DÍA DE LA MADRE «El grave error de las madres es olvidar quienes eran antes de tener hijos»

Nuria Pérez ha escrito un libro para ayudar a las mamás a recuperar su identidad perdida

DÍA DE LA MADRE: 
«El grave error de las madres es olvidar quienes eran antes de tener hijos»

Planchar la ropa. El correo por responder. Renovar la tarjeta. Escribir al tutor. YA, llamar al banco. Ordenar mi armario. Gestionar la factura. Enviar las invitaciones. Recordar los cambios al cliente. Comprar el regalo del sobrino. Coger cita en la pediatra. Recoger el dinero del regalo del cole. Llevar los abrigos a la tintorería. Pagar la multa. Hablar con el asesor fiscal. Hacer la compra del mes. Preparar el chándal del colegio. Regar las plantas. Cambiar las sábanas. Descongelar la cena. Pasar por la gasolinera. Entregar el artículo. Buscar campamento. Cortarles las uñas. Poner la trona en venta. Silenciar el WhatsApp de clase. Revisar la propuesta de venta. Hacerme la cera. Enseñar al niño a atarse los cordones. Calmar la pelea entre hermanos... Esta podría ser la agenda de cualquier mujer con hijos y trabajo de España pero.. ¿y ella, quién es? Esa es la pregunta que hoy, 7 de mayo y Día de la Madre, se hace Nuría Pérez, autora del libro «Te mereces esto y mucho más».

En esta obra, la escritora, publicista y «coach» de madres comienza describiendo una sensación que, a su juicio, define al 99% de mujeres que llegan hasta ella: «La mayoría se iban a la cama con una extraña sensación, un malestar... Ese sentimiento constante de no llegar, de haber olvidado algo, de estar haciéndolo mal». «Muchas son las que caen exhaustas, tras horas de trabajo, carreras para llegar al fútbol del niño, las cenas, los baños, ese disfraz que se nos resiste, ese informe aún por terminar... Y que cierran los ojos diciendo: "Mañana, mañana saco tiempo para mí". Pero no terminan por encontrarlo», advierte.

—Llega mañana y, de nuevo, las horas no dan. ¿Por qué las mujeres no acaban de encontrar un hueco para ellas?

—El grave error de la mujer es olvidarse de quién era antes de ser madre. Se olvidan de sus gustos, de sus aficiones y, en definitiva, de cómo eran antes de que sus hijos llegaran a sus vidas. Es importante darnos un poco de protagonismo. Demasiado a menudo nos olvidamos de un mantra que repito siempre: Los niños felices son hijos de madres felices. El no dedicarnos tiempo, luego se refleja en nuestros niños, que nos ven mal, que no estamos serenas... Debemos tomarnos muy en serio lo de tomarnos un hueco en la agenda para quedar con nosotras mismas. Aunque sea pequeño. Ese es el mejor regalo que podemos hacernos por el Día de la Madre. Reserva un tiempo para ti misma, y hazlo en serio, igual que nos tomamos en serio el pediatra o la entrega del informe.

—¿De dónde sacamos ese tiempo, si al día le faltan 24 horas?

—Debemos ordenar nuestras prioridades. Las redes sociales nos han llevado a aspirar a un mundo de perfección en todo lo que nos rodea con el que es imposible cumplir: La casa tiene que estar perfecta, nosotras tenemos que estar siempre guapísimas, nuestros niños ideales... Todo tiene que ser precioso para subirlo a Instagram. Estamos volcando nuestro tiempo en cosas que no lo merecen tanto como nosotras mismas. ¿Qué pasa si no pasamos la aspiradora? ¿Qué pasa si no plancho hoy? Nos organizamos mal y además, hay una presión muy grande, en parte, por las redes sociales. Mi experiencia es que, si una de verdad quiere y se sienta con la agenda en la mano, el tiempo se saca de dónde no lo hay.

—Muchas no quieren robarles el tiempo a sus hijos, y los colocan como su prioridad absoluta.

—En efecto. Precisamente en el libro hay una cita que viene al caso, y es la advertencia de seguridad que se hace antes de despegar en los aviones: Póngase usted la mascarilla primero, y después a su hijo. Porque en caso de despresurización de la cabina, no podrá atenderlo. En algún momento perdemos de vista este concepto. Nos hemos confundido, pensando que podemos obviar nuestra felicidad en favor de la exclusiva felicidad de nuestros hijos.

