Acoso escolar

«Los alumnos tienen que saber que comunicar un acoso no es chivarse, es un deber con sus compañeros»

Escuelas Católicas ha publicado una guía gratuita con toda la información necesaria para que los centros puedan prevenir y atajar este tipo de conductas

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El pasado jueves se daba a conocer la noticia de que la Policía Nacional detuvo en Alicante a nueve menores de edad por acosar en el colegio a una compañera de 16 años. La joven denunció ser objeto de burlas e insultos de forma habitual por parte de los detenidos, desprecios que se extendían a las redes sociales en las que habían colgado fotografías suyas con comentarios obscenos. Las vejaciones afectaron a la salud y al rendimiento escolar de la menor, según los agentes policiales que procedieron a la detención de los nueve jóvenes por un delito contra la integridad moral, siendo cinco de ellos acusados, además, de un delito de abuso sexual.

Según apunta a ABC la inspectora jefa del Cuerpo Nacional de Polícía, Inmaculada Leis, el acoso «es un grave problema que impide el normal desarrollo de los jóvenes porque implica consecuencias nefastas para la víctima, pero también para el acosador porque, si no se toman las medidas pertinentes, en la edad adulta también será un acosador».

Más allá de una regañina

Explica que muchos estudiantes creen que por acosar no les va a pasar nada más allá de una regañina familiar o por parte de los docentes si les pillan. Nada más lejos de la realidad. «Esa creencia es falsa –advierte–. Los menores de 14 años no son imputables, pero tienen responsabilidades civiles. Aunque no van a la cárcel pueden ingresar en un internado, un centro de tratamiento psicológico o centros de tutela..., según determine en cada caso el fiscal. Por eso, dadas las circustancias, es positivo que puedan ver en los medios de comunicación casos como el de la semana pasada, en el que nueve menores fueron detenidos por la Polícía».

Escasez de recursos

La inspectora jefa del Cuerpo Nacional de Polícía añade que la educación de los chicos en este asunto debe ir de la mano de profesores y padres a un 50%. «El problema –añade– es que en los centros de formación faltan aún recursos para que los docentes sepan cómo detectar el acoso, distinguirlo de otro tipo de situaciones o conflictos, prevenirlo, cómo actuar, resolverlo... Aún así, ya se están haciendo esfuerzos para dotar de estas herramientas, tal y como pretende el Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad en los Centros Educativos y sus Entornos, puesto en marcha por la Dirección General de la Polícia».

En un intento por dar mayor impulso a la prevención, Inmaculada Leis participó ayer en la presentación de la nueva «Guía para actuar en caso de Acoso Escolar» publicada por Escuelas Católicas, entidad que cuenta con el apoyo de la Policía Nacional y de la Fundación Anar. José María Alvira, secretario general de Escuelas Católicas, asegura que el principal valor añadido de esta guía gratuita, en la que han trabajado durante dos años, es que se aborda el acoso de forma global desde varias vertientes: jurídica, pedagógica, pastoral y de comunicación. «Hemos unificado todo el material existente, que hasta el momento se ofrecía de forma dispersa, con el objetivo de que sirva de orientación en todos los colegios –católicos, laicos, públicos, privados, concertados...– de nuestro país. En sus páginas se incluye una información detallada de cómo actuar cuando hay una sospecha y el protocolo a seguir con víctima y acosador si hay una certeza pero, sobre todo, cómo se puede prevenir este tipo de comportamientos».

Mayor consciencia

No obstante, José María Alvira apunta que el acoso ha existido siempre en los centros escolares, «lo que ocurre es que ahora hay mayor consciencia social de este problema y de que no se puede tolerar, por lo que hay que actuar en consecuencia para tomarlo en serio». Para ello, asegura que docentes y familias deben ir de la mano, «algo que no siempre sucede porque para los padres es muy difícil asimilar que su hijo acosa a otro alumno. No quieren aceptar esta realidad».

Añade que otro de los problemas es el silencio de muchos estudiantes que son testigos de estos abusos. Insiste en que es imprescindible que en los colegios se explique a los alumnos que comunicar una conducta de acoso «no es chivarse, es un deber que tienen con sus compañeros». No obstante, si es un profesional del colegio quien percibe una sospecha se debe comunicar igualmente al director del centro en un plazo no superior a 24 horas, según recomienda esta guía. De este modo, la dirección convocará una reunión urgente con el orientado y el tutor para evaluar los hechos.

Del mismo modo, se procederá a que los responsables del centro docente mantengan una entrevista con acosador, víctima y resto de alumnos implicados sin presencia de los padres para que las conversaciones sean más espontáneas y en un entorno de mayor confianza, aunque jurídicamente es necesario informar a los padres por si desean asistir.

