I. Permuy
Familia

«Hay que fortalecer la figura del padre cuidador y lo gratificante que es»

Sem, padre de dos hijos, disfruta de una reducción de jornada aunque asegura que «cuando tus niños se convierten en una prioridad, el tiempo siempre es escaso»

Actualizado:

A sus 39 años, Sem Campón reconoce que cuando el reloj biológico de su mujer, dos años mayor que él, le marcó la hora de hablar de hijos, él no estaba muy por la labor. Dejó pasar el tiempo y en 2013 nació su primera hija, que hoy tiene 3 años y medio.

En aquel momento, ambos estaban trabajando. María se cogió su baja de maternidad y lactancia a la que sumó sus vacaciones de verano. Sem no quiso ser menos. Rascó de donde pudo para tener todo el tiempo posible para estar con su niña: dos semanas que les correspondían de baja por paternidad más tres semanas de vacaciones, ya que ese verano no se cogió ningún día. Pero aún hay más. Cuando María finalizó todos sus días de permiso, él se cogió la semana que le quedaba de vacaciones. «Fue una experiencia increíble poder estar con mi hija porque aunque digan que los bebés no hacen nada, cada día descubres algo nuevo. Me sentía un padre realizado».

Sem tiene ahora otro bebé de dos meses. Y ha repetido la jugada de unir vacaciones a las cuatro semanas del permiso de paternidad actual. «Cuatro semanas es un avance, pero sigue siendo un parche. Lo mínimo que deberíamos tener son 16 semanas intransferibles. Habrá hombres a los que les parezca una eternidad, incluso dos semanas, pero cuando tus hijos se convierten en una prioridad, el tiempo siempre es escaso».

Tanto han pasado a ser el centro de su vida que ha creado su propio blog de paternidad (yyoconestasbarbas.wordpress.com) y decidió hace dos años pedir una reducción de jornada. Ahora sale a las tres para poder llegar a las cuatro y media a por la mayor al colegio. «Es una carrera de fondo. Muchos días casi ni como, pero me compensa».

Confiesa que hace falta fortalecer la figura del padre-cuidador. «El hecho de que se impliquen en la crianza de sus bebés a través de un permiso de paternidad (o más allá), permite que ganen confianza, que conozcan de primera mano ese ámbito a veces tan desconocido que es su propia familia, tanto sus necesidades reales y el esfuerzo como las gratificaciones que conlleva satisfacerlas. Creará y reforzará vínculos. Comprenderá y tendrá una visión mucho más global y acertada de lo que es su propia familia y lo que implica la importancia de su apoyo y su presencia en el funcionamiento integral de la misma. Además, les permite crecer como persona».

Considera que es fundamental que los hombres, los padres, «entren de una vez en el ámbito de los cuidados, del hogar, como parte de ese proceso transformador que necesitan para poder alcanzar y afianzar el equilibrio tan necesario en el hogar, que permitirá que ambas partes, madre y padre, puedan jugar en igualdad de fuerzas en cada uno de los ámbitos en que se mueven: laboral, familiar, afectivo».

Añade que, por lo general, ambos (madre y padre) trabajan fuera de casa, «pero parece que por mandato divino o por obra y gracia de la evolución, el peso de los cuidados y las tareas del hogar sigue cayendo también del lado de la madre. No debe ser así, se trata de un trabajo en común, igual que la decisión de haber tenido un bebé», concluye.