En algún momento hemos pensado que era egoísta dedicarnos tiempo o sacarlo de otras cosas, como tener la casa perfecta, o ha realizar 500 millones de eventos, poniéndolos al final de la lista. La intención no es que la madre renuncie a minutos con su hijo, ni mucho menos. Pero me parece importante volver a ser protagonistas. Les estamos dando un ejemplo necesario si lo hacemos.

Por contra, si dejamos de hacer todo lo que nos gusta, les estamos transmitiendo un mensaje muy peligroso. Hace poco publiqué un vídeo donde hablaba precisamente de esto: Tus hijos necesitan tu talento (si tocabas algún instrumento, o dibujabas, o eras aficionada a un deporte...) Pero si ven que tú lo tenías, pero que lo abandonaste, ese niño aprende que los talentos no son importantes. Y a lo mejor el mundo se está perdiendo un nuevo genio. Porque a lo mejor dentro de tu hijo hay un escritor, un pintor importante...

—¿Cuál es su propuesta?

—La mujer tiene que escuchar su voz interior. Si no lo hace, se topará con alguna excusa, se esconderá detrás de su infinita lista de cosas por hacer, dejando pasar la vez. Mi propuesta es que las madres tienen que comprometerse con ellas mismas. Aquí. Ahora. Hay que empezar por dedicarse un tiempecito corto, un paseo, un ratito de lectura... Si le das permiso, esa pasión va a terminar saliendo. Cogerás de nuevo el pincel, el piano o la guitarra. A mi juicio, la pintura aporta tanto como las «mates», ese es el mensaje. Insisto, este es un concepto muy importante: Tenemos que transmitir a nuestros hijos la importancia de la realización personal. Y esto no se aprende en el colegio. De nada nos sirve que sean fantásticos líderes si el día de mañana están frustrados. Su realización pasa por nuestro ejemplo.

—¿Cuánto tiempo lleva, según su experiencia, retomar la identidad perdida?

—La experiencia me ha enseñado que el recorrido que una mujer hace para renacer tras la maternidad suele llevarle el mismo tiempo que una gestación: nueve meses, dividido con sus tres trimestres. En el primero se empieza con la necesidad de recuperar voz e identidad, en el segundo, con esa idea ya en la cabeza, se trabaja el miedo, y en el tercer trimestre, domado ya el miedo y decididas a saltar, es el tiempo de compartir los frutos. Precisamente porque no hay tiempo, los textos son breves, meras ideas de inspiración.

—¿Por dónde empezamos a recuperar voz?

—Podemos empezar por dar una patada a la perfección. Por distinguir entre lo que tienes que hacer, y lo que se supone que tienes que hacer. Todo tiene que ver con volver a tu mundo interior. Creo que estamos demasiado en el mundo exterior. Tenemos siempre el foco puesto en el otro, en lo que hacen los demás... Y nos olvidamos de lo que nos gustaba, lo que nos emocionaba, lo que éramos... Sin embargo, sabemos todo de esa persona a la que seguimos en redes sociales como Instagram o Facebook.

—Que tienen vidas, por lo general, mucho más bonitas que la tuya.

—El punto que más me asusta de todo esto es la perfección. Veo a muchas madres frustradas, que en realidad son madres interensantísimas, monísimas, fantásticas, pero con una autoestima a nivel mínimo. Deberían saber que todo lo que se comparte está tan filtrado, tan editado, y a la vez es tan irrealista... Nos hemos olvidado de lo bonita que es la imperfección y las cosas reales. Sugiero ir más despacito por la vida, y aprender a decir «NO».

—¿Por qué a algunas madres les resulta tan difícil decir no?

—No sabemos, pero no saber decir «NO» a tiempo es un mal general a muchas mujeres, como si estuviera en nuestro ADN. Sacamos siempre tiempo para los demás, y todo nos parece igual de importante. Esto lo trabajo mucho con mis clientes: «Tengo que...» ¿De verdad «tienes que»? No pretendemos. Esperamos a ver si hay suerte y los demás (marido, jefe, hijos, amigos...) se dan cuenta. Pero hay decisiones que tenemos que tomar nosotras. Igual que puedes hacer cosas para los demás, las puedes hacer por ti misma.

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