ÓSCAR DEL POZO

«Lo importante es dejar en este mundo hijos limpios, majos, educados, leales… No qué mundo vamos a dejar nosotros»

Leopoldo Abadía habla de educación y familia en su último libro «Abuelos al borde de un ataque de nervios»

MADRIDActualizado:

El mismo día de su 59 aniversario de boda, Leopoldo Abadía se encontraba la semana pasada en Madrid, dando una conferencia en el marco del Festival de Comunicación de El Chupete 2017, y hablando de su último libro, que lleva por título «Abuelos al borde de un ataque de nietos» (Espasa). Cincuenta y nueva años junto a su mujer, y cuarenta y ocho nietos. «Es decir, que uno de cada millón de españoles, es nieto suyo», bromea Rodrigo Ron, fundador del Festival, al comienzo de la entrevista. «Sí, tengo muchos, y las preguntas sobre ellos que me están haciendo durante la promoción de este libro son rarísimas», apunta, también entre risas. ¿Por ejemplo? «La primera es: ¿Sabe usted cómo se llaman todos sus nietos? Respuesta: Sí. ¿Alguno tiene el nombre repetido? Respuesta: Sí. ¿Disfruta usted de los nietos? Respuesta bien tajante: No. No disfruto de los nietos. Esta es la situación», reconoce.

El título tiene que ver precisamente con ese inevitable choque generacional, y en cómo Abadía, con esa visión tan suya de la vida, lo aborda. «También me preguntan que cómo me llevo con los nietos. De acuerdo. Con 48 nietos, y la mujer del mayor —que la considero nieta también—, en realidad son 49. De hecho, hemos casado al mayor y hemos bautizado al pequeño. Por tanto, con uno hablo y el otro se me hace pis encima. ¡Mi relación con este último es la menor posible!», advierte. «Mi hijo mayor, que es el segundo, se fue a México a trabajar y se llevó a 7 de sus hijos, dejándome a tres en casa. Es decir, que podemos decir que "he tenido tres hijos últimamente". Con estos la relación es muy agradable. Me cuentan todo. Es formidable. Mi mujer y yo sonreímos, nos sentamos a escucharles y… En confianza, no les entiendo casi nada de lo que me cuentan. Son 48 personas muy distintas y variadas».

Sobre las redes sociales

Con tantos niños y nietos nativos digitales alrededor, ¿cuál es la opinión de Abadía sobre el mundo de las redes sociales, al que él mismo ha llegado tarde pero con una inusitada fuerza? «Tampoco entiendo nada, pero me parecen fabulosas. El otro día estaba en un taxi en Zaragoza cuando el taxista, totalmente en serio, me preguntó: ¿vamos por Independencia o por Constitución… ? Sin pensarlo, le dije "quizá mejor por Constitución". Ya está. Lo conté en mi Twitter y sin querer, me convertí oficialmente en el gracioso del día en las redes sociales», recuerda. «Mis nietos —prosigue Abadía—, eso lo dominan fenomenal. Yo quiero escanear un documento y llevo semanas escaneando. Hemos llamado a un nieto, ahora tengo que llamar a otro…».

Para Abadía, el asunto de los «followers» se resume en la anécdota: «El otro día en una comida con otros autores de mi editorial, muy majos ellos, me sentaron en una mesa con youtubers. Que si uno tenía 180.000 seguidores, otro 40.000... Al final acabe pidiendo por señas que me cambiaran de mesa». Las redes sociales, concluye, «pueden ser maravillosas. Pero lo que es importante que los que comen contigo no estén mandando mensajes. Eso hay que cuidarlo. Que durante la comida se dejen los teléfonos en una cesta, como se hacía con los revólveres en el Oeste, no es mala idea».

La comunicación con los hijos

Lo que no hay que admitir, añade, «es que un niño esté comiendo contigo y mirando otra cosa. La TV se ve en familia, pero mientras comemos, por supuesto que nada de móvil. Si no tienes adminículos, algo se te ocurrirá para hablar. Ya sé que a veces papá y mamá llegan cansados a casa y no se les ocurre tema de conversación... en ese caso habrá que preparárselo. Una cosa que hay que conseguir es que los chavales te cuenten cosas, que por otra parte suele ser cuando a ellos les apetece, no cuando a ti te apetece», apunta.

