Familia

«Nos llegan niños con mucho miedo y "mal asesorados" por uno de sus progenitores»

Los Puntos de Encuentro Familiar se presentan como un espacio seguro y una segunda oportunidad para que los menores tengan una relación «equilibrada» con ambos padres

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Ilusiones no cumplidas que dan lugar a familias rotas. Separaciones y divorcios envueltos en conflictos en los que parece imposible llegar a un mínimo acuerdo. Si hay hijos, son los grandes perjudicados; no pueden crecer en compañía de sus dos progenitores y, en ocasiones, una de las partes niega al progenitor no custodio ver a su hijo.

Cuando esto sucede, los Centros de Apoyo y Encuentro Familiar (CAEF) aparecen en escena para mediar y posibilitar que un menor no quede privado de uno de sus padres o de su familia extensa. «Ofrecemos un espacio seguro con profesionales técnicos para que los padres no custodios puedan ver a sus hijos. El objetivo es garantizar y velar por el interés superior del menor cuando hay una resolución administrativa o judicial que entiende que hay que mantener estas visitas», explica Milagros León Martín, subdirectora de Familia dependiente de la Dirección General de Familia de la Comunidad de Madrid.

Todas las parejas llegan obligadas

Hasta estos centros llegan familias que en un porcentanje muy alto han sido derivadas por un juzgado. «Se trata de parejas, casadas o no, que en el momento de separarse el juzgado dicta unas medidas civiles que no cumplen –aclara Sabina Benito, responsable del Punto de Encuentro Familiar del CAEF Mariam Suárez–. También pueden venir por comisión de tutela. En cualquier caso, todas las familias que recibimos vienen obligadas, lo que ya supone una primera dificultad».

La Comunidad de Madrid hace de intercomunicadora con los juzgados y con la administración, puesto que recibe las sentencias en las que se fija el régimen de visitas. Con ese alta y la documentación pertinente, desde el CAEF se ponen en contacto con ambas partes de forma separada: con el padre con el que vive el niño y con el que no le ve.

«Tenemos una entrevista inicial porque a veces la información que nos llega es escasa o no se refleja algún datos que nos interesa –matiza Sabina Benito–. Así obtenemos las dos versiones, que es lo esencial a la hora de trabajar con ellos. Necesitamos conocer ambas realidades para saber por lo que está pasando el niño. Abordamos cada caso con un equipo multidisciplinar con profesionales de la Psicología, el Trabajo y la Educación Social. Disponemos, además, de servicios de mediación familiar, orientación psicológica y de una escuela de familia que ofrece conferencias y cursos. De esta forma, se intenta que las partes sean conscientes de que el niño está siendo utilidado y es un arma arrojadiza dentro del conflicto. Solo el hecho de privar al pequeño de ver a su otro progenitor es hacerle partícipe y víctima de la disputa», puntualiza.

«La culpa es del otro»

El problema es que «la culpa siempre es del otro» y para estos profesionales es muy difícil cambiar esta visión en la pareja y que comprendan que ambos son responsables del problema y de la situación del pequeño. En las diferentes entrevistas y reuniones se les facilitan recursos y herramientas para gestionar su relación y que puedan marcharse cuanto antes de aquí porque su conflicto se ha resuelto. El punto de encuentro es transitorio, no se puede cronificar su situación», asegura Gabriela González, coordinadora del Centro de Apoyo y Encuentro Familiar Mariam Suárez.

El propósito es ayudarles a evolucionar porque cuando llegan hasta los CAEF no saben muy bien por qué les han quitado los niños, qué hacen allí... «No hablamos de culpas, no criticamos ni juzgamos a nadie por llegar a esta situación –apunta Sabina Benito–. Solo acompañamos, asesoramos y guiamos a las familias. De las 110 que atendemos al año, cien son capaces de dar ese alto cuantitativo y cualitativo de toma de conciencia con sus hijos para que su situación cambie porque, de lo contrario, va en detrimento del sano desarrollo de sus hijos».

Además de analizar el momento actual que atraviesan para buscar c onsenso y soluciones en beneficio del menor, estos profesionales tratan de que la pareja visualice también su futuro. «Aquí, en teoría, están en un espacio controlado donde se trabaja con ellos muchas variables, pero lo importante es que el día de mañana sean autónomos y ganen en comunicación. Ya no son pareja, no tienen porqué ser amigos, pero sí deben abordar de forma pacífica la relación con su hijo. Y da igual que la criatura tenga seis meses que 17 años –matiza la responsable del (CAEF) Mariam Suárez–. Un hijo necesita a sus padres en todas sus etapas. En el momento en el que les falta uno de estos dos pilares, todo se desestabiliza. No hay que olvidar que esos niños tienen muchas posibilidades de repetir los patrones que han vivido en su infancia».

Momento complejo

Los CAEF tienen salas habilitadas para el encuentro entre el niño y progenitor que está privado de verle. Es un momento complejo. Los niños tienen miedo porque todo es nuevo y, en ocasiones, están mal «asesorados» por unos progenitores que condicionan negativamente al pequeño para que se sienta inseguro y en contra de «la otra parte», tal y como se denominan dentro de la pareja.

Esta «otra parte» puede llegar con los nervios propios del deseo de tener por fin un encuentro con el hijo al que no ve desde hace tiempo, o sentirse bastante enfadado porque el día anterior se cruzó por la calle con el pequeño y ni le saludó. Se les intenta transmitir a los padres que aprovechen su poco tiempo de encuentro porque es el único instante que van a tener con ellos. «Tenemos que ayudarles a digerir todo su enfado y malestar para que aprovechen su cita, aunque no sea el lugar ideal porque no es el salón de casa», matiza Benito.

Ojo avizor

Por lo general, la primera visita es tensa. Y muy emocional. A la sala entran el progenitor no custodio, el niño y un técnico del CAEF. «Hay que tener un ojo avizor –puntualiza Gabriela González–. Es una situación compleja que les provoca tensión por la presencia del técnico, lo que viven como un momento muy invasivo, pero deben estar, no por lo que el padre trae o dice, sino por lo que el niño ve y escucha, que es un matiz diferente», aclara.

Al finalizar las cita, los profesionales del centro ven a la pareja por separado y transmiten cómo se han sentido porque ofrece muchas pistas a los trabajadores sociales. Con el niño no se habla para no aturdirle. Lo que él piensa les llega a los profesionales a través de lo que les cuentan los padres. El objetivo es que con el paso de las semanas cada vista sea más normalizada y se llegue a un entendimiento a favor del pequeño.

Perfil de parejas

Hace años llegaban a los puntos de encuentro familias desestructuradas y en riesgo de exclusión social con las que había que intervenir a nivel muy básico, enseñándoles, incluso, a poner un babero. La mayoría tenía problemas de salud mental, trastorno bipolar o límite de la personalidad. También con adicciones.

Hoy es diferente. «Seguimos con familias en riesgo de exclusión, pero hay una gran remesa de padres profesionales que tienen un conflicto con sus hijos. El motivo es que ahora vivimos en un caos familiar —asegura Gabriela González, coordinadora del Centro de Apoyo y Encuentro Familiar Mariam Suárez—. Hay más separaciones, no se controla igual a los niños, no se les pone límites o no los respetan, pasan más tiempo solos en casa..., y eso al final, siempre pasa factura en la armonía familiar. Además, cada vez es mayor el número de mujeres que llegan aquí para ver a sus niños, porque la custodia la tiene el padre, algo que resultaba muy anecdótico hace unos años».