CELESTE DE ECHEGARAY

DÍA DEL PADREJavier: «Queremos ser padres más conscientes, responsables, equitativos, respetuosos y activos»

Una exposición en el Hospital Rey Juan Carlos de Móstoles muestra los retratos de los nuevos estilos de progenitores

MADRIDActualizado:

«Queremos ser más conscientes, más responsables, equitativos, respetuosos, y activos». Así se autodefinen los padres que posan para la fotógrafa Celeste De Echegaray en esta exposición «La paternidad se mueve», que se puede ver desde el pasado jueves en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles. La muestra fue ideada con el fin de reflejar cómo se ven ellos mismos cuando están ejerciendo este nuevo estilo de paternidad, y partió del equipo de matronas del centro hospitalario en colaboración con el psicólogo Javier De Domingo, socio de AHIGE, antaño creador del grupo ·Siloshombreshablasen», autor del libro «Hombres, padres y un hijo» (Cuatrohojas), y uno de los hombres fotografiados.

El objetivo de esta muestra es poner el foco en cómo la incorporación y participación del hombre incide en la salud de sus hijos e hijas y de su pareja. «Se busca la corresponsabilidad del padre en los cuidados, porque esa sigue siendo una de las asignaturas pendientes del hombre», insiste De Domingo.

De Echegaray se metió de lleno durante un mes en el proyecto. Buscó y contactó con padres que tuvieran una crianza activa a través de organizaciones como AHIGE (Asociación de Padres por la Igualdad de Género), PPIINA (Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción), Papiconcilia, quedó con ellos, y les acompañó en su día a día. El resultado son una serie de fotos no posadas, aunque con una evidente edición posterior que reflejan, según las propias palabras de la autora, «el inmenso respeto por la familia de todos estos hombres».

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  1. Diego, con su hijo Martín, de 9 meses

    CELESTE DE ECHEGARAY

    «Queremos ser más conscientes, más responsables, equitativos, respetuosos, y activos». Así se autodefinen los padres que posan para la fotógrafa Celeste De Echegaray en esta exposición «La paternidad se mueve», que se puede ver desde el pasado jueves en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles. La muestra fue ideada con el fin de reflejar cómo se ven ellos mismos cuando están ejerciendo este nuevo estilo de paternidad, y partió del equipo de matronas del centro hospitalario en colaboración con el psicólogo Javier De Domingo, socio de AHIGE, antaño creador del grupo ·Siloshombreshablasen», autor del libro «Hombres, padres y un hijo» (Cuatrohojas), y uno de los hombres fotografiados.

    El objetivo de esta muestra es poner el foco en cómo la incorporación y participación del hombre incide en la salud de sus hijos e hijas y de su pareja. «Se busca la corresponsabilidad del padre en los cuidados, porque esa sigue siendo una de las asignaturas pendientes del hombre», insiste De Domingo.

    De Echegaray se metió de lleno durante un mes en el proyecto. Buscó y contactó con padres que tuvieran una crianza activa a través de organizaciones como AHIGE (Asociación de Padres por la Igualdad de Género), PPIINA (Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción), Papiconcilia, quedó con ellos, y les acompañó en su día a día. El resultado son una serie de fotos no posadas, aunque con una evidente edición posterior que reflejan, según las propias palabras de la autora, «el inmenso respeto por la familia de todos estos hombres».

    Diego, que es el primer fotografiado que aparece en este trabajo con su bebé, se estrenó como padre hace tan solo ocho meses, y cuenta cómo está siendo para él esta experiencia: «Evidentemente ejerzo una paternidad totalmente distinta a la que ejerció mi padre conmigo. Soy abogado como él pero para empezar, todas las tardes trabajo en casa, en lugar de en el despacho, para poder estar presente. También hago las primeras tareas con el niño, de cambio de pañal, desayuno... Porque después mi mujer se queda todo el día con él. Trato también darle de comer yo al medio día y de bañarle, ponerle el pijama, darle de cenar y acostarle», cuenta. «Los fines de semana, salvo por obligaciones de trabajo, está todo el tiempo conmigo».

