Con la llegada de las vacaciones se estrenan 5 (nuevos) conflictos entre padres e hijos

Los expertos advierten del riesgo de crear una relación de simetría entre adultos y niños. Enfocar la relación con los hijos como si fueran amigos genera pérdida de autoridad

MADRIDActualizado:

La llegada de las vacaciones lleva asociado un aumento de las visitas a terapia con temas comunes y recurrentes propios de esta época. Concretamente la terapia familiar experimenta un crecimiento del 60% respecto al resto del año. Son muchos los padres que acuden en estas fechas para tratar de salvar los conflictos principales que surgen con los más pequeños de la casa.

Verónica Rodríguez Orellana, directora y terapeuta de Coaching Club, explica que «el principal problema que encontramos con este tema es la fórmula de educar a los niños, estableciendo una simetría respecto a los adultos. En nuestra consulta trabajamos a diario con familias cuyos hijos, tanto niños como adolescentes, se sienten posicionados en la misma escala que los adultos, infravalorando y desvirtuando la figura parental. De esta manera, se sienten dueños de su tiempo y de sus decisiones, molestándose e irritándose cuando los padres les muestran alguna reconvención o les ponen alguna cortapisa, por lo que se hallan en un estado de insatisfacción permanente».

Redes sociales: territorio de riesgo

Las redes sociales se han convertido en una fuente inagotable de debate y polémica entre padres e hijos. Las terapias relacionadas con esta temática ocupan ya un puesto importante entre las más solicitadas, con un 21% de los casos. Para los hijos, constituyen un espacio de autonomía y libertad en el que su capacidad de decisión y de actuación no conoce restricciones ni sordina. Para los padres, por el contrario, suponen un territorio pantanoso y de riesgo en el que adolescentes y niños, inermes y desamparados, se exponen a los peligros incesantes de lo desconocido y de los desconocidos.

La generación del «ya mismo»

Un problema añadido es la proliferación de nueva tecnología en el mercado: smartphones, tablets, plays, etc. que lleva a los niños y adolescentes a incrementar su nivel de consumismo compulsivo en su deseo de estar a la última y no quedarse atrás respecto a sus amigos. Durante estas fechas este dato crece alarmantemente.

Tribus alimentarias

En las sesiones grupales de coaching se observa cada vez más un inusitado interés, convertido casi en monomanía, en una supuesta alimentación sana en la que se suprimen determinados alimentos sedicentemente nocivos como carnes, lácteos o harinas. Esta decisión de los padres incide negativamente en la dieta de los hijos, que imitan las elecciones de los mayores y las transforman en propias, las más de las veces sin tener una idea aproximada de lo que tales decisiones implican.

«La preocupación de algunos padres porque sus hijos coman muy sano se puede transformar en ansiedad, obsesión y hasta terror por ciertos alimentos, lo que termina repercutiendo, además de en su propia salud, en su sociabilidad: si van a un cumpleaños o si tienen una celebración en el cole no pueden comer tarta con granola o rechazan los batidos que no son naturales, las barbacoas, etc», explica la terapeuta.

Salidas conflictivas

Se trata de un tema estrella a la hora de provocar disputas entre padres e hijos: el momento en el que estos reclaman empezar a salir con sus amigos por la noche, encendiendo todas las alarmas posibles en el hogar.

«Normalmente, recomendamos a los padres que no utilicen el arma de la prohibición en una etapa en la que la sociabilidad resulta importantísima y crucial para su desarrollo, pero sí negociar a conciencia horarios de llegada, establecer normas claras y enseñarles pautas de actuación para protegerse»

Límites difusos

Desde Coaching Club se advierte del riesgo que se provoca en ciertos padres al querer enfocar la relación con los hijos como si fueran amigos. Esto lleva a la creación de una relación simétrica y carente de autoridad entendida como referente del cuidado, del amor y de los limites.

«Son muchos los padres que temen perder el amor de sus hijos, sobre todo en caso de divorcio, entonces no intervienen poniendo límites. Se observa en las sesiones de coaching padres muy ocupados que les resulta más fácil no generar situaciones de conflicto (para seguir haciendo lo que están haciendo) y acceden a todo lo que sus hijos les piden. También ocurre que se les dificulta sostener y acompañar la frustración y angustia de sus hijos porque requiere de un replanteo personal y sobre todo de sostener la autoridad», concluye Verónica Rodríguez Orellana.