«El desarrollo sexual y físico de los niños se produce bastante antes que el emocional»

Nora Rodríguez, pedagoga y escritora, explica en su último libro cómo hablar de sexo con los niños

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¿Están los niños informados sobre su propia sexualidad? ¿Son los padres capaces de transmitirles lo que deben saber en cada momento preciso? ¿Reciben demasiados mensajes equívocos? A estas preguntas y a muchas más responde la pedagoga y escritora Nora Rodríguez en su último libro «Atrévete a hablar de sexo con tu hijo» (Ediciones B, 2017).

¿Seguimos tratando el sexo y todo lo que lo rodea como un tabú?

Sí, absolutamente. Generalmente, cuando se habla de sexualidad con niños o preadolescentes, se pone el acento en el aparato reproductor y se obvia todo lo demás. En realidad, hoy en día sabemos que la sexualidad es mucho más y que necesitamos educar con una mirada de 360º. Es lógico que sea un tema tabú porque vivimos en una sociedad hipersexualizada donde se habla de sexo hasta para vender un helado a las 4 de la tarde. Los niños y los adolescentes reciben tanta información sobre la sexualidad y sobre la suya propia que tenemos que darle la vuelta. Los padres hoy en día no tienen muy claro como hablar con los hijos. Aunque todo el tiempo se está hablando del tema, a la hora de detenerse a ver cómo se educa a los hijos para que se sientan bien con su propio cuerpo, para que sean felices, etc... en realidad no saben cómo hacerlo porque se siguen centrando solo en el aparato reproductor, en los genitales, en el acto sexual... pero la sexualidad es mucho más.

¿Y qué más tendrían que explicar los padres?

Hay que empezar a hablar mucho antes, cuando empieza a cambiar su cuerpo, explicarles que en su interior hay un montón de hormonas que se están poniendo en marcha para que el día de mañana tengan un aparato reproductor maduro. Hay que hablarles de las emociones y que en cada etapa evolutiva la sexualidad representa algo. Por ejemplo: la etapa de los 3 años es un buen momento para enseñarles lo que es la privacidad y empezar a prepararles para frenar todo lo que tiene que ver con el abuso sexual.

¿Los tres años no es un poco pronto?

A los 3 años los niños empiezan a desnudarse y vestirse solos, pero los adultos que ven que el pequeño se quita la ropa constantemente no hacen más que decirle ¡cómo te gusta estar desnudo! Se les trata como adultos. Porque vivimos en una sociedad en la que la mercadotecnia ha hecho creer que los niños son adultos. Y realmente hacen eso porque están jugando, no porque quieran mostrar su cuerpo. Los padres tienen que enseñarles a hacerlo donde deben. Hay que aprovechar todas las circunstancias para enseñar a los niños a amar su cuerpo y a asumirlo.

¿Se trata distinto a los niños que a las niñas cuando hablamos de sexualidad?

Sí, sin duda. Y esto se hace desde el nacimiento. Cuando la gente ve a un niña recién nacida siempre dice «qué bonita» mientras que si ve un chico lo que se resalta es que es fuerte. Todavía seguimos definiendo a los recién nacidos por estereotipos. Y cuando se llega a la adolescencia ya empiezan a querer modificar su cuerpo. En general a través del gimnasio, pero en el caso de las chicas pueden llegar a querer hacerlo a través de la cirugía...

¿Cómo se percibe el principio de la pubertad?

Las transformaciones físicas propias de uno de los momentos de transición más importantes de la infancia ocurren mucho antes de que los niños sean conscientes y mucho antes de que los padres vean los cambios: alrededor de los 7 años. Por ello, estos deberán entender desde el primer momento los grandes cambios que se están dando en la sexualidad de su hijo. El desarrollo sexual y físico se produce bastante antes que el emocional. Esta situación hay que llevarla de manera delicada para no llegar a la hipersexualización a la que la sociedad está llevando a nuestro niños y sobre todo, a las niñas, a las que se les está acelerando el desarrollo. Hoy en día oyes hablar a pequeñas de 8 años que se expresan como mujeres adultas. Están viviendo unos cambios de comportamiento que rozan la locura.

¿Influyen las redes sociales en estos comportamientos?

Los chicos socializan en mundos paralelos. Tienen demasiados informadores que no son los padres y que no les dan los datos correctos. Cada vez tienen más necesidad de sentir su cuerpo y se hacen más piercings y tatuajes. Las relaciones son cada vez más descorporizadas. Los padres tienen que tomar el testigo en este sentido y atajar a los informadores ajenos.

¿Pueden llevar las redes y los mensajes de televisión a comportamientos erróneos?

Sí, y hay que dejarles claro su posición con respecto al otro sexo, pues de esta manera se previene la violencia de género. Hoy en día se están dando muchos casos de chicas sumisas, chicas muy jóvenes que dejan que sus «novios» les marquen las normas. Para evitarlo hay que instruirles desde bebés. Hay que enseñar a los niños a marcar su espacio, a tener su intimidad. Y eso hay que hacerlo desde muy pronto. Una medida que hay que tomar desde bien pronto es que los padres no deben permitir que todo el mundo toque a sus bebés.

¿Cómo explicamos estos temas a los niños?

Se habla mucho de sexo y muy poco de sexualidad. Los padres y educadores focalizan en lo genital y no les permiten el desarrollo de su sexualidad. El cuerpo son sensaciones y hay que dejar que fluyan. Con la excusa de la comodidad y de la edad de los niños, se deja que muchas cosas las aprendan a su aire... y no se debe, porque hoy en día las redes ofrecen respuestas para todo y son muy peligrosas para el desarrollo de la identidad y la evolución de la personalidad del niño. Además, otro peligro que implican las redes es la proliferación de una falsa idea de cuerpo ideal, lo que hace que los adolescentes se destruyan a sí mismos por la imagen que tiene de su cuerpo.

¿Y cuándo les explicamos las nuevas sensaciones y cambios en su cuerpo?

La pubertad es la época ideal para explicar lo que están sintiendo. En los últimos años estamos viendo cómo los niños llegan antes a la adolescencia, a una pubertad prematura y tienen sus primeras experiencias sexuales con 12-13 años. Siempre hay que hablar con los hijos, explicarles las emociones, comprender sus reacciones.