    Todo esto difiere mucho de lo que hacia su padre con él, asegura. «Aunque ha sido un padre para mí, esa fase inicial no la vivió conmigo, no hacía ese tipo de tareas diarias no las hacía. Digamos que en su época uno se refugiaba en el trabajo, eran otras reglas sociales». «¿La verdad? No quiero hacer otra cosa. Estoy encantado. Quiero asumir la responsabilidad de ser una figura para él, y creo que esta es la mejor forma de hacerlo».

  2. Javier, con su hija Aitana, de un año y medio

    Javier, porrteando a su última hija, Aitana
    Javier, porrteando a su última hija, Aitana - CELESTE DE ECHEGARAY

    Javier De Domingo, psicólogo y padre de tres hijos, está súper comprometido con la corresponsabilidad parental. Él fue en su día el creador del conocido grupo #Siloshombreshablasen, y no duda en participar en cuantas iniciativas se presenten dirigidas a la corresponsabilidad: «Los hombres somos parte del problema y por eso debemos ser parte de la solución. Y eso implica incorporarnos a los cuidados, a entender la corresponsabilidad, a acogernos los permisos de paternidad, y a interiorizar que la familia es cosa de dos, no de uno y que el otro ayude. No puede haber una relación de igualdad en la cual la mujer está subyugada a roles de épocas pasadas, que no dan ni la genética ni la naturaleza. Las mujeres no tienen un gen específico para planchar o poner la lavadora. Y menos para las cosas que tienen que ver con los cuidados como peinar o cortar las uñas de los pies a tu hijo».

    Para Domingo, el tiempo de la mujer es tan valioso como el del hombre, el ocio y el desarrollo profesional es tan importante como el del hombre algo que, a su juicio, no sucede. «La mujer se ha incorporado al mercado laboral, pero el hombre no se ha incorporado de la misma manera a las tareas de los cuidados de la familia y del hogar. Incido en la palabra cuidados porque a veces el hombre se piensa que por llevar a los niños al colegio ya ha cumplido. Pero la realidad es que luego es la madre la que en su trabajo pide tiempo para ir a una reunión pedagógica del colegio, y esto se asume como lógico y natural que el jefe lo entiende. Pero si es el hombre el que dice a su jefe que tiene que ir a una reunión con los profesores de su hijo, la tendencia es preguntar: ¿Y por qué tienes que ir tú? Esto es algo que tenemos interiorizado como sociedad. Al hombre hasta le da apuro reivindicar lo que le pertenece, que son los cuidados de su familia», remarca.

    Hay un término que a este psicólogo le parece importante recalcar, «que es el de que el hombre incorpore la doble y triple agenda: Existe la agenda del hombre, la de la mujer, y la de los niños. Como yo traigo el mammut a la cueva, ya puedo sentarme a descansar...». «La pareja ha de ser un acuerdo de solidaridad. No de subyugación, porque las mujeres son sujetos, no objetos», insiste Javier De Domingo.

    Ante esta desigualdad, prosigue, «cobran especial relevancia iniciativas como la de AHIGE, PPIINA, #Siloshombreshablasen, Papás Blogueros, Papicocilia, o esta exposición para visibilizar que muchos hombres demandamos y trabajamos por un cambio». «No nos consideramos héroes, sencillamente somos personas corrientes que nos hacemos cargo del camino trazado hace mucho tiempo por las mujeres, que ya nos toca», concluye.

  3. David Kaplun, padre de una niña de 11 años

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    David Kaplun es miembro activo de AHIGE y padre de una niña de 11 años con la que posa en esta fotografía. Kaplun habla desde su experiencia, más que desde el acercamiento técnico: «Pero sí tengo una visión muy clara, sobre todo después de pasar por distintas etapas de su desarrollo. Así es como te vas dando cuenta de que en realidad estás viviendo en un mundo de mujeres. Lo notas cuando vas al colegio y ves que la mayoría de las madres son madres, y que lo mismo ocurre en los grupos de WhatsApps, o en quién se encarga de según qué cosas a la hora de organizar la parrillada del domingo».

