Tania García
Tania García

Día de los Abuelos«Si los abuelos aportan apoyo, empatía, respeto, amor, confianza... ¡que malcríen lo que quieran!»

Tania García, fundadora de Edurespeta, defiende que los abuelos juegan un papel más importante de lo que parece

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Tania García, educadora experta en educación respetuosa, asesora familiar, escritora y fundadora de Edurespeta, está convencida de que los abuelos juegan en la familia un papel mucho más importante de los que parece y que cuando nuestros padres se convierten en abuelos es una etapa nueva para todos. «Un periodo, no obstante, que forma parte del ciclo de la vida y que tanto ellos como nosotros vivimos con mucha ilusión».

Sin embargo, a veces aparecen contradicciones en esa nueva relación puesto que hay padres que quieren que los abuelos ejerzan como «canguros», pero les limitan su capacidad de educar a los nietos. ¿Cómo abordarlo?

Debido al ritmo frenético al que la sociedad nos apremia a vivir, muchos padres se ven obligados a depender de los abuelos y dejar a sus hijos al cuidado de los mismos. Obligados porque lo ideal para los hijos y para los padres es siempre estar juntos el mayor tiempo posible.

Los abuelos, por tanto, no son los padres de sus nietos: son sus abuelos. Por ello no deben educarlos, deben cuidarlos desde el respeto, con amor, protección y apoyo. Sin juicios ni etiquetas, sin comparaciones ni favoritismos.

Es muy importante tener en cuenta que, aunque los abuelos nos echen una mano, no podemos abusar de ellos. Les debemos quitar responsabilidades y obligaciones, mandos y autoridades… y centrarnos en esa ayuda que nos aportan y en el acompañamiento emocional que les dan a nuestros hijos cuando nosotros no estamos.

Hay que mantener una comunicación abierta y positiva con ellos sobre los nietos, de padres a padres, con una actitud serena y dialogante, sencilla y amable, sin discusiones ni malas maneras, con la que demos ejemplo a nuestros hijos del tipo de relación que queremos tener en el presente y que en el futuro tendremos, cuando todos hayamos dejado de ser niños. Poner, por tanto, en común, los aspectos que necesitan nuestros hijos con total confianza y respeto.

Ahora que somos padres, y nuestros padres, abuelos (y ya nos hemos encargado de ser felices en la medida de lo posible en nuestras propias vidas), debemos centrarnos en la felicidad de nuestros hijos, sus nietos, sin que ninguno de los protagonistas se sienta invadido emocionalmente.

¿En qué medida pueden «perjudicar» los abuelos la educación de sus hijos?

Destacaría dos aspectos importantes: por un lado, perjudica claramente a los niños el hecho de que los abuelos ejerzan un papel que no es el que les toca. Los abuelos ya son padres, y no de sus nietos. A veces, son los mismos abuelos los que caen erróneamente en este rol, y muchas otras son los padres los que se acomodan, convirtiéndose, de este modo, en hermanos de sus hijos, en vez de en padres. Todos debemos trabajar por tener el papel que nos toca, ya que los abuelos no sustituyen a los padres en ningún caso.

Por otro lado, es nefasto para los niños que sus abuelos se relacionen con ellos mediante gritos, castigos, chantajes emocionales y demás faltas de respeto. Es importante que su relación se base en el amor incondicional, la empatía y el apoyo. Tres características esenciales que necesitamos los seres humanos para alimentar y afianzar nuestra buena autoestima, la seguridad en nosotros mismos y la felicidad en nuestras vidas. Como padres de nuestros hijos debemos ayudar en esta transición y mejoría a los abuelos, sin caer en la justificación fácil de «no sabe de otra forma, así me educó a mí»... porque los abuelos son conscientes de que el mundo evoluciona a pasos agigantados, y dentro de su corazón están dispuestos a cambiar. Solo necesitan herramientas sencillas y ser guiados por sus propios hijos (no hay nadie mejor para hacerlo).

¿Deben los padres pactar con ellos en qué aspectos no deben influir sobre los niños?

Tanto por el bien de los nietos como por el bien de los abuelos, en lo que concierne a su relación, estos deben dedicarse exclusivamente a cuidar y a acompañar emocionalmente a sus nietos; no tienen que intentar modificar la personalidad de los niños porque crean que deben ser de otra manera, ni cambiar actitudes a la fuerza, o exigirles más de lo que pueden y deben como niños. Los límites, por tanto, siempre los ponen los padres.

Bien es cierto que podemos ser flexibles en cosas sin relevancia que sí se puedan «compartir», que sean del día a día y que no atenten nunca contra la seguridad, salud y/o bienestar físico y emocional de nuestros hijos.