Desde su experiencia con youtubers, nietos... ¿Qué cosas entiende Leopoldo Abadía que son buenas, y qué cosas echa en falta? «Muchas veces le pregunto a mi mujer si éramos así, y me responde que sí. Pero creo que nosotros éramos austeros. Hombre, claro. En teléfono móvil no gastaba nada, porque no se había inventado. En TV tampoco, pues no había. En gasolina nada, coche no tenía. Es verdad que ahora es más difícil. Me parece que los chavales, la juventud, tiene cosas buenas y malas, pero como las hemos tenido siempre todos».

Y aclara: «Hay cosas que no hacíamos nosotros, por ejemplo, el tema del voluntariado. Tengo una nieta que acaba de pasar un mes en Tánger atendiendo a gente, y que ahora está en Santa Marta. Te manda fotos y te preguntas: ¿pero esta cría donde está? Eso es una cosa muy buena», remarca. Otra es, señala, que «se manejan por el mundo fenomenal. Nosotros íbamos a Hendaya y decías "he ido a Francia". Y volvías a casa corriendo. Sin embargo ahora mis nietos no paran. Tengo uno por ejemplo que este año es la segunda vez que asiste a una boda en Washington D. C., y no tiene dos reales. Como soy muy mayor ya solo voy en business, con lo cual no voy a Washington». «Tienen una movilidad y un dominio del mundo que no teníamos nosotros», concluye.

También alaba su experiencia laboral. Pero cuidado. En sus charlas a empresas en una escuela de negocios de la cual no dice el nombre pero en la que ha trabajado durante 31 años, suele advertir que se preparen, que vienen los millenials, «que son unos chicos que suelen exigen una estructura menos piramidal pero... ¿Estos niños qué van a exigir? Si al llegar dicen: «"Buenos días, exijo tal…" Hay que decirles: "Vete, que pase el siguiente millenial"», recomienda. La cuestión, sugiere, es que «hay que educarlos bien, pero claro, son niños que van a escuelas millenials con profesores millenials... Como les digo a mis nietos, lo único que tienen que hacer cuando les contraten es preguntar ¿a qué hora hay que entrar? ¿a qué hora hay que salir? y ¿cuantas pagas? Y cuando vayas subiendo de millenial, ya harás una estructura millenial. Ahora cállate y no seas bobo».

La educación a los hijos

Otra de las cosas que le preguntan a menudo en las conferencias, recuerda, es ¿qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos? «Me costaba responder. Hasta que encontré la respuesta: Lo importante es qué hijos vamos a dejar en este mundo.Vas al mar, y es una maravilla, a la montaña, y es una maravilla... Lo que hay que dejar es hijos limpios, majos, educados, leales… No crápulas, falsos, mentirosos o trepas que van a lo suyo. Los hijos que vamos a dejar en este mundo dependen de ti, si les educas bien, será una maravilla, sino un desastre».

Abadía, por su parte, no se ocupa nada de ellos. «Puede haber un nieto al que no veo hace dos meses. Tenemos en la habitación la foto de todos. M mujer cambia de vez en cuando las fotos y yo le pregunto: ¿quién es este tío? Tengo un amigo que tiene un nieto. Cuando le propongo desayunar me contesta: Tengo nieto. Lo que significa que no podemos vernos. Cuando nos vemos, en seguida me enseña la foto del nieto. ¿Como voy a enseñar yo la foto de los 48? No me ocupo de ellos, pero les quiero mucho. Es que físicamente no puedo. Y gracias a Dios tengo mucho trabajo».

Sin embargo, ellos le adoran. «Los nietos sí que me admiran. Me dicen ¿tú eres famoso, verdad? Sí». Lo que le lleva a reflexionar que «en España hay dos clases sociales, los que salen en TV y el periódico y los que no. Es lo más que te puede pasar en España. Y ya si sales en TV y en el periódico, la monda. Si sales en la contra de un diario es como tener un título de Harvard. De verdad, no disfruto de los nietos no porque no quiera, hablo un poco con ellos, alguna vez les invito a merendar... Les quiero mucho, pero punto».