    Socialmente, continua, «el tema de los hijos va dirigido sobre todo a ellas, es algo que se entiende así. Pero sí que es cierto que a los hombres que nos estamos viendo en la Asociación no nos gustan determinados roles. No nos rebelemos contra ellas. El problema no está en culpabilizar a unos y otros. El problema está en cómo venimos formando como sociedad a los peques que vienen detrás».

    A juicio de Kaplun, hay una cosa que no nos hemos parado mucho a pensar: «Cuando una pareja decide tener un hijo lo deciden entre los dos. Pero esa decisión que comienza siendo de ambos, tiene una letra pequeña mucho más larga para ellas que para ellos. Toda la parte de responsabilidades, la parte que tiene que ver con los cuidados que no son agradables, son tareas que están totalmente feminizadas. Los cuidados de los chicos están relacionados con el ocio, ir al parque, ver una película... Pero cuidar no es solo esto», recuerda.

    Cuidar, explica, «es también acoger cuando vienen mal de clase porque han sacado una mala nota, es ayudarles a tener al día los deberes y ponerse con ellos, ofrecerles un lugar seguro en el momento que vengan con algún conflicto del colegio, que el lugar donde viven esté limpio, ordenado, cómodo... Y eso implica limpiar baños, fregar platos... Esta parte es la que no terminamos de entender los chicos».

    Pero todas esas responsabilidades que van parejas a esa primera decisión que tomaron esas personas cuando iban a tener un hijo se le otorga a las chicas. Ellas la reciben como parte de su identidad, y se sobrecargan, recreando un estigma que para ellas también es muy perjudicial, que es el de la súperwoman. Esto supone que muchas veces estén pendientes de todos los círculos que están alrededor suyo y se dejen de lado a sí mismas, lo cual les acaba pasando factura».

    David Kaplun propone «hacer es un reparto de tareas de forma equitativa». Esto implica, afirma, «sentarse y ver desde dónde estamos reproduciendo los esquemas que no queremos. Es un trabajo de revisión no de una vez al año, ni de una vez al mes: Es diario. En ese sentido implica a la pareja mucha flexibilidad, mucha capacidad de adaptación. Pero desde ahí puedes lograr una joya: Tener una capacidad de entrada en la vida de tus hijos que de otra forma no tendrías. Vas a tener acceso a un montón de dimensiones de tus hijos. Estar presente de forma más clara en todos los tipos de cuidados hace que tengas una noción mucho más global de esa persona que se está conformando. Esto es oro puro», concluye.

  4. Mariano Nieto, tres hijos de 29, 26 y 20 años

    Mariano con su hijo Gonzalo, de 20 años, se observan en una pantalla
    Mariano con su hijo Gonzalo, de 20 años, se observan en una pantalla - CELESTE DE ECHEGARAY

    Mariano tiene 58 años, de los cuales ha compartido 30 con una mujer maravillosa con quien ha tenido dos hijas de 29 y 26 años y un hijo de 20. Cuando nacieron sus hijas e hijo, en los años 80 y 90 del siglo pasado, «disfrutó» con cada uno de tres días de permiso de paternidad: «Se suponía que era el tiempo suficiente para cumplir con las tareas propias del padre en esas circunstancias: inscribir a la criatura en el Registro Civil y llevar a la madre con el bebé a casa tras recibir el alta en el hospital», relata.

    Aunque todas las veces se reservó las vacaciones para unirlas a esos tres días de permiso y así poder estar todo ese tiempo con la criatura y su madre, aún recuerda la desolación de la vuelta al trabajo justo cuando había empezado a conectar y disfrutar con el bebé. «Tenía la sensación de que nos habíamos embarcado juntos en una apasionante travesía pero que yo me bajaba del barco justo al iniciar la singladura, traicionando así el acuerdo tácito y el espíritu de equipo que nos había decidido a iniciar tan largo viaje».