Esta manual recomienda diseñar previamente –nunca improvisar– las preguntas que se vayan a realizar y que deberán ir orientadas a determinar los hechos, el autor u autores, si hubo testigos... Nunca coaccionar, anticipar valoraciones, ni someter a las personas a un interrogatorio que pueda dificultar una gestión pacífica.

Escuchar a las partes

El secretario general de Escuelas Católicas apunta que hay que escuchar siempre tanto a la víctima como al acosador y detectar el origen del problema y si este comportamiento responde a que el agresor mantiene una situación conflictiva en casa. Para ello, antes de las entrevistas debe haber una preparación por parte de la persona encargada de realizarlas, tanto en la forma como en el contenido.

Tras realizar las preguntas oportunas se debe realizar un informe que indique cuestiones cómo el tipo de maltrato, su periodicidad, dónde se produjo... y convocar una nueva reunión con el equipo directivo del centro, el orientador y el tutor con el objetivo de realizar un disgnóstico definitivo de los hechos.

Si finalmente se confirma que ha habido acoso, las sanciones dependerán de la gravedad del suceso y de la duración en el tiempo. «Puede abarcar desde apartar al agresor del centro por unos días hasta obligarle a que realice servicios sociales a la comunidad. Lo que en ningún caso se debe hacer es forzar que víctima y acosador sean amigos, aunque sí se debe hacer un esfuerzo por crear el clima escolar adecuado para que haya un ambiente favorable», concluye.

Indicadores en las supuestas víctimas

Estos indicadores pueden ser de corte físico, psicológico, emocional, de rendimiento y de vida social escolar:

—Ansiedad: sudoración, tartamudeo, dolor de cabeza, molestias abdominales o dolencias inespecíficas.

—Hostilidad/Irritabilidad: expresiones de rabia, ira y enfado hacia otros o hacia sí mismo, o incumplimiento de normas.

—Violencia: conductas de agresión a los compañeros, profesores o a sí mismos.

—Angustia: sensación de miedo sin objeto concreto, que se expresa a través de inhibiciones.

—Tristeza: oscila entre el llanto y la indiferencia.

—Bloqueo: pérdida de confianza y autoestima, lo que puede llevar a no ser capaz de relacionarse con normalidad con los otros.

—Cambios físicos: dolores de cabeza, mareos, vómitos sin motivos aparentes, moratones o heridas en el cuerpo o en el rostro, etc.

—No participación en las actividades del aula: el alumno se muestra nervioso o intimidado, o bien cuando participa se oyen risas o burlas.

—Retraimiento y aislamiento del grupo de iguales: salir solo de clase (el último o el primero), preferir trabajar solo y no relacionarse con los compañeros, ser excluido de conversaciones o ignorado.

—Desconcentración: descenso de la atención y concentración en las tareas y el aula.

—Reducción del rendimiento académico. Emociones o comportamientos no habituales.

—Desinterés: escaso interés por lo que sucede en el mundo exterior.

—Absentismo: resistencia a la ir a la escuela, no acudir o llegar tarde.

—Aislamiento: no desear seguir participando en determinadas actividades o servicios escolares sin motivo justificado.

—Pédida o deterioro habitual de material escolar o de algunas prendas de ropa con las que acude al centro.

—En redes sociales: oculta lo que está haciendo en el ordenador si nos acercamos; recibe llamadas o mensajes de texto al móvil que le ponen nervioso; tiene cambios bruscos de humor al mirar el móvil, correo electrónico, chats, redes, etc.; no explica nada de lo que hace mientras usa Internet; se asusta fácilmente si le decimos que tiene mensajes; se le excluye de redes sociales compartidas por todos los miembros del aula...

Indicadores para identificar alumnos potencialmente agresores

—Estética radical y elementos en la indumentaria que simbolizan odio hacia determinadas minorías.

—Comportamientos agresivos con su familia.

—Prácticas de crianza inadecuadas, autoritarias o negligentes.

—Maltrato intrafamiliar.

—Ausencia de empatía. No percibe el dolor ajeno.

—Falta de respeto a los derechos de los demás.

—Episodios de agresiones o insultos a otros compañeros (pone motes que aluden al origen étnico, cultural, discapacidad, etc.).

—Historial delictivo o pertenencia a organizaciones radicales racistas y xenófobas (a veces la policía alerta a los centros de la situación).

—Egocentrismo y actitud dominante.

—Impaciencia, impulsividad.

—Insatisfacción, enfados frecuentes.

—Falta de motivación, fracaso escolar.

—Consumo de alcohol y drogas.