En cosas en las que sabemos firmemente cómo se tienen que hacer (y es de un modo muy diferente al cómo lo harían nuestros padres), simplemente, lo hablaremos con la mano en el corazón y el máximo respeto: «Mamá, papá, entiendo que en la época en la que nos criastéis a mis hermanos y a mí esto se hiciera de este modo. Ahora, sin saber todavía si me equivocaré o no, me toca a mí tomar las decisiones sobre la vida de mis hijos y, como sé que sabéis todo lo que se quiere a un hijo, estoy segura de que me entenderéis y respetaréis mis decisiones. Gracias por ayudarnos y colaborar en su educación».

¿Cuáles son los aspectos más positivos que pueden adquirir los pequeños de la convivencia con sus abuelos?

Tener un abuelo que te ama, te protege y te cuida es revelador para cualquier niño; los abuelos no son meros «canguros», sino que su papel, aun no siendo el de educador de los nietos, es crucial en la vida de los pequeños.

Los abuelos aportan las primeras sociabilizaciones con personas adultas, las primeras relaciones más allá de sus padres y/o hermanos, y transmiten valores e ideas emocionales y sociales.

Los niños a los que sus abuelos les acompañan y se interesan por su bienestar, ya sea físicamente o por contacto telefónico si están lejos, se ven rodeados por apoyo y cariño, se tornan compañeros de confidencias, de afectividad y de juego. Un clima de confianza que refuerza la personalidad de nuestros hijos y que los acompañará durante toda su vida.

¿Qué aspectos pueden enseñar los abuelos más allá de los que enseñan los padres a los niños?

Pueden enseñarles que precisamente a un hijo es lo que más se ama, pase lo que pase y esté donde esté. Por otro lado, les descubren la historia familiar. A través de ellos, nuestros hijos se fascinan al saber cómo éramos en nuestra infancia y se establece una mayor conexión, tanto con los abuelos como con sus padres. La empatía hacia unos y otros surge mágicamente a través de esta relación. Se encargan de unir generaciones.

También, los niños integran algo importante, y es que el futuro existe, la vida continúa; el hacerse mayor, mucho más que tus padres, se hace realidad y ven que un futuro lleno de posibilidades es posible.

Hay abuelos que dicen que ellos ya han educado a sus hijos y que hoy es el momento de «malcriar a los nietos». ¿Qué hay de bueno y malo en esta actitud?

Esto depende siempre de lo que se entienda por «malcriar». Malcriar significa en realidad «no dar amor». Si los abuelos aportan apoyo, presencia (física o emocional), empatía, respeto, escucha de sus necesidades, juego, confianza, cariño, amor incondicional… que malcríen todo lo que quieran y más.

Para los abuelos, tener nietos es una oportunidad para crecer como personas, un momento de sus vidas en el que pueden reparar los errores que tal vez cometieron con sus propios hijos (aunque lo hicieron como buenamente supieron y pudieron), ya que nunca es tarde para «curar heridas», unir lazos, y convertirse en guías y consejeros de vida de sus nietos, siempre teniendo en cuenta que su papel es el de abuelos, no el de padres.

¿Está valorada la figura de los abuelos?

Hay que valorarlos más. Juegan un papel muy importante en el desarrollo afectivo de nuestros hijos… Hay que aceptar siempre cómo fueron y cómo son, y agradecer a la vida porque los tenemos o física o emocionalmente, son parte de nuestras vidas y, por ende, de las de nuestros hijos.

No obstante, los abuelos, han vivido muchas cosas en su vida y, por norma general, aprenden a valorar lo realmente importante en ella: el tiempo juntos, el contacto, el estar ahí siempre… En definitiva, la maravilla de amarse porque es lo único que queda en la vida, solo recuerdos y el amor de verdad. No importa lo lejos o cerca que estén, solo importa amarlos sin condición y así demostrárselo a cada uno de sus nietos.

¿Y explotada?

Depende de en qué familias, pero sí que es verdad que hay veces en las que se abusa de los abuelos. La base siempre está en encontrar el equilibrio entre lo que necesitan nuestros hijos, lo que demandan los abuelos y nosotros mismos. No debemos ser egoístas (ninguna de las partes) y debemos potenciar una relación que se apoye prioritariamente en el respeto. Si esto se lleva a cabo así, nadie se siente explotado ni lo está, y la simbiosis entre abuelos y nietos es tan mágica que, cuando ya no están, los recordamos siempre. Dejan una huella imborrable en nuestra personalidad y en nuestro ser.

Recordar la magia y el amor es vivir… Y eso es lo que deben ofrecerse mutuamente los abuelos y sus nietos.