    Estudió ingeniería superior y desde 1982, cuando empezó a trabajar en la empresa privada, experimentó, tal y como él mismo describe, «la permanente exigencia de dedicación sin límite a la compañía, exigencia externa, de las empresas hacia los trabajadores -particularmente a los hombres-, pero también interiorizada y agudizada por la socialización masculina, que pone el trabajo en el centro de la vida y el éxito en el trabajo casi como núcleo de la propia identidad».

    «Esa insaciable exigencia de dedicación mental y de tiempo para el trabajo, con reuniones cuyo comienzo se fijaban a las 6:00 de la tarde, y que tenían una duración indefinida, viajes frecuentes, fines de semana fuera de casa para hacer ejercicios de “team building” o para poner a punto propuestas o proyectos que había que presentar el lunes, llamadas de madrugada desde el otro lado del Atlántico, etc., etc., con la consiguiente desatención y falta de tiempo para la vida personal y familiar, me llevaron a un punto en el que sentí claramente que estaba perdiendo el hilo de la vida de mis hijos y, con ello, el hilo de mi propia vida también», recuerda.

    Después de cambiar tres veces de empresa y dentro de las empresas a distintos puestos, con la esperanza de tener unas mejores condiciones de trabajo en cuanto a facilidades de conciliación, horarios racionales y jornada laboral limitada, llegó a la conclusión de que, al menos en la empresa privada, en el sector informático y en el nivel profesional en el que estaba, no existía un empleo que pudiera satisfacer sus demandas de conciliación. «Esto me llevó a tomar la decisión de olvidarme de mi carrera profesional en la empresa privada y prepararme para opositar a la Administración, a la edad de 42 años, en la esperanza de que las condiciones de trabajo de los funcionarios me permitieran alcanzar el tan anhelado equilibrio entre mi vida laboral, familiar y personal», relata.

    Y así fue. La decisión de presentarse a unas oposiciones en la Oficina Española de Patentes y Marcas, organismo dependiente del Ministerio de Industria en el que ingresó en el año 2000 y donde sigue trabajando en la actualidad, fue su apuesta personal y de pareja para intentar ganar calidad de vida y conciliación. «En la pareja hicimos el trato y la apuesta de que yo dedicaría un año o dos a estudiar por la tarde-noche cuando volviera del trabajo, mientras ella se hacía cargo al 100% de los niños y la casa, para conseguir yo un empleo que me dejara tiempo libre para compartir todas esas tareas con ella. La apuesta nos salió bien y la verdad es que gracias al estímulo, la generosidad y el esfuerzo de mi mujer, mi y nuestra calidad de vida, y mi involucración en el cuidado y disfrute de nuestros hijos mejoró sustancialmente».

    Conforme sus hijos se hicieron mayores, empezó a participar en la PPIINA (Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción), una asociación que persigue la equiparación del actual permiso de paternidad de dos semanas con el de maternidad, que es de 16 semanas, de manera que estos permisos se conviertan en un derecho individual e intransferible. Mariano también está convencido de que «si los hombres empezamos a ausentarnos de las empresas el mismo tiempo que las mujeres para cuidar de nuestros hijos e hijas, porque tengamos el mismo permiso intransferible, las empresas dejarán de ver a cualquier mujer en edad de procrear como mano de obra “menos disponible” y se reducirán las discriminaciones en la contratación y en la promoción profesional que sufren ellas».

    Las investigaciones, termina, «demuestran que si a los hombres se nos da la oportunidad de cuidar de nuestros bebés desde el primer momento, por una buena temporada, no solo nos ponemos a ello y aprendemos rápidamente, sino que podemos establecer un vínculo con la criatura tan estrecho como el de la madre, el cual permanece después a lo largo de todos los años de crianza y de educación, y que redunda en un desarrollo más saludable del hijo/a y en beneficio de toda la familia. Sin la Administración no hay conciliación».