Mónica (izda.) y Charo, copropietarias de un negocio familiar, acudieron a mediación con ATYME
Mónica (izda.) y Charo, copropietarias de un negocio familiar, acudieron a mediación con ATYME - ISABEL PERMUY
EMPRESA FAMILIAR

«Se equivocan los que piensan que la mediación es para gente sin recursos»

Este sistema de resolución de conflictos se está convirtiendo en una alternativa de éxito ante los procesos judiciales

MadridActualizado:

Se suele decir que el abuelo funda la empresa, los hijos la debilitan, y los nietos la liquidan pero, ¿hay que resignarse a ello? En un país donde el 90% del tejido empresarial está formado por empresas familiares (según datos del Instituto de la Empresa Familiar IEF) la cuestión no es baladí. Son 1,1 millones de negocios donde confluyen dos esferas de relaciones muy delicadas, que no siempre saben mantenerse adecuadamente separadas: las familiares y las propiamente empresariales.

Pero es precisamente la idiosincrasia de la empresa familiar, sea esta grande o pequeña, o se trate de una familia extensa o reducida, lo que la hace idónea para acudir a mediación», explica el notario y mediador Fernando Rodríguez Prieto, patrono de la Fundación Signum, especializada en la resolución alternativa de conflictos.

Reproducción de roles de la familia

Cada uno de estos mundos, prosigue Rodríguez Prieto, tiene sus propios códigos: «El fin último de la empresa es conseguir beneficios a través de una buena dirección, y una jerarquía basada en la cualificación de las personas, mientras que la familia está fundada en la afectividad, la confianza, y la ayuda mutua, presidida por un criterio básico de igualdad entre sus miembros, al menos dentro de cada generación».

Precisamente por estas particularidades, añade Trinidad Benal, directora de la Fundación Atyme (Atención y Mediación para el Cambio), a los problemas habituales de tener un negocio se suman los de reproducir, en muchos casos, los roles la familia. «Si en esta hay poco diálogo, es probable que en la empresa también haya escasez de comunicación entre la familia con respecto a los temas de organización o propiedad de la compañía. Si hay celos entre hermanos, estos se trasfieren al trabajo. Si por contra existe lo que se llama solidaridad familiar, veremos que con frecuencia se toman decisiones en la empresa que benefician a la familia pero que no son las más adecuadas para la empresa... y así hasta un largo etcétera», explica la directora de esta Fundación, que además este año cumple 25 años ofreciendo sus servicios de mediación.

En el caso de Charo y Mónica, el conflicto a la hora de la toma de decisiones y de comunicación era total. Heredaron una gran empresa familiar con muchos empleados al borde del cierre. La primera se puso al frente de la misma, mientras que la segunda siguió con su profesión de psicóloga. «Como las dos somos propietarias, yo la citaba en mi despacho o la llamaba para consultar una inversión, y notaba que ella se ponía muy nerviosa», relata Charo, quien tampoco sabía si en sus citas empezar preguntando por los hijos y cuñados o ir directamente al grano. Ellas acudieron a mediación con ATYME porque por encima de todo se querían y no estaban por la labor de perder su vínculo de hermanas. Sufrieron mucho durante el proceso pero gracias a los expertos mediadores de la Fundación, lograron encauzar la relación con éxito.

Opción a la vía judicial

Su testimonio es el vivo ejemplo de cómo la empresa familiar es una mezcla explosiva de sentimientos y de compromiso por el negocio que la hacen «idónea» para acudir a este sistema de resolución de conflictos, según los expertos. «La vía judicial, aunque pueda resolver puntos concretos, lo hará generalmente dando la razón a alguna de las partes sin satisfacer a las otras, aplicando criterios puramente jurídícos, en procesos largos y costosos en términos económicos y emocionales, que no solucionarán los problemas de fondo, y que pueden acabar con las relaciones familiares además de, casi con toda probabilidad, con las empresas afectadas en el medio y corto plazo», señalan desde la Fundación Notarial Signum.

La mediación, por contra, lucha por la conservación de los lazos afectivos y las ventajas de su adecuada utilización en la proyección de la empresa mediante las distintas técnicas utilizadas. «Saca a las partes enfrentadas de sus enroques para llevarlas a un diálogo productivo. Se trata —remarca— de crear un nuevo clima de confianza donde surgen soluciones colaborativas y todos ganan "win/win", que dicen los anglosajones», añade Rodríguez Prieto.

Es lo que ambos expertos coinciden en llamar «el milagro de la mediación», un sistema que en todos los casos se debería contemplar frente a la judicialización del conflicto. «Esta alternativa es la mejor inversión que se puede realizar para resolver una disputa pues, por un coste muy bajo, se puede llegar a solucionar las dificultades surgidas entre las partes», insiste Antonio Sánchez-Pedreño, presidente del Centro de Mediación Empresarial de la Cámara de Comercio de Madrid. De hecho, según datos del Banco Mundial y del Parlamento Europeo, el coste de los procesos de mediaciónsupone un 78% de ahorro en comparación con los procesos judiciales: Los procedimientos en tribunales suponen un gasto medio de 8.000 euros y los de mediación, tan solo 1.800. «Pero se equivocan los que piensan que este sistema es para gente sin recursos. Es, sencillamente, ideal para los que los que quieren intentar salvar tanto la familia como la empresa», matiza Mónica.

Nunca es tarde

Sin embargo, el desconocimiento y la desconfianza hacen que no se acuda a estos centros especializados. «Uno de los problemas que tenemos es poder difundir los casos de éxito que alcanzamos, porque los propios "medidos" son reacios a que sus historias salgan a la luz. Consideran que no es positivo que su empresa se vea manchada por un conflicto por un tema de reputación», comenta Rodríguez Prieto, quien además está seguro de que «casos públicamente conocidos y que causan tanto sufrimiento a la familia y a la empresa como son los de Cuétara o Eulen tendrían solución si acudieran a mediación. Por muy mal que estén las cosas, nunca es tarde. Es posible recuperar la empresa y las relaciones aunque estén sepultados por rencores, agravios o malentendidos de años. Un buen mediador puede abrir los ojos y las ventanas a todos los afectados y conseguir muchas cosas», concluye este notario de la Fundación Signum.