el Estado el que debe abonar el terreno y quien tiene la capacidad de legislar.

El nuevo orden laboral requiere de nuevas medidas. Una de las más reclamadas es el adelanto de horarios, un tema «pendiente, dramático e injusto que debería de debatirse en términos que van más allá de las horas de sol». Otra solución pasa por blindar los contratos laborales para hombres y mujeres, ya que hacerlo sólo para los casos de trabajadoras «nos convertiría a las mujeres en una especie de especie protegida». De cualquier forma, Chinchilla afirma que del estudio se desprende una «clara necesidad de cambio cultural», que aunque con lentitud, «ya está empezando a producirse».

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