CRIANZA

Duelo: «A veces es recomendable ver a tu bebé muerto para despedirte»

Perder un hijo es una de las experiencias más duras que por las que pueden atravesar unos padres

Las psicólogas Natalia Valverde y Sabina del Río
Las psicólogas Natalia Valverde y Sabina del Río - ISABEL PERMUY

La muerte de un hijo es una de las experiencias más duras que por las que pueden atravesar unos padres, y cada persona vivirá su dolor de una manera. Este es uno de los temas tratados en «Ante todo Calma», el libro de las psicólogas perinatales Natalia Valverde y Sabina del Río, y uno de los capítulos que más les costó escribir. «Es algo tan doloroso, que no sabíamos qué hacer. Al final decidimos incluirlo porque consideramos que su lectura podía ayudar a las familias que han tenido que pasar por esta trágica experiencia».

—En ocasiones un embarazo no tiene un final feliz y el bebé muere, o bien en el momento del parto, o bien durante la gestación. ¿Cómo se pueden enfrentar unos padres a esta terrible situación?

—Es probable que la madre sienta que su vida ya no tiene sentido. Sin su hijo, ya nada es como la pareja había planeado, y para lo que se habían preparado: cómo iban a educarle, cómo iban a pasar las vacaciones de verano, la primera Navidad, los primeros meses de baja junto a él... Cuando se pierde un bebé se pierden muchas otras cosas, y esto es una realidad que casi nadie entenderá a su alrededor.

—Ustedes concretan en su obra que la mujer ante la pérdida «siente truncada su identidad como madre». ¿Qué quiere decir esto exactamente?

—Quiere decir que es muy difícil de entender para los demás que, aunque tu bebé ya no esté contigo, sigues sintiéndote «madre». La mujer lleva preparándose mucho tiempo para ello e, incluso, tiene las huellas físicas de haber parido, algo que se convierte en algo dolorosamente extraño cuando no tienes a tu bebé a tu lado. El hijo perdido ha dejado un vacío irremplazable, por más que los bienintencionados consejos de amigos y familiares se empeñen en negarlo diciendo que todavía hay tiempo. A veces se necesitan hasta años para aprender a vivir con ese vacío. Pero llegará un momento en que se encuentre un motivo para seguir adelante, sin sentir por ello que se traiciona a la memoria.

—Y la pareja, ¿en qué lugar se coloca en todo este doloroso proceso?

—Cada hombre y cada mujer van a llevar el duelo por la pérdida de su bebé de modos muy diferentes. Y eso puede convertirse en un escenario de conflictos y grandes desencuentros. Mientras que las mujeres son más de llorar, hablar, y dar vueltas una y otra vez sobre lo mismo, recordar y exteriorizar su malestar, los hombres, por lo general, son más de estar a solas, recogidos, y sin muchas ganas de hacer nada. Por contra, otros entran en un frenesí de actividad como mecanismo para no pensar y no dejarse llevar por la tristeza, para evitar sentir el dolor.

—¿Cómo se debería realizar el duelo? ¿Qué errores se cometen más a menudo?

—El manejo del duelo no se suele realizar bien. Antes la corriente general era decir «que te olvides, que te olvides». Se quitaban de la vista las cosas de bebé, se quemaban las ecografías, y aquí no ha pasado nada, como si la mujer no hubiera estado embarazada. Incluso se llega a recomendar un nuevo embarazo cuanto antes. Ahora vamos en la línea de que, para hacer un duelo normal (porque duelo va a haber y es el que es), hay que llorar la pérdida de ese hijo. De hecho, a veces es recomendable ver a tu bebé muerto para despedirte. Lo que es seguro es que esta situación la tenemos que contener entre todos.

—Pero por lo normal, las personas que rodean a esa mujer no saben qué decir.

—Si es duro perder un hijo, es duro también acompañar en esa experiencia a un ser querido. Al propio dolor de la pérdida (porque iba a ser tu sobrino, tu nieto, tu ahijado) hay que unirle la tristeza que sientes por tu hija, hermana o amiga, a la que no sabes cómo consolar. Lo más normal es sentir una gran impotencia por saber que, hagas lo que hagas, y digas lo que digas, no vas a conseguir que se sienta bien, ya que lo único que podría sacarla de ese estado en el que está sería devolverle a su bebé. Probablemente se tengan dudas de sí llamar o no llamar, de si estar con ellos, o de dejarles solos, de no volver a nombrar el bebé para no ponerles tristes o, por contra, de darles pie a que se desahoguen. Lo normal es que el ser humano no le guste escuchar, oír llorar, o ver sufrir. Pero hace falta tiempo. Tenemos que pensar que puede ser un periodo de meses, un año, en el que la mujer tiene que ir dando poco a poco sus pasitos.

—Parece más efectivo no eludir del tema.

—No se habla de los hijos que se pierden porque es algo tan doloroso, que la sociedad lo ha silenciado. Pero precisamente porque es tan doloroso hay que hablar de ello. Nosotras aprendimos una cosa de la carrera de Psicología, que es que lo peor del trauma es que no se puede nombrar. Si tu puedes hablar de algo ya no es algo traumático; es doloroso, es triste… pero no es un trauma. Hablar de las cosas nunca hace daño. A los hijos, a los hermanos, a los padres hay que hablarles de las cosas.

—¿Cuándo es bueno quedarse de nuevo en estado?

—Por parte de los profesionales ocurre lo mismo, muchos recomiendan tener un hijo, claro. Pero sobre todo que hay que darse un periodo de tiempo, para que ese bebé que se ha perdido no se vaya diluyendo y tenga su espacio. Nosotras siempre pensamos en la fecha de parto, en la fecha que salía de cuentas esa mujer. Esa fecha es una fecha importante, no te puedes quedar embarazada antes. Si pierdes un bebé en la semana 30 de gestación, hasta la semana 40 no te puedes quedar embarazada. Las mujeres, algunas se quedan embarazadas muy rápido. Si lo pierdes de 20, en la 30 ya quieren quedarse embarazadas. Pero es un embarazo psicológico de alguna manera. Creemos que hay que respetar cuando ese niño nacería.

Y los ginecólogos muchas veces siguen alentando el «quédate ya». Otras mujeres tienen otro bebé, y le ponen el mismo nombre. Eso tampoco lo aconsejamos. Es otra personita… Este tema resulta muy interesante, porque se puede hacer mucho con un buen trato para que el duelo sea normal, y sobre todo para que en los futuros embarazos la mujer no lo pase tan mal, no se angustie... Pero sobre todo, para que esos hijos que nacen después de un bebé que se ha perdido no tengan tanta carga del anterior. Se llaman bebés «Arcoiris», porque después de la tormenta llega el «Arcoiris», sale el sol… pero claro, tienen algo especial. Y es que son disintos.

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